Prada no ha sacado “otro gloss”. Ha sacado una textura que entiende cómo queremos llevar ahora el labio: cómodo, brillante, pero sin esa sensación pegajosa ni excesiva.
Prada Reflection mezcla el tratamiento del Universal Prada Balm con el acabado pulido de un gloss. Es ligero, se funde al instante y deja ese brillo limpio que parece casi húmedo, pero sofisticado. No busca volumen artificial. Busca que el labio se vea sano.
La fórmula sigue esa línea skin-first que Prada está construyendo en beauty: microesferas de ácido hialurónico, 24 horas de hidratación y un efecto que mejora con el uso. Cuanto más lo llevas, mejor están los labios. Más suaves, más flexibles, más llenos. Sin drama.
La gama incluye diez tonos pensados para usar de verdad. Ocho colores modulables —del burdeos profundo a marrones y rojos cálidos— y dos translúcidos que conectan directamente con los bálsamos icónicos de la casa: Universal Green, que deja un brillo transparente y reflectante, y Banana Yellow, con un acabado más cálido y luminoso. Son guiños internos al universo Prada, pero llevados al terreno glossy.
Y luego está el aplicador. El triángulo —símbolo absoluto de la casa— se convierte en una punta angular que encaja con el contorno del labio sin necesidad de perfilador. Preciso, pero fácil.
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