Cada día, Juan Bohajar abre una caja. No sabe lo que hay dentro. Puede aparecer una vajilla completa, una copa de cristal tallado de Bohemia, un jarrón, una figura de porcelana, unos vasos Duralex, piezas francesas de los años ochenta o cerámica de Manises que llevaba décadas sin ver la luz. Lo graba con el móvil y lo comparte en Instagram. En menos de un mes, la cuenta de Cristal Antiguo pasó de 2.000 a 46.700 seguidores en Instagram, con vídeos que alcanzaron 8,3, 6,5 y 1,2 millones de visualizaciones. Todo sin inversión publicitaria.
Todo ocurre en una nave a las afueras de Murcia, donde el antiguo stock de La Casa del Cristal permanece apilado entre estanterías hasta el techo, cajas de cartón, papel de embalaje y polvo acumulado. Allí esperan miles de platos, copas, vasos, jarrones, figuras de porcelana, vajillas, ceniceros y ollas fabricados entre los años veinte y los ochenta del siglo pasado. Muchas piezas siguen en su embalaje original. Es así donde reside la singularidad del proyecto que no muestra antigüedades al uso, sino restos intactos de un comercio familiar que, décadas después, todavía buscan su primera casa.
La historia se remonta a principios del siglo XX. Juan Bohajar Baró, bisabuelo del actual responsable del proyecto, trabajaba como policía municipal en Murcia y vendía loza y cristal en los mercados locales para mantener a sus once hijos. Uno de ellos, Antonio, entró con trece años como aprendiz en un almacén de distribución de cerámica de Manises. A los dieciocho se hizo con el traspaso del negocio y, con el tiempo, abrió su propia tienda en la ciudad bajo el nombre de La Casa del Cristal.
Durante décadas, Antonio compró piezas de primera, de segunda, saldos, vajillas, cristalerías, porcelanas y objetos cotidianos destinados a formar parte de las casas murcianas. La tienda acabó convirtiéndose en un comercio de referencia. Allí se compraban copas para celebraciones, vajillas para estrenar una casa, platos para el uso diario o piezas que se guardaban “para bueno”, una expresión que resume una manera de entender los objetos domésticos como algo que debía durar.
En 1984, la tercera generación heredó el negocio. Juan Antonio, padre de Juan, continuó al frente de La Casa del Cristal hasta 2008. La llegada de las grandes superficies y de los centros comerciales cambió los hábitos de consumo y la tienda cerró. Años después, un siniestro obligó a trasladar todo aquel stock a una nave en las afueras de Murcia. Allí, el padre de Juan empezó a ordenar el material: catalogar, identificar, limpiar y separar las piezas para intentar darles una segunda vida. No llegó a terminar ese trabajo.
Juan Bohajar, cuarta generación de la familia, no parecía destinado a continuar el negocio. Estudió Derecho durante siete años. Pero en enero de 2024 volvió a la nave y empezó a abrir cajas. Desde entonces no ha parado. Lo que comenzó como una tarea pendiente se convirtió en Cristal Antiguo, un proyecto de venta de menaje vintage sin usar que funciona a la vez como tienda online, archivo familiar y recuperación de un comercio desaparecido. Más de 5.000 referencias de menaje doméstico español y europeo que quedaron suspendidas en el tiempo.
El procedimiento es lento y manual. Cada pieza se localiza, se limpia, se cataloga, se fotografía y se pone a la venta. Algunas se compran a través de la web. Otras se descubren visitando directamente la nave, donde Juan recibe a quienes quieren pasear entre estanterías, mirar, tocar y llevarse aquello que encuentren. La visita reproduce, de algún modo, la experiencia que ha convertido el proyecto en viral, la sorpresa de no saber exactamente qué aparecerá.
El carácter singular del proyecto también ha hecho que despertara interés fuera del circuito habitual de las antigüedades incluso antes de hacerse viral. Cristal Antiguo no funciona como una tienda que selecciona piezas vintage, sino como un archivo de objetos domésticos sin estrenar, con una procedencia concreta y una historia familiar detrás. Esa diferencia ha atraído a marcas como Nomad Coffee, que encontró en la nave unas tazas de origen francés, de alrededor de los años ochenta, todavía sin usar. La marca las numeró y las lanzó como una edición limitada de 125 unidades.
Ya puedes mirar todas las piezas aquí.
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