Por qué este artista de 80 años es más salvaje que cualquiera que conozcas

Paul McCarthy es uno de los artistas vivos más influyentes del mundo, también uno de los más dinamiteros. Estuvimos con él en su inauguración en Madrid durante la semana del arte.

Por qué este artista de 80 años es más salvaje que cualquiera que conozcas
Fotograma de 'A&E (Adolf & Eva, Adam & Eve)', de Paul McCarthy. Imagen cortesía de la galería Bowman Hal (SOLO CSV).

Que nadie se fíe de las apariencias. Este venerable anciano oculta una mente peligrosa.

Paul McCarthy en su visita a SOLO CSV, en Madrid. Imagen cortesía de Bowman Hal.

Paul McCarthy (Salt Lake City, EE UU, 1945) se convirtió hace unos días en una de las presencias más comentadas de la semana del arte en Madrid. No solo por su expo individual inaugurada por Bowman Hal, la galería de SOLO CSV, en colaboración con la todopoderosa Hauser & Wirth. También por su capacidad para tumbar de agotamiento a quienes le hicieron de camarilla esos días. Lo mismo amanecía recibiendo a las visitas en su exposición que cerraba la coctelería Cock a altas horas de la noche. Por el camino, le dio tiempo a compartir cena en el propio espacio SOLO CSV con buena parte de la modernidad madrileña en una cita orquestada por Soho House. HIGHXTAR. también estuvo con él durante su visita.

Para quienes habitan el arte, este creador de Los Ángeles es una eminencia, una de las personalidades más provocadoras desde los años 80 hasta hoy, que ha hecho de la incorrección política su mejor arma contra establishment. McCarthy utiliza todos los formatos a su alcance (performance, vídeo, instalación, dibujo, escultura) para, según nos cuenta, “ponernos ente el espejo del absurdo estilo de vida occidental y de la naturaleza humana en general”. Y lo hace tiñendo la escatología, el sexo o la violencia de cultura pop, humor y abundantes dosis de mala leche. Si aún no te has adentrado en el universo de Paul McCarthy, aquí va una guía rápida.

Dos de los dibujos automáticos de gran formato de Paul McCarthy expuestos estos días en la galería Bowman Hal.

El presente: entre Hitler y Santa Claus

Las barbas que luce hoy McCarthy se deben al personaje por el que vive secuestrado: Santa Claus. Una evolución simbólica del monstruo corporativo (él lo llama “el dios del dinero”) que viene del personaje primigenio de la serie de vídeos que actualmente ocupa su tiempo, Adolf Hitler. En sus largas performances grabadas en vídeo escenifica su particular denuncia del fascismo a través de un arquetipo patriarcal intercambiable que encarna en figuras que mutan de una a otra y que van tomando los rasgos de Hitler, Walt Disney, George Bush Jr., Donald Trump o Santa Claus.

Los dibujos automáticos de gran formato (de dos por tres metros aproximadamente cada uno) que ahora expone en Bowman Hal los realiza casi en trance, arrastrándose por el suelo, mientras se graba durante horas metido en el papel de esa mutación grotesca de Hitler junto a una Eva Braun procaz caracterizada por la actriz alemana Lilith Stangenberg. El objetivo siempre es el mismo: explorar las dinámicas de poder. De ahí el título de este proyecto, A&E, siglas que le permiten contraponer conceptos como Adolf & Eva, Adán & Eva, América & Europa, Arte & Entretenimiento.

Un plug anal en mitad de la Plaçe Vendôme

En octubre de 2014, París amaneció con un tapón anal inflable de 24 metros de alto erigido en la Plaçe Vendom, símbolo napoleónico y epicentro del lujo. Por su forma y color verde aparentaba cumplir su objetivo: convertirse en un decorativo árbol de navidad de cara a las fiestas navideñas. Pero nadie se llamó a engaño. Aquello era un juguete sexual gigante en mitad de un lugar emblemático para la nación. La complicidad del ayuntamiento con el chiste no evitó que a alguno no le cayera en gracia. El día de la instalación, un tipo que pasaba por allí le arreó dos bofetones a McCarthy al grito de “¡estás insultando a Francia!”. En apenas 24 horas, su árbol fue vandalizado y desinflado por un grupo de desconocidos que amenazaron a los guardias. Y ya no se volvió a levantar. Eso sí, quedaron cientos de memes para el recuerdo.

Las esculturas inflables gigantes de McCarthy han tomado algunos lugares públicos desatando la polémica. No solo por sus motivos: cerdos gigantes decapitados, elfos de Santa Claus sosteniendo un tapón anal o botes de kétchup (un objeto pop que a McCarthy le remite a un fálico símbolo del consumismo). La caca gigante inflable que instaló en 2008 en Berna (Suiza) frente al museo Paul Klee echó a volar por un golpe de viento y acabó aterrizando en una residencia infantil cercana.

Mierdas de artista

Cuando Paul McCarthy estaba recién aterrizado de Utah en Los Ángeles y era un aspirante más a abrirse camino en el arte, desafió todas las convenciones con una performance titulada Shit face painting (1974), que versaba literalmente sobre lo que anuncia su título. Emulando las antropometrías de su admirado William Klein, en las que aquel artista colaboraba con modelos desnudas cubiertas de pintura azul para impregnar los cuadros con sus cuerpos, McCarthy hizo de pincel humano embadurnándose con sus propios excrementos para pintar arrastrándose por un lienzo.

Desde entonces hasta hoy, la comida y los fluidos corporales han servido de materia prima para muchas de sus obras. A nuestra pregunta de si la mierda que utiliza es real o ficticia, responde: “A veces es real y a veces no. Pero cuando es falsa se pierde impacto. La mierda es una sustancia provocativa. La utilizo para cuestionar la normalidad. Hay gente que no puede soportar que use mierda, sin embargo nos enfrentamos a cosas mucho más repugnantes cotidianamente que toleramos con la mayor naturalidad”.

El tomate millonario

Paul McCarthy estuvo a punto de caer en el olvido como artista. Tal y como él mismo nos recuerda, no vendió ninguna obra hasta los 45 años. Sobrevivía repartiendo su tiempo como técnico en Hollywood (participó, por ejemplo, en el departamento de efectos especiales de Star Trek, 1979) y obrero de la construcción hasta que consiguió un puesto como profesor de arte. Pero en los 90 su suerte cambió para acabar convirtiéndose en uno de los artistas vivos más influyentes del mundo. Tomato Head (Green) (1994) data de esa época. Esta escultura como salida de un cartoon, una mezcla entre Pinocho y Mr. Potato (el primer juguete que se anunció en la tele, en 1949), sentó las bases de muchas de sus críticas hacia la sociedad de consumo y la distorsión identitaria que provoca en cada individuo.

Hasta tal punto que en 2011 alcanzó una suma récord de subasta en Christie’s de 4,5 millones de dólares. “Pero ese precio es del mercado secundario. Alguien lo compra y después lo subasta. Mi galería la vendió en su día por un valor mucho menor. Yo jamás he percibido una cantidad así por una obra mía, ni de lejos”, nos aclara.

Walt Disney y Blancanieves en una orgía con los enanitos

Podría sonar a una de tantas parodias que hace el cine porno sobre los iconos de la cultura popular. Pero la obra de McCarthy titulada White Snow (2013) supone una vuelta de tuerca que va mucho más allá que una simple fetichización erótica del primer blockbuster de Walt Disney. También es su producción más ambiciosa hasta la fecha. Presentada con una macroinstalación en el Park Avenue Armory de Nueva York, recreó el bosque de los enanitos arrasando todos los códigos de la inocencia representados por el cuento original. En las 47 horas filmadas en total, los enanitos se entregan a una bacanal delirante junto a Blancanieves en la que el propio Walt Disney (caracterizado por Paul McCarthy, por supuesto) acaba también siendo objeto de abusos sexuales.

Imagen de ‘White Snow’. Cortesía de Paul McCarthy.

En el centro de todo, la casita de los enanitos, presentada como el escenario de alguna escena truculenta, es una reconstrucción casi exacta de la casa en mitad de la nada en Utah donde creció el artista en el seno de una familia mormona no practicante. Su padre era carnicero; su madre, ama de casa con ciertas dotes artísticas. “Él se parecía a Walt Disney; ella, a Blancanieves”, nos revela. Que cada cual saque sus conclusiones freudianas al respecto. Disneyland se inauguró cuando él tenía 10 años. Desde que lo llevaron de niño, McCarthy creció obsesionado con el trampantojo de la vida que suponían aquellas montañas rusas y castillos de cartón piedra. Una obsesión que sigue guiando sus pasos hoy. ¿Por qué? “Disney es un reflejo perfecto de la América corporativa y su afán por tomar el resto del mundo. Mi obra también trata de cuestionar eso”, concluye.

La instalación expositiva A&E, Adolf/Adam & Eva/Eve, Drawing Sessions 2020–2022 with Lilith Stangenberg puede visitarse en la galería madrileña Bowman Hal de SOLO CSV (Cuesta de San Vicente, 36) hasta el 16 de mayo.

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