En la última Semana de la Moda de Nueva York, el cierre del desfile FW26 de Elena Vélez no estuvo marcado por una supermodelo ni por una celebridad de Hollywood, sino por una figura surgida de los márgenes más oscuros de internet: Brander Peters, de 20 años, conocido en línea como Clavicular.
Clavicular es hoy uno de los rostros más visibles del looksmaxxxing, un movimiento digital que se centra en maximizar la apariencia física masculina, a menudo a través de métodos extremos y controvertidos. Promueve ideales de belleza hipermasculinos (hay que tener la mandíbula cuadrada, físico esculpido, cumplir con ciertas medidas).
El origen del looksmaxxxing
El looksmaxxxing surge a comienzos de la década de 2010 en foros como 4chan y Reddit, especialmente en comunidades vinculadas al universo incel. En espacios como PUAHate, usuarios debatían obsesivamente la relación entre atractivo físico y éxito vital, desarrollando escalas de valoración estética como la denominada PSL (siglas de Perfect, Superior, Low), que pretendía cuantificar la belleza masculina con criterios supuestamente objetivos.
El foro fue clausurado tras los asesinatos de Isla Vista perpetrados por Elliot Rodger en 2014, un acto de terrorismo misógino que dejó seis víctimas mortales. Sin embargo, el cierre no disolvió la ideología subyacente: la comunidad migró a nuevas plataformas, reformuló parte de su discurso y desplazó el énfasis desde la misoginia explícita hacia la obsesión por la transformación corporal.
En este ecosistema digital se consolidó un lenguaje propio: mogging (superar físicamente a otro hombre hasta humillarlo), Chad (arquetipo de masculinidad genética superior) y el uso del sufijo -maxxxing para describir cualquier estrategia de mejora: gymmaxxxing, jawmaxxxing, starvemaxxxing.
Clavicular y el hardmaxxxing
Dentro de ese universo, Clavicular se posiciona como uno de los exponentes más radicales del llamado hardmaxxxing, una vertiente que promueve intervenciones físicas agresivas con el objetivo de alterar rasgos faciales y corporales.
Entre las prácticas que él mismo ha difundido públicamente se encuentra el bone smashing: golpear los huesos del rostro con la creencia de que las microfracturas estimularán un crecimiento óseo más pronunciado. También ha reconocido el uso intensivo de esteroides anabólicos y hormonas, así como la experimentación con microdosis de metanfetamina para mantener un porcentaje de grasa corporal extremadamente bajo.
NY Times y Business Insider han documentado recientemente tanto sus prácticas como su modelo de monetización. A través de transmisiones en la plataforma Kick, Clavicular habría alcanzado ingresos mensuales cercanos a los seis dígitos. Además, comercializa paquetes digitales donde sistematiza su “método” de transformación estética. En directos, ha realizado inyecciones de péptidos disolventes de grasa y ha promovido ayunos extremos.
Financiamiento, política y ambigüedad ideológica
El rápido ascenso de Clavicular ha estado rodeado de especulaciones. Desde el inicio de su carrera menciona a un benefactor anónimo identificado como “P”, que le habría transferido sumas considerables de dinero. En ciertos círculos digitales se ha sugerido la posible conexión con Peter Thiel, empresario tecnológico vinculado a causas conservadoras en Estados Unidos.
En su entorno aparecen figuras polémicas como Nick Fuentes y Andrew Tate, lo que ha alimentado la percepción de que el fenómeno del looksmaxxxing no es únicamente estético, sino también político. Clavicular ha declarado que su criterio de voto estaría determinado por la apariencia física de los candidatos, mencionando a JD Vance y Gavin Newsom en términos puramente fisonómicos.
Elena Vélez y la estetización de la controversia
¿Por qué el influencer más problemático del mundo cerró un desfile de la Semana de la Moda de Nueva York? La respuesta está en los métodos de marketing de Elena Vélez, diseñadora emergente que se hizo famosa después de un artículo del NY Times que la hacía el ejemplo de diseñadores emergentes atrapados por las deudas.
Sus desfiles han incorporado escenas de confrontación física, referencias históricas polémicas y una retórica crítica hacia lo que ella denomina liberalismo cultural dominante. La colección FW26 giraba en torno a la modificación corporal: corsés restrictivos, estructuras que deforman la silueta, ortodoncias visibles. El cuerpo como construcción, como restricción, como objeto intervenido.
El fenómeno Clavicular no solo retrata a una generación masculina sometida a estándares estéticos cada vez más crueles; expone el sistema que los fabrica y los rentabiliza. Los algoritmos premian el exceso y convierten la inseguridad en espectáculo. La obsesión por el cuerpo perfecto no es nueva, pero hoy se monetiza y se viraliza en tiempo real. El looksmaxxxing prospera sobre la promesa de que el cuerpo puede optimizarse hasta volverse capital. Clavicular es el síntoma de una cultura que explota la vulnerabilidad.
La cuestión ya no es solo si fue prudente darle una plataforma en Nueva York, sino qué imaginarios estamos legitimando cuando el dolor y la radicalización estética entran sin fricción al circuito dominante. En una era que convierte la identidad en performance y el cuerpo en proyecto infinito, la línea entre crítica y complicidad es cada vez más frágil. La moda enfrenta así una decisión incómoda: cuestionar el extremo o convertirlo en tendencia.
John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette siguen marcando estilo décadas después.
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