Haiti vs Brasil: ¿quién ha hecho el uniforme más viral para estos Juegos Olímpicos de invierno?

En los Juegos Olímpicos de Invierno 2026 algunos compiten en la nieve y otros en estilo. Haití y Brasil lideran la conversación mientras el resto intenta no resbalar.

La equipación de Brasil para los Juegos Olímpicos de Invierno 2026, diseñada por Moncler junto a Oskar Metsavaht. Moncler
La equipación de Brasil para los Juegos Olímpicos de Invierno 2026, diseñada por Moncler junto a Oskar Metsavaht. Moncler

Los Juegos Olímpicos de Invierno de Milano-Cortina 2026 han arrancado y, sorpresa para nadie, la ceremonia inaugural ha sido también una pasarela. Porque ya no vale solo con ir calentito y correcto: esos segundos en pantalla son oro puro y hay países que lo saben… y otros que van cumpliendo sin molestar.

Mientras muchos han optado por el camino seguro, correcto y sin sobresaltos, Haití y Brasil han decidido que este momento era suyo. Sin tradición en deportes de invierno y sin complejos, han entrado al estadio con una idea muy clara, destacar o desaparecer. Y mientras el resto de delegaciones cumple, hace su papel y sigue el guion, la conversación —la de verdad— se ha quedado con ellos.

Haití, vestir para decir algo

Haití ha hecho justo lo que muchos evitan en unos Juegos Olímpicos, hablar. Y hablar claro. En un evento lleno de normas, protocolos y silencios cómodos, esta propuesta de Stella Jean convierte la equipación en un relato visual con memoria histórica y cero miedo a incomodar.

Aquí nada está puesto porque sí. El tignon (un pañuelo o turbante utilizado para cubrir el cabello) remite a la historia de resistencia de las mujeres haitianas, los accesorios conectan con tradiciones culturales que han sobrevivido al tiempo y los volúmenes refuerzan una presencia que no busca pasar desapercibida. Incluso el caballo rojo, ya convertido en icono y presente tras un rediseño obligado por el Comité Olímpico Internacional para cumplir la normativa, funciona como símbolo de lucha y emancipación.

No busca agradar a todo el mundo ni entrar en el ranking de «más bonito». Busca existir con intención, ocupar espacio y decir «estamos aquí». Y por eso se ha vuelto viral, no por técnica ni por tendencia, sino porque genera algo mucho más difícil de conseguir hoy en día: conversación con contenido.

Brasil, cuando el silencio también viste

Brasil ha decidido jugar esta partida desde otro lugar. Aquí no hay mensajes explícitos ni dramatismo visual, hay confianza absoluta. La colaboración entre Moncler y Oskar Metsavaht apuesta por el blanco, la precisión y una idea muy clara de performance real, sin necesidad de explicarse demasiado porque se nota.

La equipación se sostiene sola. Las siluetas están pensadas para proteger el cuerpo, pero también para transmitir control y seguridad, algo que se nota en cómo los atletas ocupan el espacio. Todo es limpio, contenido y medido. El gesto más eficaz, curiosamente, es el más discreto, la bandera brasileña aparece escondida en el interior de las prendas y solo se deja ver con el movimiento.

Brasil no busca titulares a base de ruido. Entra y se coloca con naturalidad en el centro del plano. Su viralidad es distinta, más pausada y aspiracional, de esas que se guardan como referencia. No genera debate, genera interés. Y en unos Juegos donde muchos hablan para no diluirse, Brasil demuestra que el control también puede ser una estrategia ganadora.

¿Y el resto del mundo?

Mientras Haití y Brasil concentran titulares y conversación, el resto de delegaciones avanza a otros ritmos, más previsibles, más cómodos y, en muchos casos, menos memorables. No es que estén mal vestidas, es que juegan otra partida.

Por un lado, Francia, con Le Coq Sportif, opta por la elegancia bien medida. La equipación está equilibrada, es coherente y se nota el oficio. No sorprende, aunque tampoco decepciona, y eso, en un evento como este, ya es decir bastante.

En una línea más continuista, Estados Unidos se mantiene fiel a su fórmula de siempre con Ralph Lauren. Preppy, nieve y Americana reconocible al segundo. Es clásica, cinematográfica y casi parte del decorado olímpico a estas alturas. No innova, pero cumple con su propio imaginario y no se sale de él.

En cambio, Mongolia juega a otra cosa. Sin levantar la voz ni buscar titulares, vuelve a demostrar que cuando la identidad cultural está bien trabajada no hace falta explicar demasiado. Artesanía, tradición y una seguridad tranquila que les permite ir a lo suyo. Y, una vez más, les funciona.

Más allá de estos casos, el resto de países apuestan por equipaciones bien ejecutadas, funcionales y pensadas para rendir que, sin embargo, una vez pasado el desfile, se diluyen rápidamente en el tiempo. Cumplen, pero no se quedan.

España, correcta… y ya

España ha optado por la vía más segura. La equipación es limpia, reconocible y fiel a los colores de siempre. No hay errores evidentes ni decisiones que levanten cejas, y eso, después de propuestas más discutidas en el pasado, se agradece. Está bien ejecutada, se percibe el trabajo y transmite un cierto orgullo institucional.

El problema no es lo que es, sino lo que decide no intentar. En un contexto en el que otras delegaciones aprovechan la ceremonia para construir relato o identidad visual potente, España se queda cómodamente en el terreno de lo correcto. No genera polémica, pero tampoco conversación. Cumple, pasa y sigue. Y en unos Juegos donde la moda también compite por atención, esa prudencia suele traducirse en algo bastante claro, no molestar, pero tampoco destacar.

Equipación de España. Joma
Equipación de España. Joma

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