En Madrid hay lugares que tardan años en consolidarse, y otros que lo consiguen en cuestión de semanas. 61. pertenece a esta última categoría: en muy poco tiempo ya se ha convertido en el nuevo imprescindible de la capital. El proyecto más íntimo y también el más ambicioso de Grupo Mosh no pretende sumarse a la escena nocturna madrileña, sino redibujarla desde dentro, a su propio ritmo, con sus propias reglas. Es un espacio pensado para quienes valoran la privacidad como un lujo verdadero y entienden la nocturnidad como un gesto casi ritual.
Por allí se han dejado ver actores como Arón Piper, Ester Expósito, Joel Sánchez, Lola Rodriguez, Marco Cáceres; cantantes como Daddy Yankee, Ozuna, Eladio Carrión, Lunay, Marina Reche; jugadores del Real Madrid como Vinicius Jr, Mbappé, Jude Bellingham, Rodrygo, Valverde, Carvajal, Asencio, Rüdiger, Arda Güler, Mendy, Lunin, Trent, Ceballos, entre otras muchas celebridades.
Diseñado por Archidom Studio, 61. transita entre restaurante, club y galería viva con una naturalidad estudiada. Su estética nace de la tensión controlada entre un romanticismo veneciano reinterpretado con sombras suaves, curvas, ornamentos mínimos y un brutalismo sobrio que aporta peso y presencia. El conjunto tiene algo de escena cuidadosamente preparada, como si Madrid revelara una versión más íntima de sí misma, contenida pero profundamente refinada.
La energía que acompaña al espacio tiene algo de secreto compartido. 61. no busca convertirse en el nuevo hotspot viral, su vocación es otra: atraer a quienes saben leer la atmósfera antes que la marca, a quienes encuentran belleza en la iluminación exacta o en la textura de un material trabajado con intención. La noche dentro del espacio avanza con una cadencia casi coreográfica, donde luz, música y aroma construyen un relato sensorial coherente y difícil de imitar.
En el centro de esa experiencia está la cocina de Franco Franceschini, chef ejecutivo del grupo, que presenta aquí una propuesta de producto elevada con un discurso propio. Hay algo honesto en sus brasas, en la manera en que cada plato respeta la materia prima y la lleva hacia una sofisticación que nunca es ostentosa. Las Costillitas Angus se han convertido en uno de esos bocados que justifican hablar del lugar; el Lenguado Meunière aporta equilibrio y delicadeza; y el Flan “Abuela Nelly” cierra la experiencia.
Pero 61. es también un ejercicio de metamorfosis. Lo que empieza como un restaurante envolvente evoluciona de forma orgánica hacia un club que late en otra frecuencia. La luz se densifica, la música se vuelve más física y el espacio muta, como si hubiera esperado la hora exacta para revelar su segunda identidad. No es un “después de cenar”: es una continuidad natural de la noche dentro de un mismo universo.
El arte es parte fundamental de su ADN. Las obras, una selección dinámica que se renueva cada seis meses, se integran en el espacio con una delicadeza casi museística. El vestuario diseñado por CASONÁ y la presencia de piezas de LOEWE reafirman la atención a los detalles, mientras una colaboración especial con Nike introduce un contrapunto contemporáneo que equilibra sensibilidad y modernidad con precisión.
Este proyecto marca un antes y un después en la expansión de Grupo Mosh, que trae a Madrid esa mezcla de sofisticación marbellí, energía hedonista y sensibilidad curatorial que ha definido sus espacios más emblemáticos. Y Madrid necesitaba un lugar así: un hotspot que no se comporta como hotspot. Un sitio exclusivo que se recomienda solo a las personas adecuadas, que vive de noche pero respira arte, gastronomía y diseño a partes iguales.
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