Desde que aterrizamos, entendimos que esto no iba solo de música. Durante varios días, la ciudad se convirtió en el epicentro de una forma distinta de vivir los festivales: más cercana, más real y sin esa capa de artificio que muchas veces lo envuelve todo. El cartel hablaba por sí solo. Carin León, anfitrión y alma del proyecto, lideraba una propuesta donde el directo es protagonista absoluto. Pero lo interesante es que no estaba solo. Sobre el escenario vimos a artistas como Kany García, con esa sensibilidad que atraviesa cualquier género; Alejandro Sanz, que no necesita presentación y que elevó el momento a algo casi generacional; o Midland, aportando ese toque country que encajaba perfectamente con la narrativa del festival. Y, por supuesto, Grupo Frontera, conectando con el público desde esa mezcla de sonidos que ya define una nueva era dentro del regional mexicano.
Cada show tenía algo especial, pero lo que realmente nos llamó la atención fue la conexión constante. Aquí no hay distancia. El público canta, los artistas responden y todo sucede en un mismo plano, sin jerarquías. Pero La Cura Fest no termina cuando bajas del escenario principal. Había un espacio que resumía perfectamente el espíritu del festival: el escenario Rodeo. Entre conciertos, aquello se transformaba en lo que su nombre promete (rodeos reales, acción, polvo, energía) y una forma de mantener la experiencia viva en todo momento. No era un “entretiempo”, era parte central del universo La Cura. Un recordatorio de que aquí todo gira alrededor de la cultura que representa esta música.
Y luego está lo que no se programa. Tuvimos la oportunidad de vivir momentos que no suelen formar parte del relato oficial: compartir fiesta con el propio Carin León, con los chicos de Grupo Frontera y con otros artistas en un entorno completamente relajado. Sin barreras, sin protocolos, sin esa sensación de acceso limitado. Todo fluía de forma natural, como si el festival no terminase nunca. Ahí es donde La Cura Fest se diferencia de verdad.
Más allá del lineup o la producción —que está a un nivel altísimo—, lo que define esta experiencia es el cuidado. Desde el primer momento, el equipo estuvo pendiente de todo, asegurándose de que cada detalle estuviera bajo control. Nos sentimos acompañados, bien recibidos y, sobre todo, parte de algo más grande. Hermosillo también juega su papel. El calor, la energía de la gente, la manera en la que la música forma parte de la vida cotidiana… todo suma para que la experiencia tenga sentido.
Y ahora, lo importante: La Cura Fest llegará a España el próximo año. Si consiguen trasladar lo que hemos vivido aquí —esa mezcla de autenticidad, cercanía y celebración constante—, estamos ante uno de los movimientos más interesantes que pueden aterrizar en el panorama nacional. Porque cuando un festival consigue que dejes de pensar en el contenido y empieces a vivir el momento, sabes que hay algo especial detrás. Gracias a todo el equipo por cuidarnos así. Nos vemos en la siguiente.
Carín León: «Hay que volver a la marca personal. Yo no me quito el sombrero».
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