En el centro de Madrid, a pocos pasos del bullicio urbano, existe un restaurante que parece querer permanecer en secreto. No tiene el estruendo de los locales de moda ni la espectacularidad de los restaurantes pensados para las redes sociales. Ticuí funciona casi como un escondite gastronómico: discreto, elegante y profundamente personal.
Este nuevo proyecto del Grupo Puntarena, responsable también del reconocido Puntarena, propone una lectura contemporánea de la cocina del Pacífico mexicano a partir de una idea clara: trasladar el espíritu de México a Madrid sin caer en la caricatura culinaria.
La propuesta está liderada por el chef Federico Rigoletti, que condensa en la carta recuerdos personales, viajes y más de treinta años de oficio. El resultado es una cocina refinada, profundamente aromática y sorprendentemente equilibrada, donde el producto español dialoga con la tradición mexicana con naturalidad.
El sabor del Pacífico mexicano
La carta de Ticuí es deliberadamente breve. No es un gesto de austeridad, sino de precisión. Está organizada en tres secciones —barra fría, comal y cocina— y cada plato responde a una idea clara: respetar la identidad del Pacífico mexicano sin renunciar a la elegancia contemporánea.
Uno de los bocados que mejor resume el espíritu del restaurante es la tosta de camarón. Servida sobre una base crujiente, el marisco aparece tratado con delicadeza, apenas aliñado con cítricos y acompañado de ingredientes que aportan frescor y contraste. Es un plato ligero pero lleno de matices, donde el dulzor natural del camarón se equilibra con acidez y picante.
Los aguachiles, clásicos del litoral mexicano, mantienen aquí su carácter vibrante. El jugo cítrico —intenso, punzante— envuelve el pescado o el marisco con una claridad aromática que recuerda a las cocinas playeras de Sinaloa o Nayarit. Rigoletti evita saturar el plato con elementos innecesarios y apuesta por un equilibrio limpio entre frescor, picante y textura.
Pero quizá donde el restaurante se muestra más convincente es en la sección del comal, el corazón técnico de la cocina mexicana. Aquí se elaboran tortillas de maíz al momento, una decisión que transforma por completo la experiencia gastronómica. La textura caliente y ligeramente tostada del maíz envuelve rellenos que van desde pescados del día hasta carnes cocinadas lentamente.
Los tacos de pescado, inspirados en las costas de Baja California, destacan por su equilibrio: pescado jugoso, fritura ligera y salsas que aportan complejidad sin ocultar el sabor principal. Cada bocado tiene esa mezcla de informalidad y precisión que caracteriza a la mejor cocina callejera mexicana.
También aparecen gorditas y tlayudas, reinterpretadas con una presentación más depurada pero respetando su esencia popular. En ellas el maíz vuelve a ser protagonista: profundo, aromático y ligeramente dulce.
Cocina mexicana contemporánea sin artificios
Lo que distingue a Ticuí de muchos restaurantes mexicanos en Europa es su renuncia a la espectacularidad gratuita. Aquí no hay platos diseñados para sorprender visualmente ni combinaciones excesivamente complejas. Rigoletti apuesta por otra vía: profundizar en los sabores esenciales.
El uso del producto español resulta clave. Mariscos del Atlántico, pescados frescos y verduras de temporada se integran con ingredientes mexicanos como chiles secos, hierbas aromáticas o maíz nixtamalizado. Esta mezcla no busca fusionar culturas de forma superficial, sino construir un lenguaje culinario coherente.
El resultado es una cocina elegante pero accesible, donde cada plato parece haber sido pensado para disfrutarse sin esfuerzo.
Un viaje líquido a través del agave
La experiencia gastronómica se amplía con una de las barras de destilados de agave más interesantes de la ciudad. La coctelería está dirigida por Daniel Quezada, que ha construido una propuesta líquida tan ambiciosa como coherente con la cocina.
Tequilas, mezcales y raicillas forman la base de cócteles que combinan técnicas contemporáneas con ingredientes naturales. Algunos destacan por su perfil ahumado, otros por la frescura cítrica o herbal, pero todos comparten una idea clara: acompañar la comida sin imponerse sobre ella.
La barra también ofrece una selección notable de bebidas sin alcohol, elaboradas con el mismo nivel de detalle que los cócteles clásicos.
Arquitectura, artesanía y gastronomía
El espacio diseñado por el arquitecto Javier Sánchez y su estudio JSa convierte el restaurante en algo más que un lugar para comer.
El interior mezcla materiales naturales, artesanía mexicana y diseño contemporáneo. Textiles de ixtle y totomoxtle, cerámica madrileña, carpintería realizada en Ciudad de México y los murales de cobre perforado del artista Pavel Paredes construyen un espacio cálido y sofisticado.
El restaurante se organiza en dos ambientes. El primero está dominado por el comal y la cocina abierta, donde el movimiento constante de las tortillas recién hechas marca el ritmo del servicio. Al fondo aparece un patio interior lleno de vegetación, un espacio luminoso donde se concentra la barra de coctelería y donde el ambiente se vuelve más relajado.
Una de las cocinas mexicanas más interesantes de Madrid
En una ciudad donde la cocina mexicana ha crecido de forma notable en los últimos años, Ticuí destaca por su equilibrio entre autenticidad y refinamiento.
No busca reproducir el México más popular ni tampoco reinterpretarlo de manera radical. Su mérito está en otro lugar: capturar la esencia del Pacífico mexicano, sus sabores frescos, su libertad culinaria, su relación con el mar, y trasladarla a Madrid con elegancia y sensibilidad.
El resultado es un restaurante que seduce sin estridencias. Un lugar donde la cocina, la arquitectura y la coctelería dialogan con naturalidad y donde cada plato recuerda que la gastronomía también puede ser una forma de viajar.
En Ticuí, el trayecto empieza con una tortilla caliente recién salida del comal. Y termina, casi sin darse cuenta, con la sensación de haber estado durante unas horas en alguna playa del Pacífico mexicano.
Ya puedes conocer más el restaurante en ticui.es.
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