La luz cae suave sobre las paredes verdes de Il Giardinetto filtrada como si el tiempo dentro del espacio no avanzara al mismo ritmo que fuera. Los invitados, sentados, degustan una copa de cava en un entorno que recrea un jardín interior de inspiración años veinte. El murmullo de las conversaciones se mezcla con el sonido del piano de cola. Durante unos segundos no queda claro si el desfile ya ha comenzado o si todavía está por empezar. Como el público asistiera a algo que ya estaba ocurriendo antes de llegar. Entonces, sin anuncio, una figura aparece en lo alto de la escalera. Y con esa escena, empieza el último desfile de Aurembiaix de la colección AW26.
Esta una construcción atmosférica que diluye la frontera entre desfile y experiencia define la lógica de la marca, fundada por Chloe y Flor. Chloe, formada en el London College of Fashion, ha desarrollado su práctica en el vestuario escénico, donde la ropa no es solo imagen, sino estructura y función. Su paso por el departamento de sastrería del Gran Teatre del Liceu y su trabajo en cine y teatro se perciben en la manera en que las prendas están pensadas para habitar el cuerpo. Flor, formada en Bellas Artes en Wimbledon College of Arts y vinculada a la performance y al estilismo, introduce una mirada más conceptual, más atenta a la imagen como construcción.
Aurembiaix, nombre que remite a Aurembiaix de Urgell y, con ello, a un imaginario medieval profundamente arraigado en la historia catalana, no recurre al pasado como referencia visual, sino como estructura de pensamiento. La colección no reproduce la estética de la Edad Media, pero sí opera desde su lógica. La del vestido entendido como ensamblaje. A partir de ahí, la propuesta se abre a otras temporalidades: la Belle Époque, la década de 1920 de Jeanne Lanvin, la sobriedad utilitaria de los años cuarenta, generando así una superposición de referencias que evita cualquier lectura lineal.
La nueva colección se despliega, en este sentido, como una investigación sobre la forma y el tiempo. Los vestidos de tafetán rosa condensan esa ambivalencia. En superficie, remiten a una feminidad delicada, casi infantil, pero la construcción introduce una tensión que impide esa lectura complaciente. El tejido es rígido, el volumen está contenido y el cuerpo queda ligeramente separado de la prenda. Lo ornamental se convierte en estructura, en una operación que recuerda a Lanvin, aunque aquí atravesada por una incomodidad que la desplaza hacia el presente.
El volante, elemento central en la colección, refuerza esta lógica. En las faldas de organza blanca, las capas se acumulan en una repetición insistente que construye volumen, pero también tiempo. Cada estrato añade densidad y proceso, generando una silueta que no se impone de forma inmediata, sino que parece elaborada a lo largo de una duración. En este punto, la colección dialoga con la concepción del volumen de Cristóbal Balenciaga, aunque despojada de su monumentalidad y llevada hacia una fragilidad más contenida.
La irrupción de piezas utilitarias introduce una fricción que complejiza la lectura. Abrigos de líneas secas, conjuntos de lana en tonos neutros y prendas de vocación funcional rompen cualquier tentación de idealización. En los looks de punto, la colección se desplaza hacia un registro más íntimo. Las franjas de color, discretas pero persistentes, remiten a una memoria doméstica, al tiempo del hacer manual, a la repetición del gesto. Las transparencias, por su parte, establecen una relación ambigua con el cuerpo. Esa tensión constante entre lo visible y lo oculto atraviesa toda la colección.
El texto, firmado por Mariona Valdes, reforzaba esta lógica. «Quick… make a wish! Something that feels right before you can explain it, something that makes sense later, maybe not now. The one you’re not sure you should ask for, the one that would be too much, the one you wouldn’t know how to explain if it happened. Like a voice you haven’t heard in a long time, but could recognise instantly. Or to have back that jumper your grandmother knitted, the one you lost. The smallest thing, or the one that changes everything, the weirdest, the one you keep to yourself, the one that doesn’t fully make sense. The impossible, the ridiculous, the long gone. Something… that finds you anyway. Just don’t say it out loud».
CREDITS
Photography @alvaroariso
Styling @florvioletasobrequespalma @chloe___campbell
Hair @micaelapimentelmua @carmench.artistt
Location @ilgiardinetto
Production @luciapalazziandreu Alejandra Muñoz
Music @palazziandreusimon
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