Hazte premium, solo 1€ al mes

HIGHXTAR Review | Análisis Milan Fashion Week 2026

Milan Fashion Week FW26 expone los límites del menswear: confort creativo, falta de riesgo y un sistema que evita hacerse preguntas.

HIGHXTAR Review | Análisis Milan Fashion Week 2026

La pregunta que abría las show notes de Prada ‘¿qué somos capaces de crear a partir de lo que ya conocemos?‘ podría leerse como el epígrafe involuntario de toda la Milano Fashion Week masculina FW26. No tanto por la respuesta que ensayó la casa, sino por todo lo que la semana dejó sin responder. Durante una semana extrañamente anémica, Milán pareció oscilar entre la comodidad de la repetición y una búsqueda de sentido todavía inmadura, incapaz de articularse como proyecto colectivo.

Es cierto que habrá que esperar a la semana femenina para tomar el pulso completo del fashion system. Pero el balance de este largo fin de semana masculino deja una sensación persistente: para muchas casas, el menswear continúa siendo un territorio de bajo riesgo, un laboratorio controlado donde se ensaya sin comprometer demasiado capital simbólico. Un espacio donde se juega a lo seguro. Con excepciones contadas, la moda masculina milanesa sigue evitando formularse una pregunta tan elemental como incómoda: ¿cómo se visten realmente los hombres hoy?

El péndulo volvió a moverse, como es habitual, entre la sastrería formal y un streetwear de manual, ejecutado con corrección técnica pero sin fricción conceptual. Llamó la atención la casi total ausencia de ese Old Money wardrobe que TikTok ha convertido en algoritmo global, así como la falta de intentos serios por dialogar con lo amateur, lo performativo o lo post-digital. No hubo demasiados gestos de riesgo ni desvíos significativos. Todo parecía bien resuelto, pulido, profesional; y precisamente por eso, previsible.

Paradójicamente, la ausencia de muchos grandes nombres abrió un espacio inesperado para una generación de diseñadores italianos y no que, con mayor apoyo estructural, podrían empujar a Milán hacia otro lugar. Diseñadores que intuyen que el futuro no pasa por refinar un legado hasta el agotamiento, sino por tensionarlo. La pregunta es si el sistema está dispuesto a acompañarlos. Porque, por ahora, Milán sigue funcionando más como un museo exquisitamente conservado que como una ciudad capaz de producir futuro, no solo de custodiar su pasado.

La frescura de lo honesto

Resulta significativo que lo más convincente de la semana proviniera de quienes menos parecían necesitar demostrar relevancia. Zegna, Ralph Lauren y Paul Smith, tres instituciones del menswear, compartieron algo más que estatus histórico. Sin giros conceptuales innecesarios, sin artificio intelectual ni pretensiones artísticas mal digeridas, sus colecciones funcionaron precisamente por su honestidad.

En Zegna, bajo una paleta terrosa y austera, la sastrería se sentía contemporánea y no nostálgica. La colección hablaba de lujo desde el control, desde la materia y la proporción. Ralph Lauren, por su parte, recuperó esa exuberancia americana que tantos otros han apropiado durante años, reclamando con naturalidad su lugar como gran narrador del mito estadounidense, justo cuando ese imaginario se descompone en tiempo real en los ciclos de noticias. Paul Smith cerró el tríptico con una propuesta de proporciones jóvenes, styling sobrio y una ligereza bien entendida.

En este contexto, Prada ocupa una posición particular. Prada nos sigue gustando por consistencia, por inteligencia, por su capacidad de formular preguntas cuando otros ni siquiera lo intentan, pero también es cierto que esta temporada optó por una contención casi excesiva. Todo era perfectamente ponible, no hubo un  look verdaderamente arriesgado, ninguna silueta que desestabilizara la lectura inmediata de la colección. Prada pareció administrar su propio legado con una prudencia poco habitual en una casa que históricamente ha hecho del riesgo su lenguaje.

Exceso, machismo y placer culpable

Si hay algo que Milán sigue produciendo sin complejos es esa moda excesiva, festiva y enfática de Dsquared2 y Dolce & Gabbana. Dos dúos creativos que insisten en un machismo estético que hoy ya no es solo “problemático”, sino políticamente insostenible. Un imaginario de poder masculino, blanco y excluyente que se sigue presentando como espectáculo.

La reciente polémica en torno a Dolce & Gabbana desatada tras el vídeo viral de Lyas que evidenciaba un casting monocromático y reforzada por el comentario de Bella Hadid, deja claro que hablamos de un problema sistemático. No es una provocación naïf es una decisión sostenida en el tiempo, defendida por una industria que sigue premiando la exclusión cuando esta se disfraza de tradición.

La pregunta incómoda es por qué este imaginario sigue resultando deseable, por qué el poder blanco, masculino, occidental sigue vendiéndose tan bien cuando ya sabemos a quién deja fuera. Tal vez el escándalo no sea que Dolce & Gabbana sigan siendo lo que siempre fueron, sino que el sistema que dice haber cambiado siga aplaudiéndolos como si nada.

Nuevas voces, nuevas gramáticas

En un registro más experimental, los nombres emergentes ofrecieron algunas de las ideas más estimulantes del calendario. Qasimi apostó por una contención cromática y un lenguaje coherente de capas y drapeados que reimaginaban la uniformidad sartorial. Setchu, en cambio, llevó la complejidad al límite: una colección densa, casi excesiva, que en imágenes puede parecer caótica, pero que revela una inteligencia estructural notable.

Victor Hart y Domenico Orefice destacaron por algo menos tangible pero más raro: autoconsciencia. Ambos saben quiénes son y hacia dónde van. En Hart, eso se traduce en volúmenes escultóricos en denim; en Orefice, en un guardarropa dinámico y cada vez más seguro de sí mismo, accesible sin ser banal.

Fondazione Sozzani: el verdadero presente

Si hay un termómetro real de la actualidad creativa italiana, sigue estando en las presentaciones de la Fondazione Sozzani. Allí se concentra lo más vivo, aunque resulte casi irónico que estos diseñadores sigan relegados a una periferia simbólica del calendario.

Desde las estratificaciones nómadas y táctiles de Maragno, pasando por el pragmatismo ácido y escandinavo de Rold Skov, hasta las exploraciones textiles de Pecoranera y PLĀS Collective, uno más teatral, el otro etéreo y decorativo, aquí se estaba hablando el lenguaje del ahora.

Pero quien realmente sobresalió fue Meriisi. Sardónico, decadente, deliciosamente incorrecto. Una estética rocker atravesada por ironía italiana: chaquetas de cuero combinadas con camisetas de Toy Story, cremalleras expuestas que subrayan el cuerpo, knitwear adornado con cristales. Moda con humor, con riesgo, con ganas de existir en una pasarela y no solo en un lookbook.

PDF y el signo de los tiempos

Abrir con Zegna y cerrar con PDF no fue casualidad. El proyecto de Domenico Formichetti encarna a una nueva generación italiana, multicultural, criada entre el hip-hop americano y la aspiración digital. Aquí el estilo no es artesanía elevada, sino declaración directa de deseo, estatus y pertenencia.

La narrativa del gangsta rap aparece aquí como role play para una juventud burguesa que consume símbolos de poder, violencia y dinero como estética. No hay metáfora ni distancia crítica. Y esa falta de subtexto resulta incómoda precisamente porque elimina el filtro intelectual al que la moda nos tiene acostumbrado.

La colección fue relevante, sí, pero no tanto por lo que decía como por el contexto que la amplificaba. Lo verdaderamente elocuente estuvo en la puesta en escena, en la energía del espacio y del público. No very important clients ni elites globales, sino una comunidad real, mezclada con prensa y compradores, en una densidad que recordaba a las sfilate de los años 80. Y ahí surge la pregunta inevitable: ¿estamos cerrando un ciclo o inaugurando otro?

La respuesta, como Milán misma, sigue suspendida entre la herencia y la urgencia de cambiar.

Prada FW25 menswear.

Sigue toda la información de HIGHXTAR desde Facebook, Twitter o Instagram

Podría interesarte…

© 2026 HIGHXTAR. Todos los derechos reservados.