Cuando se realizó esta entrevista hace unos meses, la participación de Priscilla Delgado en la tercera temporada de Euphoria, junto a Zendaya y Rosalía, estaba rodeada de misterio. Recién estrenado el segundo episodio de esta temporada, su rol se revela como una nueva obsesión para Zendaya que promete dar mucho juego. A pesar de reservarse los spoilers, en la charla Priscilla cuenta cómo unas semanas antes de este encuentro llamó a la cantante para ver cómo estaba y verse en Madrid antes de la promoción de la serie. Rosalía le dijo: «Pues estoy en Callao con unos amigos, ¿por qué no te vienes?». Priscilla finalmente no acudió, pero lo cuenta divertida, evocando aquella tarde en que Rosalía dio a conocer la portada de LUX, su último disco, rodeada de decenas de fans en la plaza de la madrileña Gran Vía.
Son las 9 de la mañana y Priscilla Delgado ha llegado al estudio sonriente, repartiendo abrazos. Tiene la piel muy blanca y unos ojos grandes y expresivos; el pelo alborotado y el cuerpo menudo, con cinturita de avispa. Guarda cierto parecido con una de sus actrices favoritas de todos los tiempos, Natalie Wood, y, como su ídolo, destila naturalidad y sensualidad sin esfuerzo. Nacida en Puerto Rico en 2002 y criada en Madrid –es hija de español y puertorriqueña–, empezó a trabajar como actriz de niña. Apenas tenía ocho años cuando despuntó con su mirada de Bambi como la pequeña de Los protegidos. En su currículo abundan otras series y un buen puñado de películas: Amador, de Fernando León de Aranoa, Las brujas de Zugarramurdi de Álex de la Iglesia o Julieta de Pedro Almodóvar.
En 2015 hizo su primera película en inglés, El mal que hacen los hombres (Ramón Térmens), y fue allí donde comenzó a trabajar con sus actuales agentes en Estados Unidos. A partir de ese momento, comenzó a hacer castings en inglés, y con 17 años se mudó a Los Ángeles donde poco después comenzó su formación en arte dramático en The Lee Strasberg Theatre & Film Institute. El resto, nos lo cuenta ella misma.

HIGHXTAR (H) – Eras una niña la primera vez que te pusiste frente a una cámara. ¿Recuerdas aquella sensación?
PRISCILLA (P) – Claro. Fue para un anuncio de Castilla-La Mancha. Era el primer casting al que me presenté y fue un sueño. Tenía cinco años y fue una aparición muy bonita, muy onírica, entre unos molinos. Para mí entrar en un set siempre ha sido un lugar en el que dar rienda suelta a la creatividad, un lugar donde me siento feliz.
(H) – Desde entonces no has parado. ¿Vocación o determinación?
(P) – Con ocho años era yo quien se lo pedía a mis padres, incluso antes. Creo que sin vocación, no hubiese conti- nuado. Eso ha estado siempre presente en mí. Tal vez no haya una explicación racional para esa vocación tan temprana, pero siempre fui una niña con muchas ganas de expresarme. Y mi familia entendió que introducirme tan pequeña en un universo de adultos era algo muy delicado.
(H) – ¿Cómo lo gestionaron?
(P) – Eligiendo las cosas muy bien, acompañándome. Hoy mi madre no está aquí de milagro, pero ella suele venir conmigo siempre, incluso al set de Euphoria. Cuando volvía de rodar, allí estaba ella todos los días para agarrarme la mano o darme un beso en la frente o un abrazo para que estuviera tranquila y seguir teniendo también un espacio de confort entre esta locura.
(H) – ¿Y cómo compaginabas el trabajo con el colegio y los estudios?
(P) – Pues bien, la verdad. Justo el otro día comentaba con un amigo que cuando estaban dando la clase de cómo funciona la hora en un reloj yo estaba haciendo una película en Logroño, así que tardé en entenderlo… Pero siempre he tenido tutor en los rodajes. Gracias a Dios, los profesores siempre han sido muy comprensivos y he tenido algunos que se empeñaban mucho en que cumpliera con lo que tenía que cumplir. Y a esos profesores les guardo más cariño que a los que me lo pusieron más fácil.
Cambié varias veces de colegio, pero el Ramiro de Maeztu fue el mejor de todos, porque no te lo po- nían fácil. Y las asignaturas de las que más aprendía eran aquellas en las que no sacaba los 8 o los 9 que me gustaba sacar, sino los 5 pelados. Después, en la época en la que pasaba al bachillerato fui al Jesús Maestro, un colegio teresiano que me vino muy bien. Nunca había tenido una experiencia en las aulas donde se empe- zaba el día con la palabra de Dios. Fue un tiempo de paz en plena ebullición de la adolescencia en el que la fe también estuvo muy presente.
(H) – ¿Eres creyente?
(P) – Sí. Aunque por mi profesión y mi edad, tal vez sea un testimonio un poco raro. Pero Dios ha estado siempre presente en mi casa: mi padre es creyente y mi madre también. Y a mí siempre me ha ayudado mucho por las noches dar las gracias de alguna manera, hablar con Dios o conmigo misma.
(H) – No deja de ser una manera de hacer terapia…
(P) – Sí, bueno, pero a eso hay que darle también su importancia, no hay que obviarlo. Creo en la terapia, pero soy una persona muy privada y abrirme en canal o contar detalladamente mi vida, me da un poco de pudor. Lo hice ocasionalmente en Puerto Rico, en la época del covid que fue muy difícil para mí. Lo pasé muy mal. Aun así pienso que es imprescindible tener la voluntad de pedir ayuda cuando lo necesitamos.
Pese al shock que supuso la covid, tuve la suerte de pasar una etapa con mi abuela, que falleció tiempo después, pero la vida nos dio la oportunidad de compartir ese momento de parón mundial. Toda la familia decidimos que no había mejor opción que la de pasar ese tiempo con ella.
(H) – ¿Tienes más abuelos?
(P) – No. Mi padre me tuvo mayor. Pero hablo mucho con él, y me gusta mucho, así que de algún modo él es la representación de los abuelos que no he podido conocer, y que me hubiese venido muy bien.

FORMACIÓN E INFORMACIÓN
Priscilla habla despacio, serenamente, pensando bien las palabras y acompañando cada una con un sutil vuelo de manos. Sus expresiones y algunos giros dejan caer una mezcolanza de acentos, que denotan que esta actriz lleva tiempo viviendo a ambos lados del océano. «Soy madrileña y boricua», ha dicho alguna vez sobre sus orígenes puertorriqueños, así que hablamos también de Bad Bunny y de su reivindicación más allá de la música. Ella señala que, gracias a su último trabajo, el cantante se ha ganado el respeto de otras generaciones «y decir eso de ‘si queréis verme, venid a Puerto Rico’, me parece valiente y brillante».
Tal vez por su largo recorrido, Priscilla conoce bien los dos lados de la cámara, donde la vida de uno siempre parece expuesta. «Yo ahora casi nunca pido fotos porque me da mucho pudor, pero cuando era pequeña un día me encontré a Juan Echanove y le pedí una foto. Hablamos un momento y recuerdo bien que recalcó mucho algo: ‘Estudia, estudia mucho y fórmate», cuenta. Justo esta tarde –desvela– tiene entradas para ver al actor en su última obra en el Teatro Español.
(H) – La formación no es solo actoral, también tiene que ver con lo que lees, lo que vives…
(P) – Una de las cosas que se dice ahora es que el exceso de información reduce la información, ¿no? Y creo que es uno de los problemas de nuestra generación. También me preocupa cómo distinguir el fake, con la inteligencia artificial. Eso sí que va a ser un tema… Por eso creo que un actor tiene que estar en constante formación, ya sea estando presente en el mundo, siendo observador y estando dispuesto a aprender de los otros.

Es posible que esta sea una de las razones por las que sea un oficio tan estimulante, siempre distinto y cambiante, porque te da la oportunidad de conocer profundamente y de manera continua aspectos e historias desconocidas.
(H) – ¿De qué manera notas el escalón generacional en el trabajo?
(P) – Siempre he sido la más pequeña del grupo y en ocasiones eso hace difícil ganarse el respeto en un mundo de adultos. Pero luego, cuando te conocen, sucede naturalmente. Trabajar con gente de mi edad también es muy bonito. Hay algo en que acabamos de salir al mundo y una ambición de contar y de crear que es muy difícil de combatir.
“Siempre he sido la más pequeña del grupo y en ocasiones eso hace difícil ganarse el respeto en un mundo de adultos. Pero trabajar con gente de mi edad también es muy bonito. Hay algo en que acabamos de salir al mundo y una ambición de contar y de crear que es muy difícil de combatir”
(H) – Eso te habrá ayudado a madurar un poco más rápido que otras personas de tu edad.
(P) – Sí, y sobre todo a estar rodeada de información, y de gente que ya tiene también un recorrido y mucha experiencia. Imagínate ser una niña en pleno desarrollo y poder ver, oír y disfrutar de cerca de mentes y universos como los de Pablo Berger, León de Aranoa, Almodóvar, García Sánchez y ahora Sam Levinson. He sido muy afortunada de poder aprender y disfrutar de sus testimonios en vivo y en directo.
(H) – Una cuestión que siempre cierne sobre los personajes públicos es si hablar o no hablar de política.
(P) – Si tienes un foco, entiendo que tienes una responsabilidad. Pero también creo que hay que dejar hablar a las personas que realmente tienen la información, los que saben de las cosas verdaderamente. La política, aunque es sumamente necesaria e imprescindible para el avance de nuestra sociedad y de las causas sociales; lamentablemente a veces es algo que divide. Pero creo que son muchas más las razones que nos unen, y es ahí cuando es importante alzar la voz.

PRESENTE, FAMILIA Y FUTURO
En un momento de la charla Priscilla habla de la maternidad; aunque esa opción no es ningún plan inmediato, señala «todas las alternativas que hay incluso más allá del reloj biológico». Ser mujer, joven y bonita también es un sello que indefectiblemente marca más a las chicas que a ellos: «Entiendo que la imagen, y sobre todo en nosotras, es algo en lo que la gente se fija. Pero para mí es fundamental entender que esto no puede ser más trascendente que la calidad del trabajo».
Más allá del trabajo sorprende que siga viviendo en familia: «Vivo sola por temporadas. Tengo mi propio piso, pero no tengo prisa por vivir por mi cuenta y suelo hacerlo con mi familia. Voy con calma. Sé que habrá algún momento en el que ya no van a estar, así que estoy aprovechando lo máximo posible para aprendérmelos de memoria», asegura. Entretanto, aprovecha esos espacios de la vida cotidiana para cocinar: «Es algo que he heredado de mi padre. Me gusta mucho hacer mis elaboraciones. Pero lo que más me alienta es viajar. Entender otras culturas de cerca», añade.
(H) – El tuyo no es un trabajo fácil. ¿Alguna vez has sentido miedo?
(P) – No te voy a mentir. Cada vez que te enfrentas a alguna nueva propuesta o te encuentras en un nuevo set, siempre da algo de miedo. Pero que no esté todo controlado no es nada malo. Creo que eso siempre hace que el proyecto sea ambicioso.
(H) –¿Y tú, qué ambicionas como actriz?
(P) – Los actores siempre estamos un poco sujetos a las propuestas que llegan. Pero todavía estoy en proceso: soy muy joven y lo mío ha sido muy progresivo también, así que afronto lo que venga de manera humilde, dentro de lo que cabe, quiero ir poco a poco. Aunque ahora lo estoy viendo desde otra dimensión, con lo que supone un proyecto tan internacional como el que vengo ahora a hacer. Y todavía esa cuestión la estoy un poco conformando.
(H) – Todo el mundo te pregunta por Zendaya o por Rosalía, y aunque no puedes desvelar nada, ¿qué impresión te dio trabajar con ellas?
(P) – Cuando trabajas con alguien al que admiras profundamente, prefieres callar y escuchar lo que el otro tenga que decir. Pero ha sido un privilegio verla trabajar, no solo como actriz, sino como productora del show. Ella supervisa el proceso.
(H) – Por último y para aquellos que no te conocen todavía, ¿cómo les contarías quién eres?
(P) – Priscilla es alguien que todavía se está conociendo a sí misma. Todavía no sé quién soy… Puedo tener una idea, pero todavía estoy conformando la idea de qué quiero hacer, de dónde quiero ir, de cuáles son las prioridades en la vida, de cuál es el precio de las cosas, de cómo funciona el mundo… y esta es una cuestión que trasciende lo profesional.

Priscilla Delgado protagoniza esta entrevista en el número 3 de HIGHXTAR., conducida por Paloma Leyra, con fotografía de Fede Delibes y estilismo a cargo de Alfredo Santamaría.

CRÉDITOS
Fotografía Fede Delibes (@fededelibes)
Dirección creativa Alfredo Santamaría (@gothic__sport)
MUAH Miguel Ángel G. Tragacete (@tragacetemakeup) para Dior Beauty
Asistente de fotografía Bosco Wasthere
Asistente de estilismo Agustina Piriz (@agustinapirizc)
Asistente de MUAH Iera Sarasketa (@ierasaras.muah)
Producción Odyssey (@odysseyfam)
Productora ejecutiva María Rodicio (@maria.rodicio)
Producers Lara Rodicio (@lararodicio), Consuelo Malumbres
Asistente de producción Toño Montilla
Set Umbo Space (@umbospace) / Talent Management Mambo Creatives (@mambo.creatives)
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