El negocio de desconectar.
Apps que bloquean redes sociales, retiros sin Wi-Fi, cursos para reaprender el arte de aburrirse e incluso vacaciones pensadas para pasar horas leyendo en completo silencio, el negocio del digital detox vive uno de sus momentos más lucrativos. Y no es casualidad. Cada vez más personas sienten que no pueden separarse del móvil ni cinco minutos, aunque al mismo tiempo fantaseen con desaparecer de internet durante días.
En medio de esa contradicción, la conversación volvió a explotar después de que un tribunal estadounidense ordenara a Google y Meta pagar seis millones de dólares a una mujer que acusó a ambas compañías de agravar su ansiedad y depresión mediante herramientas diseñadas para generar dependencia dentro de sus plataformas. Además de convertirse en el primer fallo de este tipo, el caso podría abrir la puerta a un precedente enorme, especialmente porque actualmente existen cerca de 2.000 demandas similares en distintos países del mundo.
La ansiedad digital ya es un mercado
El caso no solo encendió un debate jurídico y tecnológico alrededor de las grandes plataformas, sino que además dio todavía más fuerza al discurso de los creadores de contenido especializados en bienestar digital. Lo curioso —y también un poco irónico— es que buena parte del negocio de la desintoxicación digital existe precisamente dentro de las redes sociales, el mismo ecosistema que critica constantemente. Entre vídeos sobre productividad, rutinas ‘offline’ y consejos para reducir el tiempo de pantalla, influencers, coaches y expertos en hábitos digitales han convertido la desconexión en una tendencia aspiracional que acumula millones de visualizaciones.
Desde hace años, muchos de ellos promueven una vida más analógica bajo conceptos como touch grass, una expresión popular de internet que invita, literalmente, a salir a tocar césped y reconectar con el mundo real. Así, actividades tan simples como leer un libro, caminar sin auriculares, pasar tiempo al aire libre o incluso aburrirse vuelven a venderse como pequeños lujos contemporáneos.
Del ‘doomscrolling’ al retiro sin cobertura
La industria del digital detox movió más de 2.000 millones de euros en 2025 y, lejos de frenarse, sigue creciendo a golpe de apps que bloquean redes sociales, retos para reducir el tiempo de pantalla y mensajes motivacionales que prometen devolver el control sobre la atención.
Pero la tendencia ya va mucho más allá del móvil, ahora también triunfan los retiros sin Wi-Fi, los hoteles sin cobertura, los clubes de lectura silenciosa e incluso experiencias donde la gente paga por pasar horas leyendo en absoluto silencio junto a desconocidos. En el fondo, todas estas propuestas venden la misma fantasía contemporánea: desaparecer un rato del ruido digital y recuperar, aunque sea por unos días, la capacidad de concentrarse sin interrupciones.
¿Funciona realmente desconectarse?
El problema es que muchas de estas soluciones funcionan solo durante un tiempo. Después de una pausa temporal o de un fin de semana sin móvil, gran parte de los usuarios termina regresando a los mismos hábitos de siempre, atrapados otra vez entre notificaciones, algoritmos y horas infinitas de scroll.
Precisamente por eso, cada vez más expertos creen que el debate ya no puede centrarse únicamente en la fuerza de voluntad individual, sino también en cómo están diseñadas las plataformas digitales para captar atención constante. De hecho, la comparación con la industria del tabaco aparece cada vez con más frecuencia, durante décadas, las grandes compañías cigarreras fueron acusadas de conocer los efectos negativos de sus productos sin cambiar realmente sus estrategias. Ahora, esa misma conversación empieza a trasladarse al universo tecnológico.
En una época en la que todo compite por nuestra atención, desconectarse se ha convertido casi en un lujo. Pasar unos días leyendo en silencio y lejos de las pantallas ya no parece una idea extrema, sino cada vez más deseable. Y ahí está la gran paradoja: cuanto más dependemos de la tecnología, más valor adquiere la posibilidad de escapar de ella, aunque solo sea por un rato. Precisamente en esa necesidad de pausa, la industria del digital detox parece haber encontrado un negocio millonario.
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