Sí, sobrevivimos a la última Semana de la Moda de París a 40º a la sombra, moviéndonos entre shows y presentaciones bajo temperaturas sofocantes, asfalto ardiendo y con un ventilador portátil en mano -incluso Charli xcx se dejó ver en el desfile de Saint Laurent con el suyo- . Y es que el 23 de junio, Francia registró el día mas caluroso de su historia, superando los 44 ºC y provocando cambios de horario en el calendario oficial que afectaron a grandes Casas como Dior o Rick Owens.
En este mismo contexto, el venue de Louis Vuitton suponía una especie de oasis en medio del desierto. Pharrell Williams construyó una monumental escenografía inspirada en el surf, con arena, dunas e incluso una ola gigantesca y una cascada que caía con una fuerza imponente. Mientras esperábamos impacientes la caída del sol y la llegada de los invitados más importantes -los embajadores de la Maison Jeremy Allen White, Future y Skepta– solo podíamos pensar en lo mismo una y otra vez: ojalá poder sumergirse en ella.
Por un instante, el espacio consiguió evocar una conexión común con el agua entre los que estábamos allí presentes, manteniendo ese compromiso de LV de activar algo profundamente sensorial a través de la espectacularidad de su producción. Físicamente, estábamos dentro del universo de Pharrell, al igual que lo estuvimos en enero gracias a DROPHAUS, la casa que construyó para el desfile FW26.
La colección -centrada en el surf, por supuesto-, establecía un paralelismo entre el surfista y el dandy, pues ambos comparten códigos de libertad, movilidad y un cierto rechazo a la rigidez tradicional del vestir. Pharrell tradujo esta idea en una sastrería relajada con textiles técnicos, neoprenos fusionados con tailoring, acabados desgastados y detalles marítimos trabajados bajo el emblemático savoir-faire de Louis Vuitton. Otros momentos visualmente brillantes fueron el trabajo de las texturas, el uso del trompe l’oeil y el outerwear, donde la artesanía fue impecable. Por no hablar del interesante diálogo que se estableció entre el surf y el skate, sirviendo ese último como referencia autobiográfica del propio director creativo.
No obstante, seguimos haciéndonos la misma pregunta que la temporada anterior… ¿hasta qué punto el espectáculo está eclipsando a la vestimenta? Este parece ser el gran dilema del Louis Vuitton masculino actual. La escenografía, la música -impecable como siempre, por supuesto-, el casting, los invitados… todo empuja hacia la espectacularidad.
Entre tanto ruido, KENZO by Nigo ofreció una de las propuestas más equilibradas y emocionalmente resonantes de la semana. El regreso a Place des Victoires, donde Kenzo Takada abrió su primera boutique en 1976, supuso algo mucho más profundo que un simple gesto nostálgico, pues Nigo entiende la reactivación de los archivos como una parte fundamental de su etapa en la Casa.
De esta forma, la colección SS27 se construyó sobre el choque de dualidades constante entre lo masculino y lo femenino, entre lo sport y lo romántico, entre la funcionalidad y la delicadeza… Y nada parecía forzado. Las referencias a los años 70, al fundador de Kenzo y a figuras como Miles Daves aportaron una elegancia orgánica; mientras que la Ivy League aparecía en varsity jackets, rugbys y badges universitarios. El uso del denim japonés, las colaboraciones con Converse y Paraboot y la construcción de nuevos accesorios como el bolso Victoire, terminaron de consolidar una colección coherente y bien ejecutada.
Dries Van Noten ofreció uno de los momentos más delicados y emocionales de esta edición, con una idea que destacó precisamente por huir de la grandilocuencia. Con helados en la mano para combatir el calor asfixiante y al ritmo de L’Après-midi d’un faune de Stéphane Mallarmé, nos adentramos en el universo de la Casa, ese que oscila entre el sueño y la vigilia.
Con esa sensación difusa de despertar en una tarde de verano, descubrimos un universo cargado de sensualidad, donde la sastrería perdía estructura para dar paso al movimiento, y las prendas flotaban alrededor del cuerpo. Las gabardinas se volvían transparentes y las piernas quedaban expuestas bajo los shorts. El armario masculino se volvió más vulnerable que nunca.
Uno de los aspectos más bellos fue la manera en que se trató la naturaleza como una emoción textil, con paisajes fotorrealistas que aparecían sobre la seda y reflejos lunares sobre un lago que se convertían en estampado nocturno. Incluso la joyería reforzaba la narrativa: pequeñas cadenas con chapas, llaves, tornillos y ramitas, como objetos recogidos por un pájaro para construir su nido.
Al margen del calendario oficial, CUPRA presentó una sorprendente colección de joyería en colaboración con MAM, la marca de joyería fundada en Barcelona. El encuentro se sintió súper cercano, con invitadas como Sita Abellán, La Zowi, Ms Nina, Maria Bernad y Gigi Goode reunidas en SOLUM Paris, bajo el icónico Puente Alexandre III. Allí, ambas marcas revelaron una colaboración que consolida su visión compartida: romper convenciones, desafiar disciplinas y reivindicar la individualidad como motor creativo.
La nueva colección introduce además la primera línea de joyería masculina de esta colaboración. Fiel al enfoque experimental de MAM, las piezas han sido desarrolladas con materiales de alta tecnología para lograr estructuras ligeras, esculturales y resistentes.
Tomando como referencia el universo visual de CUPRA y el diseño paramétrico, se ha trabajado con la tecnología ULTRALIGHT CORE™, un innovador sistema de construcción hueca que desafía la materialidad del metal. El resultado son joyas de gran presencia visual que mantienen la intensidad y solidez de una escultura maciza, pero con una ligereza que permite integrarlas de forma natural en el cuerpo.
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