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Por qué seguimos hablando de 2016 en 2026

Entre selfies con filtros, playlists olvidadas y outfits de otra era, 2016 vuelve a aparecer en nuestras pantallas diez años después.

Por qué seguimos hablando de 2016 en 2026

Con la llegada de 2026, Instagram y TikTok se han visto inundados por los recuerdos de los usuarios de hace una década, es decir, de 2016. Selfies tomados con Retrica, fotografías de outfits protagonizados por skinny jeans, plataformas Jeffrey Campbell y camisetas de Brandy Melville. Imágenes comprimidas, mal encuadradas, con filtros agresivos y resoluciones bajas. Y, sin embargo, inmediatamente reconocibles.

A este regreso no se han sumado solo los usuarios, sino también los propios medios, que han comenzado a nombrar y legitimar el fenómeno. En los últimos meses, la pregunta por 2016 se ha repetido en entrevistas, front rows y alfombras rojas, formulada casi como una clave generacional: why 2016? Periodistas y editores han interpelado a diseñadores, músicos y actores sobre ese año concreto, no tanto para celebrar una nostalgia explícita como para entender qué representa hoy.

En paralelo, varias figuras públicas han contribuido activamente a esta reactivación del archivo: artistas y celebrities han compartido en redes sociales imágenes propias de 2016, selfies sin editar, looks de otra etapa, capturas de antiguos perfiles, como Justin Bieber o Addison Rae. El archivo deja así de ser privado para convertirse en un lenguaje compartido, reforzando la idea de que 2016 ya no funciona solo como recuerdo individual, sino como referencia colectiva en la conversación cultural actual.

Los primeros signos

En realidad, los indicios del regreso ya se habían manifestado a finales de 2025, mucho antes de que el fenómeno se volviera masivo. El retorno de King Kylie, el alter ego de Kylie Jenner durante su era de pelo azul, marcó uno de los primeros puntos de inflexión, acompañado por el lanzamiento de su primer single Fourth Strike. Poco después, un filtro amarillo bautizado explícitamente como 2016 comenzó a circular de forma viral, funcionando como disparador colectivo de memoria visual.

Al mismo tiempo, una estética heredada de Tumblr y del trashcore empezó a reaparecer. Estilismos deliberadamente desalineados, elecciones visuales poco pulidas y una relación más despreocupada y menos defensiva con la imagen pública. Con motivo de su décimo aniversario, TikTok se transformó durante semanas en un archivo sonoro colectivo. Volvieron a circular álbumes que marcaron el pulso emocional de 2016: AntiViewsLemonadeThe Divine FeminineA Seat at the TableBlonde.

Estábamos mal, pero estábamos mejor

Repasar los acontecimientos clave de 2016, la muerte de David Bowie y George Michael, la primera elección presidencial de Donald Trump, el Brexit, confirma que no fue un año sencillo ni estable. Sin embargo, existe una percepción compartida difícil de ignorar: al menos en internet, estábamos mejor. El algoritmo aún no ejercía una hegemonía total sobre nuestros feeds. Las noticias dramáticas no colonizaban cada desplazamiento de pantalla. Las tendencias no eran tan numerosas ni tan fugaces, y su fecha de caducidad era más generosa. Había espacio para el error, para el mal gusto, para la contradicción.

Más que Snapchat, las adidas Superstar o el Pumpkin Spice Latte, lo que echamos de menos de 2016 es la conciencia que teníamos sobre nosotros mismos. Las tendencias no se superponían con la velocidad actual y no era necesario estar al día de todo, todo el tiempo. Hoy, el entorno digital funciona como una producción constante de estímulos que erosiona el umbral de atención y dificulta la construcción de un gusto personal sostenido. De todo este 2016 que ha reaparecido en nuestros teléfonos, quizás solo quede aceptar una dosis inevitable de nostalgia y, con ella, intentar recuperar algo de autonomía: la misma que, hace diez años, ni siquiera sabía lo que significaba ser cringe.

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