A partir de esta primavera, en Estados Unidos y Reino Unido, determinados audiolibros incluirán un botón con el mensaje “Agregar a su estantería en casa”. Al pulsarlo, el usuario será redirigido a Bookshop.org, que gestionará inventario, precios y envíos, mientras Spotify percibirá una comisión por cada venta. El proceso es sencillo; la implicación es más amplia: convertir la experiencia de escucha en una puerta directa hacia el objeto físico.
La decisión llega dos años después de que Spotify integrara los audiolibros en su catálogo. Desde entonces, la vertical ha crecido con rapidez. Según datos de la compañía, los nuevos oyentes aumentan un 36 % interanual y las horas de escucha un 37 %. El catálogo en inglés supera ya los 500.000 títulos y está presente en 22 mercados. La compañía está enfocada en diseñar un entorno donde los distintos formatos no compitan entre sí, sino que dialoguen.
En ese contexto se inscribe Page Match, una función lanzada inicialmente en mercados anglosajones que sincroniza libro físico y audiolibro mediante la cámara del smartphone. El usuario puede escanear la página que está leyendo y la aplicación lo llevará automáticamente al mismo punto en la versión en audio. El proceso también funciona a la inversa: si comienza escuchando, basta con fotografiar una página del libro impreso para saber dónde retomar la lectura.
El movimiento puede resultar llamativo en un mercado editorial con márgenes reducidos y dominado por actores como Amazon. Sin embargo, el libro impreso, en 2024, representó el 73 % de los ingresos del sector editorial comercial en Estados Unidos. A pesar del auge digital, el papel mantiene su peso, especialmente entre consumidores jóvenes que valoran la experiencia tangible y la desconexión de las pantallas.
La plataforma Bookshop.org redistribuye beneficios a librerías independientes, posicionándose como alternativa a Amazon y alineando la iniciativa con un discurso de apoyo al comercio local. Para Spotify, la alianza no implica convertirse en editor ni en distribuidor directo, sino actuar como puente entre consumo digital y compra física.
El interés de las grandes plataformas por el sector editorial tiene precedentes. TikTok intentó capitalizar el fenómeno BookTok con 8th Note Press. A diferencia de ese modelo, Spotify no produce libros; integra formatos y monetiza la transición entre ellos. Lo que emerge es un modelo híbrido donde escuchar y leer dejan de ser decisiones excluyentes. El libro físico no compite con el audiolibro. Se convierte en extensión natural de la experiencia.
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