No todas las series resisten el paso del tiempo. Algunas dominan la conversación durante una temporada y se disuelven. Otras, consiguen algo más complejo que es convertirse en un referente visual y estético para una generación como es el caso de Euphoria. Su tercera temporada, creada, escrita y dirigida por Sam Levinson, se estrena en España el 13 de abril en HBO Max con ocho episodios de emisión semanal. Desde HBO Max explican la trama en estos términos tan genéricos: «Un grupo de amigos de la infancia lidian con la virtud de la fe, la posibilidad de redención y el problema del mal.»
Rodada en 35 mm y 65 mm con una nueva emulsión de Kodak, una decisión poco habitual en televisión, la serie amplía su escala visual al mismo tiempo que abandona el instituto para adentrarse en un mundo más abierto y, al mismo tiempo, más hostil. Pero reducir Euphoria a su evolución argumental o a su ambición estética sería simplificar su alcance. La serie vuelve a poner en juego una lectura precisa de las tensiones generacionales contemporáneas y funciona como un sistema de representación de su tiempo. Aquí van cinco razones por las que no te puedes perder esta nueva temporada.

1. Porque Euphoria sigue siendo el gran retrato audiovisual de una generación
El gran hallazgo de Euphoria nunca fue hablar “de jóvenes”, sino entender que la juventud ya no puede contarse como rito de paso, sino como estado de exposición permanente. La serie convirtió la adolescencia y la primera adultez en un campo de batalla donde conviven adicción, deseo, performatividad, trauma, vigilancia social y necesidad de afecto. Que esta tercera temporada abandone el instituto y avance temporalmente hacia una etapa más adulta es el reconocimiento de que sus personajes ya no viven en la lógica protegida del coming-of-age, sino en el territorio mucho más áspero de la intemperie moral. La propia información avanzada por HBO Max sitúa la temporada bajo tres grandes ejes, fe, redención y mal y confirman un salto temporal de varios años que desplaza a Rue, Jules, Nate, Cassie y compañía a una vida post-escolar.
Euphoria representa a una generación que creció entre la ansiedad digital, la teatralización del yo en redes y el derrumbe de cualquier idea estable de futuro. En ese contexto, la serie no funciona solo como melodrama adolescente, sino como la imposibilidad de consolidar una identidad, la mercantilización del cuerpo, la ambivalencia ante el sexo, la fragilidad de la salud mental y la búsqueda de una ética propia después del colapso de las estructuras tradicionales. La nueva premisa, con su lenguaje casi teológico, no parece un capricho de Levinson sino una evolución lógica: cuando desaparece el decorado escolar, lo que queda ya no es el drama teen, sino la pregunta por cómo vivir cuando ni la familia, ni la comunidad, ni el deseo han sabido ordenar el mundo.

2. Porque el casting y la presencia de Rosalía y Priscilla Delgado son un must
El núcleo de Euphoria sigue sostenido por uno de los elencos más definitorios de la televisión reciente: Zendaya, Hunter Schafer, Jacob Elordi, Sydney Sweeney, Alexa Demie, Maude Apatow, Eric Dane y otros nombres que no solo crecieron con la serie, sino que ayudaron a definir el nuevo star system audiovisual. HBO Max confirman además el regreso de figuras como Colman Domingo, Dominic Fike o Nika King, y la entrada de invitados, entre ellos Sharon Stone, Natasha Lyonne, Marshawn Lynch, Danielle Deadwyler, Toby Wallace y Adewale Akinnuoye-Agbaje.

Pero dentro de ese casting coral hay dos nombres que, vistos desde aquí, cargan con una potencia simbólica particular: Rosalía y Priscilla Delgado. Ambas aparecen asociadas al material promocional y al tráiler, y su presencia desplaza un poco el centro de gravedad de la serie. Rosalía llega no solo como celebrity cameo, sino como artista total cuyo proyecto ya venía dialogando con muchos de los códigos que Euphoria convirtió en lenguaje de masas. Verla dentro de Euphoria es conectar dos imaginarios que desde hace años comparten sensibilidad pop, estilo y una relación con la autenticidad y la identidad.
En el caso de Priscilla Delgado, la lectura es distinta y quizá todavía más interesante. Su entrada funciona como síntoma de una televisión estadounidense cada vez más permeable a rostros y trayectorias internacionales que no llegan necesariamente desde la maquinaria tradicional del blockbuster, sino desde una circulación más híbrida entre cine, streaming y escena global. La presencia de una actriz española joven dentro de Euphoria demuestra que la serie ya no solo es un retrato de la juventud norteamericana, sino que representa a una generación con sensibilidades compartidas.

Además, el propio reparto ayuda a entender el giro de tono de esta temporada. La combinación entre el núcleo joven, figuras adultas de gran peso como Sharon Stone y presencias fronterizas entre música, internet y cultura pop crea una textura de casting muy contemporánea. Euphoria sabe que hoy una ficción no se limita a sus personajes; dialoga con las biografías públicas, los fandoms, la moda, la música, el meme, el algoritmo. Y por eso castear también es teorizar.

3. Porque su estilismo y su dirección de arte siguen siendo una radiografía precisa de cómo se construye la identidad hoy
Si Doniella Davy convirtió el maquillaje en sintaxis emocional, Heidi Bivens hizo algo equivalente con el vestuario. La diseñadora de vestuario de Euphoria lleva años explicando que cada personaje posee una lógica propia de estilo, y que la ropa funciona como una traducción psicológica. Entrevistas con Entertainment Weekly, WWD, Vogue y System coinciden en una idea: Bivens no diseña para que los personajes “queden bien”, sino para que su ropa revele su posición emocional, social y aspiracional. Sam Levinson, de hecho, le dejaba en los guiones mensajes del tipo “Heidi, do your thing”, una fórmula que resume hasta qué punto el vestuario en Euphoria es relevante.
Esa dimensión importa especialmente ahora porque Euphoria ya no retrata únicamente la estética de una adolescente californiana hiperestilizada, sino el tránsito de esa iconografía hacia una fase más adulta. En sus primeras temporadas, la serie reconfiguró el imaginario Y2K, la sensualidad de low-rise skirts, baby tees, mallas, vestidos de fiesta imposibles y todo un repertorio de códigos entre el mall culture, el porno chic y la nostalgia digital. Bivens demostró que, para la generación retratada, el estilo es una manera de ensayar personalidad, de negociar estatus, de sexualizarse, protegerse o desaparecer. Que esta temporada avance más allá del instituto obliga a preguntarse cómo mutan esos códigos cuando la performance juvenil se enfrenta con la realidad material del mundo adulto.

4. Porque pocas series contemporáneas tienen una mirada audiovisual tan ambiciosa y tan consciente de su propio poder icónico
La tercera temporada se rodó con una nueva emulsión cinematográfica de Kodak en 35 mm y 65 mm, y HBO Max. Discovery subraya que es la primera serie de ficción narrativa que filma un volumen significativo de metraje en 65 mm. Sam Levinson y el director de fotografía Marcell Rév colaboraron con Kodak para llevar esa película al terreno televisivo, buscando una imagen “expandida” que acompañe el viaje de los personajes fuera del instituto y hacia un mundo “más amplio y salvaje”.
El 65 mm introduce escala, pero también solemnidad; obliga a mirar a los personajes no como avatares veloces del algoritmo, sino como figuras inscritas en un mundo más pesado, más físico, más trágico. Si en las primeras temporadas Rév ya había construido una iconografía nocturna y líquida, entre el sueño febril, el videoclip y el melodrama barroco, este salto de formato parece reforzar el paso de la subjetividad adolescente a una sensación más expansiva, casi fatalista, del tiempo.

Aquí conviene detenerse en Sam Levinson. Su escritura y dirección han sido discutidas y a veces controvertidas, pero incluso sus detractores suelen concederle una intuición visual fuera de escala para la televisión. Levinson trabaja desde una puesta en escena que no separa nunca narración y estado mental: el movimiento de cámara, la duración de los planos, la suspensión del tiempo, la frontalidad del rostro o la saturación lumínica dicen tanto como el diálogo. Esa fusión entre melodrama y estilización operística explica por qué Euphoria es una experiencia tan sensorial. La tercera temporada, al abrazar el 35 y el 65 mm, parece empujar esa estrategia hasta una escala casi cinematográfica.
Y luego está la música, otro elemento decisivo en esa inmersión. Labrinth, cuyo trabajo definió el paisaje sonoro de las primeras temporadas y dio a la serie una dimensión litúrgica y pop a la vez, regresa esta vez acompañado por Hans Zimmer, según informó Variety en 2025. Labrinth aporta la respiración emocional y la mística contemporánea; Zimmer, si se confirma en pantalla con el peso que se le atribuye, añade escala, gravedad y una musculatura dramática distinta.

5. Porque su universo de belleza ha creado tendencia entre los más jóvenes
Pocas veces una serie ha transformado de manera tan directa la conversación global sobre belleza como Euphoria. Y eso no ocurrió por accidente, sino por el trabajo de Doniella Davy, la jefa de maquillaje y gran arquitecta de un lenguaje visual que hizo del glitter, los rhinestones, el eyeliner gráfico y la lágrima decorada algo más que una tendencia: una forma de narrar estados emocionales. El maquillaje de Euphoria nunca fue ornamental, sino “emotional storytelling”, infraestructura narrativa. Ella misma ha defendido un uso del maquillaje alejado del minimalismo disciplinario del “clean girl”, más cercano a la transformación, al alter ego y a la convicción expresiva.

Eso es fundamental para entender por qué esta temporada importa. Euphoria convirtió el rostro en un espacio de enunciación política. En un ecosistema cultural obsesionado con la legibilidad, la marca personal y la corrección estética, la serie reivindicó una belleza inestable, excesiva, vulnerable y, a ratos, deliberadamente antinormativa. El maquillaje no “embellece” a los personajes, sino que expone su fragilidad, subraya su máscara social o contradice lo que dicen. Si esta temporada entra en terrenos más sombríos y adultos, cabe esperar que Davy vuelva a modular ese vocabulario hacia una expresividad menos festiva y más espectral.
A su lado, el trabajo de peluquería también ha sido clave para construir identidad, y en esta tercera temporada la referencia central es Kim Kimble, acreditada como hair department head en el regreso de la serie. Kimble, una figura histórica del hair styling afroamericano y del star system musical, ha explicado en la Television Academy algo muy simple pero muy útil para pensar Euphoria: el pelo altera la percepción de una misma y puede activar otra “persona”, otra confianza, otra presencia. Ese principio, llevado al universo de Levinson, significa que el peinado nunca es secundario. No es casual que una serie tan obsesionada con el yo performativo trate el beauty como parte fundamental.

Rosalía se convierte en el rostro global de Calvin Klein para el relanzamiento de Euphoria.
Sigue toda la información de HIGHXTAR desde Facebook, Twitter o Instagram
Podría interesarte…