El músico alemán está en plena gira europea tras la publicación de su primer álbum, Countless Feelings But So Few Words, que presenta este 21 de mayo en el Café Berlín en Madrid.
Marcel Heym (Achim, Alemania, 1995) es uno de esos músicos que ganó popularidad después de la pandemia. Con su proyecto musical, orbit, decidió abrir sus emociones y hacer de su música un lugar donde abrazar a todo el que necesitase un apoyo. Su ayuda sirve cuando tienes el corazón roto, para bailar en un club y también para cuando te has pasado con la fiesta de la noche anterior y tienes una resaca emocional importante por falta de dopamina. Marcel vivió en cerca de Berghain, en Berlín, y conoce esa sensación. De hecho, aunque allí aprendió mucho, se cansó tanto que tras unos años volvió a su ciudad natal a disfrutar con los suyos, junto al río Weser.
Con Countless Feelings But So Few Words el músico alemán firma uno de los proyectos dream pop más singulares de toda Europa. Es un disco nostálgico sobre su juventud y la adolescencia. Con voces emborronadas, sintetizadores atmosféricos y melodías pegajosas sostiene la idea de comunidad y del DIY (hazlo tú mismo). Sus dos primeras canciones, Perspectives y Friday Night suman más de 45 millones de escuchas. Este 21 de mayo toca, precisamente, en el Café Berlín, en Madrid. Ya ha estado en España y dice admirar las montañas vascas que pudo visitar antes de su actuación en el festival BBK. Nos atiende justo antes del concierto. Se muestra tímido, pero curioso por la música y cultura española.
RAÚL NOVOA (R) – Tocas en el Café Berlín de Madrid siendo alemán y con un disco que tiene una canción titulada «Berlin» que en realidad no va de Berlín. ¿Qué expectativas tienes de este encuentro entre tu mundo y un local que lleva el nombre de tu capital en otro país?
ORBIT (O) – Es muy emocionante porque es una canción muy importante en el álbum y tocar en España es algo especial. He estado aquí antes, de vacaciones varias veces, y he conectado momentos muy buenos con este país. Nos llegó la oferta del Café Berlín y fue divertido porque ni siquiera tenía intención de tocar allí. Simplemente encajó.
(R) – El disco Countless Feelings But So Few Wordscierra una narrativa coming-of-age que abriste en 2020 con Perspectives. ¿En qué momento supiste que este disco era el final de ese ciclo y no otro capítulo más?
(O) – Empezó hace unos dos años, cuando me estaba acercando a los treinta. Los cumplí hace poco y a partir de ese momento entendí que una fase de mi vida estaba terminando. Suena muy dramático, pero en un sentido positivo: siento que estoy cambiando, que algunas cosas de mi vida están cambiando. Esta parte de la música fue una forma de procesar esa fase joven de la vida. Creo que ahora empieza otra fase, con un tono distinto, también hermoso pero diferente. Necesitaba concluir todo aquello.
(R) – Hablas de un «largo verano que termina simbólicamente». ¿Qué marcó ese final para ti?
(O) – Es una especie de energía que tienes cuando estás en los dieciséis, dieciocho. Pasas el día en el instituto y luego no tienes nada más en la cabeza que estar fuera con tus amigos, salir, las chicas, todo eso. El foco en mi vida era muy distinto, y cuando terminó esa etapa me parecía que nunca iba a acabar. En algún momento entendí que no se trata de que algo termine, sino de que la vida está cambiando. Pero al principio se siente como cuando estás en mitad del verano y crees que va a durar para siempre, y de pronto entiendes que siempre acaba.
(R) – Tu canción, Berlin, describe el deseo de los jóvenes de pueblo por escapar a la gran ciudad y la posterior sensación de que ya lo tenían todo en casa. Vives en Achim, una pequeña ciudad cerca de Bremen, pero también viviste en Berlín una temporada. Tú mismo dices que la ciudad no te hacía feliz. ¿Hubo algo del lado más oscuro de la capital que te empujase a volver a casa?
(O) – Sí. Me fui a Berlín con veinte o veintiuno e intenté de verdad ser productor musical. Creo que hay una especie de hambre por ir a la ciudad cuando creces en un pueblo pequeño, porque todo allí es muy tranquilo y poco emocionante. Es normal querer algo más, y como músico además tienes esa imagen de que en Berlín pasan muchas cosas y de que tienes que ir allí para ser alguien. Lo intenté, pero no era feliz, y me di cuenta de que había cosas más importantes en mi vida: mis amigos, que están todos aquí desde el colegio, mis padres, mi hermano.
Vivía a un par de cientos de metros del Berghain, en pleno centro del área de los clubs. Y bueno, fue intenso. Creo que también empecé mal, me sentí rechazado en muchos sitios, y como gran parte de lo que la gente conecta con Berlín tiene que ver con esa escena, la música, los barrios, intenté evitarlo un poco y no ir demasiado dentro de eso. Aun así, era mucho. Cada día podías hacer algo, ir de fiesta todos los días, andar unos metros y encontrarte con músicos… Era una oferta gigantesca de cosas. En algún momento entendí que no necesitaba ese tipo de cosas. Pero algo me quedó: Berlín me abrió la mente. Allí no es tan importante lo que los demás piensen de ti, puedes vestirte como quieras, hablar como quieras, tocar la música que quieras. Eso me gusta mucho. Sigo yendo cuatro o cinco veces al año, tengo amigos allí, hago música allí. Es un lugar precioso para mí.
(R) – El disco lo escribiste durante media década. ¿Cómo conviven en el resultado final el Marcel de hoy y el Marcel de hace cinco años?
(O) – Buena pregunta (risas). Creo que siempre coexisten. Aunque he cambiado, sigo teniendo esa forma algo infantil de hacer música, y algunas maneras de mirar el mundo siguen ahí. Pero no puedo negar, ni quiero negar, que estoy en otro sitio de mi vida que hace cinco años. He aprendido mucho, pero también a veces tengo que reaprender esa forma infantil con la que veía todo a los veintipocos. Reflexiono mucho sobre cómo era mi vida hace años y cómo es ahora.
(R) – Hay nombres muy concretos que aparecen como referencias: Jamie xx, Fred Again, Bon Iver, MGMT, M83, Phoenix, Daft Punk. ¿Cuál de esas referencias dirías que ha sido más difícil de digerir sin que se note demasiado en tu sonido?
(O) – Cuando hago mi propia música intento evitar justificarla por lo que está sonando ahora mismo. Intento estar abierto en todas direcciones, no tener en la cabeza que esta canción debería sonar como Fred Again o como quien sea. Más bien al revés: todo es posible. Es un mindset sano para crear lo que tienes dentro. Pero claro, estoy influenciado por la música que escucho. Hay cosas muy buenas ahora, pero también escucho música más antigua, la que mi padre me ponía de pequeño. Hay mucha música influyéndome en orbit desde el principio. La música siempre es referencia a otra música, no hay nada completamente nuevo. Lo que intento es no centrarme demasiado en lo trendy del momento.
(R) – «Bacardi Beach» toma su nombre del apodo local de un sitio de baño en tu pueblo. ¿Cuánto pesa la geografía concreta de donde creciste en un álbum que suena tan atmosférico?
(O) – Mucho. Cuando creo música a veces me imagino sensaciones concretas que tuve en situaciones concretas. Por ejemplo, un día que pasé con mis amigos en Bacardi Beach. Luego intento volver a esa situación, a ese sentimiento. No es una cosa concreta que sucedió, es un sentimiento que tuve. Es como un sueño que intento recordar. Vuelvo al sueño y trato de trasladar esa sensación a la música. Por eso conecto bastantes canciones con lugares de mi pueblo, porque allí están los sitios de mis amigos, los lugares donde tengo ciertas sensaciones.
(R) – ¿Por qué cantas en inglés y no en alemán?
(O) – Tengo canciones en alemán, pero no las he publicado. Casi nadie lo sabe, solo unos pocos amigos (risas). Es que me gusta más el sonido de la música en inglés. No es que me guste más hablar el idioma, sino el sonido. Cuando escribo música siempre empiezo montando algo, tengo una melodía en la cabeza y esos sonidos forman una sensación. Luego intento encontrar palabras para esas sensaciones, y el inglés encaja mejor en mis melodías. También tengo canciones que son muy difíciles de rellenar con palabras inglesas. Mi canción «3M Still Alive» la dejé como salió, no tiene un significado real, solo una sensación para mí. Dice algo, pero en realidad no estoy diciendo nada ahí, es bullshit.
(R) – Formulaes una historia de amor en gravedad cero. ¿Crees que el amor de los veintipico necesita esa distancia, la de mirarlo desde el espacio, para poder narrarse?
(O) – Sí y no. Creo que es lo contrario, en realidad: es volver a bucear dentro de ese sentimiento. Cuando empecé Formula intenté volver a esa situación, pensar en lo que me movía, y meterme en ese sentimiento. Cerrar los ojos y volver al recuerdo, y decir, vale, sentí esto, entonces este debería ser el acorde. Así que más que distancia, lo que hago es volver a aquel momento.
(R) – Cantas con esa voz emborronada, hablas de llorar en conciertos, de abrazarte a tus… En un momento en que el discurso público sobre la masculinidad está cambiando, ¿sientes que hacer este tipo de música, tan emocional, es también una toma de posición sobre cómo deben ser los hombres jóvenes hoy?
(O) – No es algo que haga a propósito, pero sí es algo que está pasando dentro de mí a medida que crezco. Estoy intentando abrirme, porque era una persona bastante cerrada de adolescente. Era un chaval creciendo influido por la sociedad, que les dice a los hombres que no se abran, que sean serios, fuertes, duros. Aprendí la suavidad de algunos amigos que conocí a principios de los veinte. Ellos me enseñaron a abrirme. Mi hermano también se abrió, y hablamos mucho sobre la apertura emocional a medida que crecemos. Eso se refleja en mi música.
Antes de empezar orbit no podía hacer esto. Cuando arranqué el proyecto fue la primera vez que sentí, vale, puedo abrirme, esto es lo que siento de verdad y quiero contárselo a otros. Es un reflejo de lo que está pasando dentro de mí. Y si eso ayuda a otros hombres a abrirse, sería bonito. Cada vez más, soy un defensor de la suavidad y de abrirnos a las emociones. Creo que tienen una fuerza enorme y que es algo importante hoy en día. Por el contexto internacional también, hay que defenderlo.
(R) – ¿Hay algún otro mensaje que quieras transmitir a tu comunidad?
(O) – Siempre intento decirle a nuestra comunidad que están ahí, que les damos la bienvenida para interactuar, para hacer cosas con nosotros. Es una comunidad abierta donde todos estamos en la misma frecuencia. Intentamos hacer cosas con la gente porque mi equipo y yo somos muy conscientes de la suerte de poder dedicarnos a esto. Si tienen ideas de dónde ir, qué montar, lo que sea, estamos abiertos.
(R) – Te has hecho viral en redes sociales, en TikTok. ¿Cómo afecta eso a tu manera de producir música?
(O) – Intento no dejarme afectar. Por un lado es algo bonito para los músicos jóvenes independientes, poder publicar música sin ninguna gran compañía detrás y llegar a mucha gente. Pero tiene una contra muy fuerte: pone mucha presión a un montón de personas, sobre todo a los músicos, por todos esos números que cuentan tanto. Influye en muchos artistas y también en el arte, porque es difícil ignorar que esto es importante para tu carrera. Yo intento abrir TikTok e Instagram solo para publicar algo, decir algo, cerrarlo y volver a mi mundo, al mundo real, y hacer música ahí sin dejarme influir.
Es una época dura para mucha gente. Conozco a muchos músicos que están sufriendo mentalmente porque sienten la presión de hacer TikTok e Instagram todos los días y se olvidan de hacer música, porque piensan que las redes son lo más importante, y no lo son. Es importante que los artistas hablen entre ellos sobre esto. A mí me hace sentir más ligero, porque a veces me obsesiono con la carrera y entonces me doy cuenta de que no va de eso. Va de hacer música y quizá de crear comunidad, pero comunidad en el mundo real, conocer gente, hablar con ellos. Eso es más importante que la comunidad digital. Aunque no se puede ignorar que las redes también forman parte de construirla. Hay que usarlas, pero usarlas con cabeza.
(R) – Tu sonido se mueve entre el club y la melancolía, entre la euforia y la resaca. ¿Cómo crees que suenan mejor estas canciones?
(O) – Puede ser cualquiera, pero mi escenario más bonito sería una pista de baile en lo alto de una colina, en las montañas. Hicimos algo así hace dos meses. Estaba en Los Ángeles y un fan me escribió por Instagram para invitarme a su casa, en las colinas de Malibú. Pensamos en montar una sesión musical allí, llevar mi equipo y empezar algo. En 24 horas se montó un día de locura: él llamó a sus amigos para que llevaran altavoces, baterías, un piloto de dron. Al día siguiente subimos a la colina e hicimos un bolo secreto que anunciamos solo en Instagram. Vinieron unas cincuenta personas en pocas horas, subieron andando la colina. Yo tocaba mientras el sol se ponía y la luna salía. Fue una locura.
Ese es mi escenario favorito. Al aire libre, con gente, en un ambiente íntimo. Ahora tocamos conciertos bastante grandes en Alemania, de mil o dos mil personas, pero pierde algo de energía cuando se hace demasiado grande. Me gustan más los sitios íntimos, estar con amigos escuchando música en un altavoz Bluetooth mientras brilla el sol.
(R) – El concepto del disco gira en torno a la nostalgia y al fin de una etapa, algo muy presente en nuestra generación. ¿Crees que los nacidos en los noventa hemos convertido la nostalgia en un género estético antes de tiempo?
(O) – Sí, claro. Me siento nostálgico de aquella época, de crecer en los noventa y los dos mil. Me gusta la estética, la ropa, los estilos, la música. Hay mucha referencia a aquello en mi música.
(R) – Después de cerrar este ciclo, ¿qué quieres ser como artista de aquí a dos o tres años?
(O) – Siempre hago estas sesiones con mi equipo, que son a la vez amigos y mánagers, en las que hablamos de dónde queremos estar en cinco años. Tengo una imagen en la cabeza, pero estoy en una fase de mi vida en la que me interesa más soltar y no tener planes concretos, sino vivir. Los últimos años fueron muy estrictos, iba muy rápido, el proyecto crecía, tenía citas todo el tiempo. Ahora estoy en una fase de no quiero ningún plan. Quiero estar con mis amigos, tener una vida bonita, hacer algo bonito con mi comunidad y con este proyecto, y quizá con otros proyectos. Tengo curiosidad por ver si orbit va a ser siempre el proyecto principal, porque ahora hay mucho foco aquí, pero ni siquiera sé si lo va a ser toda la vida. Intento abrirme en vez de cerrarme en una sola dirección.
Hablamos con la que se considera la madre de una generación: Ms Nina.
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