Entre memoria, riesgo y narrativa cultural.
Una temporada más, hemos vivido en primera persona la Semana de la Moda de París, y podemos reafirmar que la capital francesa sigue erigiéndose como un laboratorio de ideas y un espacio de reflexión, comunicación y bastante provocación. Entre espacios históricos, escenarios sorprendentes y arquitectura futurista, los desfiles han trazado un mapa cargado de tensiones socioculturales. Un ejercicio de introspección colectiva y una invitación a repensar qué queremos cuando vestimos y somos vistos.
En un contexto global marcado por la incertidumbre política, la presión económica y los cuestionamientos identitarios, las propuestas (algunas) respondieron con discursos claros, debates estéticos y narrativas que ahondan un poco más allá de lo puramente superficial.
424: la belleza de la pausa y la imperfección
Mientras la industria (y el mundo entero) parece obsesionarse con la velocidad y la optimización, Guillermo Andrade decide apartarse deliberadamente de las normas. Su colección FW26 celebra pues la artesanía, la paciencia y el respeto por el proceso creativo. Materiales recuperados -desde pieles rechazadas hasta mantas militares de medio siglo de antigüedad- se transforman en prendas que muestran la huella del paso del tiempo como signo de valor. La imperfección deja de ser defecto para convertirse en lenguaje. ‘ARTIGIANALE’ se articula, además, en torno a la colaboración con Azuki, llevando personajes de un juego de cartas coleccionables al universo de la moda. Un movimiento que se concibe como una expresión narrativa con la que 424 convierte la cultura de nicho en un acto cultural global, demostrando que la moda puede ser lenta, reflexiva y profundamente simbólica. Porque todavía es necesario hacer hincapié en el problema del consumismo rápido y replantear nuestra relación con los objetos y la historia que cargan.
«Diseña tu vida, no productos» dice el diseñador.
Louis Vuitton : el dandi del futuro y la cultura como escenario
Pharrell Williams arrancaba durante la primera jornada con una superproducción impecable donde la vestimenta, por momentos, parecía casi secundaria. Una cuestión que dejó una sensación un poco ambigua. La Case Study House instalada en los jardines de la Fondation Louis Vuitton convirtió el encuentro en una experiencia inmersiva marcada por la arquitectura, la música, el perfume y la marroquinería, que se fusionaron en un mismo espacio, y casi amenazaba con eclipsar las 80 siluetas presentadas.
El título de la colección, no es casual. ‘TIMELESS’ plantea un ejercicio de temporalidad donde seamos capaces de imaginar un vestuario que debe «resisitir en lugar de expirar», preparado para enfrentarse a un futuro incierto. Las prendas se justifican por la funcionalidad, los materiales técnicos y la promesa de durabilidad, no solo por su estatus. La premisa es sólida y coherente, con Pharrell reafirmando su fortaleza de saber con exactitud cómo es el hombre Louis Vuitton. Sin embargo, también surge una ligera sensación de contención creativa. Comparada con la anterior propuesta, esta resulta menos innovadora. Es eficaz, sí, fácil de llevar y claramente está pensada para funcionar comercialmente, pero también menos memorable. Y eso, tratándose de una Casa acostumbrada a dejar huella, deja un pequeño vacío.
Siendo conscientes de que Louis Vuitton ya no se define únicamente por lo que vende, sino por el universo cultural que construye, sigue rondando la pregunta inicial: ¿qué pasa cuando un desfile no está completamente a la altura de las expectativas? En el caso de LV, la respuesta es compleja. Quizá no ha sido la colección más audaz de Pharrell, pero sí una de las más intencionales. Un recordatorio de que hoy en día, su verdadero producto no es únicamente la vestimenta, sino la pertenencia a un imaginario cultural cuidadosamente diseñado. Y en ese terreno, la Maison sigue jugando en otra liga.
Dior Homme: la aristocracia reinventada de Jonathan Anderson
El de Dior fue, sin duda, el show más controvertido de la temporada. Y es que en su segunda colección para Dior Homme, Anderson ha decidido replantear el concepto de elegancia masculina y cuestionar lo que significa la aristocracia hoy. Para ello, se sumerge en una exploración de la identidad, la memoria y el riesgo creativo, donde el pasado histórico de la Maison dialoga con una juventud errante que deambula por la ciudad.
El punto de partida conceptual es tan poético como simbólico: los jóvenes aristócratas imaginados por el diseñador recorren París y descubren una pequeña placa conmemorativa de Paul Poiret en la Avenue Montaigne. A partir de entonces, este encuentro funciona como catalizador de la colección donde la historia se activa, inspirando combinaciones eclécticas.
Jonathan no pretende agradar de inmediato, y plantea preguntas: ¿cómo se construye la identidad de un mundo cambiante? ¿cómo dialoga una casa histórica con su presente sin perder su esencia? Vestirse se convierte en un acto de afirmación consciente donde historia, riesgo y modernidad conviven. Un recordatorio de que la moda masculina sí puede ser experimental y de que el poder estético pertenece hoy a quienes se atreven a replantearlo y a vestirlo con decisión.
CAMPERLAB: el adiós de Achilles
La Maison de la Mutualité (histórico teatro Art Déco de París) fue testigo de la última colección del diseñador para la marca, ofreciendo un escenario cargado de memoria para una idea que es capaz de mirar hacia atrás sin nostalgia y convierte el recuerdo en materia prima. Al frente, Achilles volvió a situar lo personal en el centro de un relato bastante íntimo al rendir homenaje a los recuerdos de su infancia en el extremo norte de Finlandia, proponiendo siluetas que oscilan entre lo compacto y lo protector. Los volúmenes protegen el cuerpo, los acabados erosionados y los tratamientos lavados construyen una colección profundamente personal que mantiene una armonía (casi) accidental.
CAMPERLAB ha conseguido convertir el frío extremo en un lenguaje estético, reforzando su intención de construir universos reales, incómodos y profundamente humanos.
Issey Miyake: elegancia minimalista y forma sin forma
Reunidos en el Collège des Bernardins, pudimos comprobar que la colección FW26 ha sido un punto de inflexión para IM Men, donde se ha alejado de algunas de sus concepciones más reconocibles con el objetivo de examinar la esencia misma de la elegancia desde una idea radicalmente simple: un único trozo de tela. Este gesto conceptual sirve como base para reescribir los códigos de la marca desde una perspectiva más granular, menos estructural y más fluido, sirviendo al hombre contemporáneo.
El diálogo constante entre moda, arte y tecnología sigue latente, sí, pero depurado, sin excesos. La identidad histórica de Issey Miyake siempre ha estado ligada a la estructura y a la forma como símbolos de elegancia. Sin embargo, ahora, se demuestra que todo merece ser sometido a revisión. La estructura se diluye y la forma se vuelve «sin forma». Todo se lee deconstruido.
NAHMIAS: cuando la nostalgia californiana se impone
Tras tres años de pausa, Doni Nahmias trajo de vuelta a París su particular estilo cargado de referencias al Estado Dorado, trasladando la rutina de los skaters a la pasarela. Bajo el término ‘Whipeout’, la energía se volvió caótica, dando paso a una imperfección deliberada que define, sin duda, la esencia de Nahmias. Volvemos otra vez a esa defensa de lo imperfecto, a través de acabados envejecidos, desgastados e inacabados (aparentemente). Porque para el diseñador, el mismo que se esconde detrás de la exitosa Marty Supreme Jacket, el objetivo es claro: transformar la rutina de los skaters en un lenguaje sofisticado. Y si es en la capital de la moda, mejor.
Willy Chavarria: la eterna identidad colectiva
El espectáculo más memorable de la temporada, sin duda, ha sido el de Willy Chavarria. Porque sí, fue un espectáculo en mayúsculas, donde el concepto de desfile trascendió la moda para convertirse en un escenario cultural donde herencia y emoción se entrelazaron con música en vivo, teatralidad y mucha narrativa social. Tanto que los looks pasaron completamente desapercibidos (la mayoría) en un cruce caótico y perfectamente coreografiado.
Feid, Mon Laferte, Lunay, Mahmood, Santos Bravos, Lil Mr. E, y Latin Mafia nos deleitaron a los allí presentes con actuaciones sorpresa que se iban sucediendo una tras otra, sin previo aviso y casi solapándose, mientras modelos de renombre internacional como Valentina Ferrer, Paloma Elesser o Julia Fox recorrían la pasarela enfundadas en faldas amplias de satén, vestidos a medida y siluetas de reloj de arena.
Bajo el título ‘Eterno’ y el mensaje ‘Protection is Love’, Chavarria articuló un profundo diálogo entre la cultura latina y queer. La colección es un testamento filosófico y sociológico. La puesta en escena remite al cine noir: fatalismo, ambigüedad moral, duelo y resiliencia se traducen en la moda como símbolos de identidad latina y queer. El diseñador contextualiza su proceso desde la vida cotidiana: observar la ciudad, la gente, sus encuentros, sus pérdidas y sus pequeños momentos de humanidad se traduce en un vestuario que respeta y dignifica. «Veo a la gente correr al trabajo, enamorarse, romperse… Compartiendo el mismo universo, respirando el mismo oxígeno, oliendo la misma basura. Me siento conectado con todos ellos». Es ese mismo ethos que atraviesa Eterno: nada es artificioso. Todo es ceremonial, introspectivo y profundamente humano.
KidSuper: una puesta de escena cultural y cinematográfica
El imaginario lúdico de Colm Dillane continúa expandiéndose a través de ‘Outside the Box’, un ejercicio de introspección, memoria y continuidad, donde la curiosidad y la experimentación se combinaron con un enfoque cinematográfico inédito en la historia reciente de la marca. Un cortometraje original, rodado en París, escrito y dirigido por Dillane y protagonizado por Vincent Cassel, se proyectaba en la gran pantalla de la instalación, estableciendo la arquitectura emocional de la colección: un mundo familiar pero inestable, donde la repetición, los fallos técnicos y la memoria difuminaban la línea entre lo real y lo escenificado. La pregunta subyacente de Dillane era clara: si todo parece guionizado, ¿dónde reside la humanidad?
Esa tensión se trasladó a la pasarela. La colección exploró arquetipos cinematográficos y personales, mezclando leyendas del pasado con héroes contemporáneos, todo filtrado por un tono más oscuro e introspectivo. Por primera vez, KidSuper mostró un lado más meditativo y estructurado, donde la calma y la intención daban forma a las prendas sin perder la curiosidad y el carácter lúdico que define la marca.
Cada pieza se convirtió en un fragmento de historia: la moda como memoria, el pasado y el presente entrelazados. Dillane cuestiona cómo evolucionar sin perder la esencia de su mitología y cómo crecer respetando la curiosidad que ha definido a KidSuper desde sus inicios. Las prendas hablan de identidad, juego, deporte y narrativa visual, manteniendo la irreverencia y la creatividad que conecta con las nuevas generaciones, los amantes de la moda y la cultura futbolística. Y todo ello siempre de la mano de marcas icónicas dentro de la cultura pop (como es el caso de Havaianas) que nos hacen teletransportarnos a nuestra infancia. El diseñador consigue demostrar, una vez más, que la moda puede ser narrativa, emoción y juego.
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