El deportista, que recientemente ha sido convocado por Luis de la Fuente para jugar la Copa Mundial de la FIFA 2026, nos cuenta en primera persona su profunda relación con la fotografía.
Siempre he sentido que las imágenes me transportan a lugares y a emociones que he vivido, aunque nunca haya estado en el lugar que veo a través de ellas. Lo bonito de experimentarlo de forma imaginativa, a través de la mirada de otras personas, me despertó las ganas de que otros vivieran ese viaje desde la perspectiva de mi día a día.
El fútbol ha sido desde pequeño, y sigue siendo, un gran porcentaje de mi tiempo. Para mí es fácil sentir todo esto que capturo como algo cotidiano, aunque sé que para muchos es un punto de vista desconocido. Normalicé lo que en algún momento me estremecía, pero veo las fotos y vuelvo a sentir el olor a césped cortado antes de salir a jugar, el silencio en la grada de nuestro estadio después de un partido, la música que suena en una celebración o en los trayectos de autobús, la ilusión de cuando te pones una nueva camiseta por primera vez…

Todo lo que me mueve en la vida es emocional, aunque la racionalidad me encanta. La trabajo y la disfruto. Pero sin ninguna duda el motor de todo es cuando siento de verdad. Cuando entro en ese proceso, es cuando saco mi cámara y disparo. En ese estado es cuando veo algo que me hace sentir y por eso lo fotografío con lo que tenga encima. Generalmente es el móvil, aunque es raro que no me acompañe alguna cámara en el bolso o en la mochila. Muchas de esas imágenes del día a día se pierden porque simplemente estoy disfrutando del momento y no tengo la serenidad para parar y disparar, pero también creo que eso es lo bonito, que muchas se evaporen y se queden en nuestra mente y en nuestro corazón. Aunque admito que luego me da pena no tener inmortalizado ese momento. Y me gusta compartirlas, a pesar de que también me da un poco de vergüenza.
Siento que ver los entresijos de un vestuario, los viajes en un avión, los looks de mis compañeros en el autobús o los momentos a pie de campo previos a los partidos, se tiene que ver especial desde fuera. Para nosotros es la rutina, la relación con los nuestros, el sentimiento colectivo y el crecimiento como individuo dentro de un grupo. Me gusta ver mis fotografías después de un tiempo e imaginarme qué es lo que en ese momento me atrajo para disparar con mi cámara. Generalmente fueron momentos de alegría o ilusión que me movían hacia un objetivo común. Entiendo la vida desde el grupo, sea en familia, en pareja, en equipo o como sociedad. Y me gusta que sea así.
Desde la primera página, en palabras de Borja: «Estadio de Balaídos, la antigua grada de marcador. Puesta a punto del césped para la temporada 24/25. Fon García, el hombre de confianza de los jugadores. Pero sobre todo mi amigo, y un gran DJ. Vlado Gudelj, delegado del equipo y leyenda celtista. Mi primer viaje con el equipo para un stage de pretemporada en Inglaterra temporada 24/25. El mítico estadio Kenilworth Road del Luton Town FC; fue el último partido de mi primera pretemporada. Los peinados de Ilaix Moriba siempre son una sorpresa, y tienen mucho estilo. Supongo que esa mujer se llama Gloria, una seguidora del West Ham United; íbamos todos de camino al estadio Olímpico de Londres para otro amistoso. Óscar Mingueza, medio dormido, en la ciudad deportiva Afouteza. Iago Aspas enfundándose la bonita camiseta de Oliveira. Y mi autorretrato, en la vuelta a Vigo después de nuestra clasificación a Europa League en mayo de 2025. Se me veía con ganas de celebración».


Borja Iglesias (Santiago de Compostela, 1993) es delantero del RC Celta de Vigo y uno de los futbolistas más carismáticos del panorama español pero también un amante de la fotografía. Todas estas imágenes las tomó y reveló analógicamente entre 2024 y 2025 con una Leica M6 y una Contax T2.
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