Adiós al dolor de tatuarte.
Si alguna vez soñaste con tatuarte pero saliste corriendo en cuanto viste la aguja, esta noticia es para ti. La startup CipherX presentó en Londres su sistema de micropuntos, una máquina que asegura ofrecer el primer tatuaje indoloro del mundo. En lugar de la clásica pistola de tatuar, el dispositivo funciona con una base de carga, un aplicador manual y un parche cargado con microagujas que dibujan el diseño elegido. Al presionarlo sobre la piel, esas agujas transfieren el pigmento y se disuelven casi al instante, algo que su fundador, Ferdinand Kohle, compara con un castillo de arena que se sostiene hasta que le cae agua encima.
Ahora bien, la magia no es inmediata, el parche debe permanecer entre 10 y 15 minutos sobre la piel antes de poder retirarlo, y aunque el diseño aparece tenue al principio, el pigmento termina de revelarse por completo un par de días después. Además, el cuidado posterior es bastante más relajado que el de un tatuaje tradicional, ya que no requiere vendaje, aunque sí toca mantener la zona limpia durante las primeras 24 horas, así que nada de sauna ni gimnasio mientras tanto. Todo esto nace de la propia fobia de Kohle a la sangre y las agujas, lo que lo llevó a adaptar la tecnología de microagujas —ya conocida en tratamientos faciales— para replantear por completo la experiencia de tatuarse.
Por ahora, CipherX se enfoca en diseños pequeños e iconográficos, desde una carita sonriente hasta, sorprendentemente, una silla que se ha vuelto todo un éxito entre los clientes. Eso sí, tanto Kohle como su socio, el ex cirujano Karl-Anton Harms, dejan claro que esto no busca reemplazar al tatuaje tradicional, sino sumarse como un paso más en la evolución de las herramientas de tatuar, ya que sus agujas están hechas prácticamente de la misma tinta que dejan sobre la piel. Y aunque hoy el enfoque es puramente estético, Kohle ya sueña con un futuro médico para la tecnología, tatuajes capaces de cambiar de color para avisarte sobre tu temperatura corporal o tu exposición al sol. Así que, entre castillos de arena y agujas que se convierten en tinta, parece que el miedo a tatuarse podría tener los días contados.
¿Quién es Simon Carle? El diseñador que convirtió la piel de Tyla en una prenda.
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