Helados luminiscentes, partidas mecánicas de comecocos, pingüinos animados, artefactos espaciales… La relojería también sabe jugar. Estos cinco modelos demuestran que la alta mecánica no siempre necesita solemnidad para resultar fascinante:
Tambour Taiko Arty Automata de Louis Vuitton
En una caja de 42 mm de oro blanco, Louis Vuitton ha reunido esmalte grand feu, piedras preciosas (43 zafiros de color y cinco rubíes), un tourbillon volante y una esfera concebida como un pequeño teatro pop. Al accionar el pulsador, su calibre automático despierta siete animaciones: flores, un ojo, un corazón y la palabra LOVE, que se transforma en MOVE (la L bascula para revelar una M oculta). Muy alta relojería pero sin la seriedad acostumbrada.
PVP.: 490.000 €.

Freedom Chrono Enjoy Life ‘Sprinkles’ de Norqain
La esfera de este cronógrafo de acero, disponible en azul claro y en rosa, está cubierta de virutas “de azúcar” con material luminiscente que brillan en la oscuridad, y la ventanilla de fecha muestra un pequeño helado cada siete días. Con 40 mm y un calibre automático, está limitado a 500 unidades en 2026, y aunque es un reloj veraniego en la superficie, resulta bastante serio por dentro.
PVP.: 5.100 €.

Krayon x Pac-Man
Krayon convierte este dial en una partida mecánica del comecocos más famoso de los salones recreativos. La serie está limitada a 15 piezas únicas (cada una cambia ligeramente la disposición de los elementos, de ahí que no haya dos iguales), todas en platino, con caja de 39 mm y una esfera de ónice negro donde el laberinto aparece de forma casi secreta, impreso en tampografía translúcida, mientras fantasmas, frutas y
otros elementos del juego se han pintado a mano. Su movimiento de cuerda manual es capaz de indicar la hora de salida y puesta del sol para un lugar elegido por su propietario.
PVP: No disponible.

Antarctic Erotic Salmon de Nivada Grenchen
Parte del Antarctic de 38 mm en acero de la marca, y aporta una esfera salmón, un cristal de zafiro abombado y una arquitectura muy clásica. Pero en el reverso aparece un pequeño autómata que pone en movimiento a dos pingüinos en una escena que enlaza con la tradición de los relojes eróticos. Con un calibre suizo de cuerda manual y un guiño a la historia polar del modelo Antarctic, asociado a expediciones de la Marina estadounidense en los años cincuenta, destinará parte de los ingresos que genere a Oceanites, una organización dedicada al seguimiento y protección de las poblaciones de pingüinos en la Antártida.
PVP.: 1.805 €.

Retrovision ’64 de Hautlence
Juega con la nostalgia espacial de los años sesenta, y parece menos un reloj que un pequeño comunicador de ciencia ficción sujeto a la muñeca. Su caja de titanio de grado 5, recubierta con PVD marrón y detalles en PVD de color cobre, mide 61,2 x 41,8mm, y se abre mediante una rejilla superior abatible que deja ver el espectáculo mecánico. Debajo late un calibre automático con un módulo de horas saltantes lineales, minutos en un disco circular y un tourbillon volante de un minuto con doble espiral. La reserva de marcha es de 72 horas, y la edición queda restringida a solo tres piezas.
PVP: 129.700 francos suizos.

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