Madrid vuelve a convertirse esta semana en el epicentro de la moda española. Del 14 al 19 de septiembre, Mercedes-Benz Fashion Week Madrid despliega su edición SS27 por distintos puntos de la capital, llevando los desfiles más allá de IFEMA y ocupando espacios como el Palacio de Cibeles, el Invernadero del Palacio de Cristal de Arganzuela y otras localizaciones emblemáticas de la ciudad.
Como ya hicimos en París y Milán, seleccionamos las direcciones donde merece la pena comer (y dejarse ver) durante la semana de la moda madrileña. Hay nuevos hotspots, restaurantes que ya forman parte del circuito, wine bars, listening rooms, brasas y mesas gastronómicas para quienes prefieren cambiar el ruido de una fiesta por un menú degustación. En resumen, los sitios donde probablemente quieras estar antes, durante y después de MBFWMadrid.
61.SIXTYONE
Calle de José Abascal, 61, Madrid
Una puerta prácticamente anónima en José Abascal esconde uno de los proyectos que mejor entienden el concepto contemporáneo de dinner to dance. 61.sixtyone es el primer desembarco madrileño del Grupo Mosh y se define como un art dining club: restaurante, galería y club conviven dentro de un espacio diseñado por Archidom Studio donde nada parece dejado al azar. Obras de arte que rotan cada seis meses, velas de LOEWE, uniformes de CASONÁ y una colaboración especial con Nike.
En cocina manda Franco Franceschini y sus raíces argentinas aparecen especialmente alrededor de la brasa. Entre los platos destacados están las costillitas Angus, tacos, empanadillas criollas o un lenguado meunière, además del flan de la abuela Nelly para terminar. Aunque aquí sería un error pedir la cuenta inmediatamente después del postre, llegado cierto momento, baja la luz, sube la música y el restaurante empieza a comportarse como un club. El plan más completo de la lista si quieres cenar y acabar de fiesta sin cambiar de dirección.

MARTHA
Calle de Miguel Servet, 15, Madrid
Lavapiés necesitaba una nueva taberna y Martha ha entendido bastante bien qué significa serlo en 2026. Una carta reconocible, madera, luz cálida, una bodega de pequeños productores y, al fondo, una segunda sala dominada por una cabina de DJ, amplificadores, altavoces New Fidelity y vinilos. Esa combinación de taberna + listening room hace que el lugar pueda empezar con una comida y terminar, unas horas después, alrededor de una copa y una programación musical que va desde vinilos hasta tiros de jazz.
La comida mira hacia esa cocina española que no necesita demasiadas explicaciones, pero sí una buena ejecución. Ensaladilla, tortilla, bocata de oreja, milanesa con fideos, steak tartar o mollejas forman parte de una propuesta concebida para pedir al centro y compartir. Después está Al Fondo, donde se programan sesiones y encuentros alrededor del vinilo.

GUGA
Calle del Caballero de Gracia, 11, Madrid
Hay que hablar también de los sitios que todavía no ha tenido tiempo de descubrir todo Madrid. Guga acaba de arrancar dentro de Nômade Temple Madrid, convirtiéndose en una de las aperturas más frescas de la temporada. Su propuesta cruza la tradición italiana con el fuego argentino y uruguayo, y se articula alrededor de cuatro elementos muy sencillos cuando se hacen bien: producto, brasas, vino y música.
Precisamente por ser nuevo, Guga tiene esa energía que interesa especialmente durante Fashion Week: todavía no está excesivamente codificado. La brasa funciona como lenguaje común entre las distintas influencias de la carta, mientras que el vino y la música evitan que la experiencia se convierta únicamente en una cuestión gastronómica. De esos lugares a los que interesa llegar antes de que empiece a resultar imposible reservar. De ahí puedes irte a Say No More, el club nocturno y speakeasy subterráneo dentro del hotel Nômade Temple Madrid.

LOS 33
Plaza de las Salesas, 9, Madrid
Los 33 ya no necesita presentaciones. En una ciudad donde cada temporada produce varios candidatos a “restaurante de moda”, pocos consiguen atravesar la tendencia y convertirse en una institución. Este lo ha hecho. Instalado en Salesas, mezcla España y Uruguay alrededor de una parrilla siempre encendida, una biblioteca de vinilos, luz baja y un comedor que consigue que un martes cualquiera parezca viernes.
La brasa es el centro de prácticamente todo. Hay empanaditas de entraña cortada a cuchillo, anchoas de Santoña, verduras asadas, choripán y cortes de carne, pero la pieza que ha desarrollado auténtico club de fans es su bikini a la parrilla, con queso y jamón, cocinado lentamente hasta conseguir ese punto ahumado que explica por qué sigue apareciendo mesa tras mesa. Si durante Fashion Week vas a pasar por Salesas, los 33 continúa siendo una de las reservas más seguras.

LA ONCE MIL
Plaza de las Salesas, 11, Madrid
Y literalmente al lado de Los 33 acaba de aterrizar uno de los openings que más conversación va a generar esta temporada. La Once Mil, nacida en México y reconocida con una estrella Michelin, ha elegido Madrid para su primer salto europeo de la mano precisamente del equipo de Los 33. El concepto mantiene la naturaleza directa del taco, pero sube el nivel del producto y la técnica.
Las tortillas se elaboran a mano con maíz nixtamalizado y encima aparecen ingredientes que normalmente asociaríamos a formatos bastante más ceremoniosos: Black Angus, Wagyu A5, corvina en tempura, atún rojo o costra de ribeye. La gracia está en que nada de esto pretende convertir el taco en alta cocina. Sigue siendo algo que se come con las manos, solo que con materia prima premium y precisión gastronómica. Recién abierto y en Salesas.

TONTON
Calle de Jordán, 7, Madrid
TonTon podría haber abierto en París, Londres o Copenhague y probablemente nadie habría cuestionado el contexto. Escondido en Chamberí, ocupa una antigua carpintería transformada en un bistró de estética industrial, luz baja y vocación nocturna. Bosco Suárez de Puga, con experiencia previa en proyectos como Soho House y Zuma, impulsó el espacio junto a Arnaud Bernard y Alice Reydet, cuya trayectoria pasó por cocinas como Le Celler de Can Roca, Alain Ducasse y Septime.
Su cocina se mueve con naturalidad entre Francia y España y trabaja una carta corta de temporada: ostras gallegas, sardina curada, tarama, alcachofas, puerros a la brasa, vieiras, mollejas o codorniz, según el momento. El vino ocupa casi el mismo espacio que la comida, con especial atención a pequeños productores y etiquetas de baja intervención. Puedes hacer cena completa o quedarte en la barra, pedir una botella y picar.

NORAH
Calle del Monte Esquinza, 15, Madrid
Norah es uno de esos restaurantes que rápidamente encuentran a su público. Abrió en Chamberí rodeado de galerías y, en pocos meses, sus mesas comenzaron a atraer a nombres vinculados con el cine, la moda y el arte. Su interiorismo de Trueba Studio evita el efectismo y trabaja materiales naturales, tonos cálidos y una estética mediterránea que acompaña el concepto Born in the Mediterranean.
La chef Eli Shtein firma ua cocina mediterránea contemporánea con sardinas ahumadas sobre brioche, piezas a la brasa, ensalada de cordero con tzatziki, tartar de pescado azul, fettuccine con calamar y ajo o lomo alto con puré de apionabo. La parte líquida acompaña con vinos españoles e internacionales, desde godellos y Ribeira Sacra hasta Chablis, referencias italianas, griegas o libanesas. Una buena opción si buscas cena bonita, público interesante y una copa posterior sin entrar directamente en territorio club.

QUERIDO MARTÍNEZ
Calle de Caracas, 1, Madrid
Tres amigos argentinos, más de treinta años de amistad y un wine bar en Chamberí. Querido Martínez toma su nombre del barrio bonaerense donde crecieron sus fundadores y juega precisamente con esa sensación de casa de amigos a la que has llegado con intención de tomar una copa y de la que acabas saliendo varias horas después. Interiorismo cálido, música, programación cultural y vinos construyen una alternativa al restaurante tradicional que encaja perfectamente con el nuevo Madrid.
Milanesa con puré, entraña con patatas provenzales y salsa criolla, pero también pulpo, baos y unas patatas “brasiáticas” rematadas con kimchi y jengibre que se han convertido en uno de los platos más comentados del local. La bodega trabaja pequeños productores de España, Argentina, Francia, Italia, Chile, Alemania o Australia, con numerosas referencias disponibles por copas. Los martes, además, suele haber jazz. Para el día tres de Fashion Week, cuando ya no quieres otra cena performativa, probablemente es exactamente lo que necesitas.

LAVA
Calle de los Mancebos, 6, Madrid
Después de ayudar a convertir TonTon en uno de los nombres más comentados de Chamberí, Alice Reydet decidió cambiar de escala. El resultado es Lava, su pequeña taberna en La Latina, instalada en el antiguo espacio de Taberna Angosta. Pocas mesas, taburetes, una carta corta y la sensación de que has encontrado un sitio que todavía pertenece al barrio.
Para beber hay vinos de pequeños productores y poca intervención, pet-nats, claretes y rosados, pero también umeshu soda, michelada o mezcalitas frozen. Para comer, gilda de sardina marinada, tarama, salpicón de pulpo, rillettes, tostada mexicana de bonito con melocotón y jalapeño o tartar de ternera con guiño al vitello tonnato. No hay necesidad de montar una cena de tres horas. Se viene, se abre vino, se piden platillos y se deja que suceda.

CHISPA BISTRÓ
Calle del Barquillo, 8, Madrid
En Barquillo, a pocos metros del epicentro de Salesas, Chispa ocupa un terreno intermedio especialmente interesante, suficientemente gastronómico como para justificar la cena por sí solo, suficientemente relajado como para no sentir que necesitas dedicarle toda la noche. La propuesta trabaja producto mediterráneo pero permite que entren referencias de Japón, México, Nueva Zelanda o el País Vasco, con fermentados, encurtidos y fondos técnicos que aparecen sin convertir cada plato en una explicación de diez minutos.
Su carta cambia con la temporada y puede moverse entre una sepia a la vizcaína, fabes con oreja y carabinero, salmonete o cappelletti, mientras que la influencia japonesa aparece en elaboraciones como chawanmushi, ponzu, kimchi o sunomono. Esa mezcla de técnica, fuego y sabores viajeros le ha valido un Sol Guía Repsol. Además, por localización, sales de cenar y tienes Chueca, Justicia y Salesas a pocos minutos.

BOSCO DE LOBOS
Calle de Hortaleza, 63, Madrid
Escondido en el patio ajardinado del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, Bosco de Lobos sigue siendo una de esas direcciones que funcionan especialmente bien cuando el plan pide aire libre, buena luz y una mesa larga. Su ubicación entre Chueca, Malasaña y Salesas lo mantiene conectado con el circuito creativo de la ciudad, mientras el jardín interior consigue aislarlo lo suficiente del ruido de Hortaleza.
La cocina mira a Italia y al Mediterráneo con una carta construida alrededor de antipasti, pastas y pizzas. Entre los platos aparecen focaccia, parmigiana di melanzane, vitello tonnato, burrata, carpaccios, pasta y pizzas, además de opciones pensadas para compartir. Es menos nocturno que otros nombres de esta selección, pero precisamente por eso funciona especialmente bien para una comida entre desfiles, un brunch tardío o esa primera copa que termina alargando la tarde.

NOBU MADRID
Calle de Alcalá, 26, Madrid
Hay momentos para descubrir un wine bar escondido y otros para abrazar sin culpa el big-city glamour. La marca fundada por Nobu Matsuhisa, Robert De Niro y Meir Teper acaba de aterrizar en la capital con hotel y restaurante en Alcalá, 26, esquina con Cedaceros, incorporando Madrid al circuito internacional de Nobu apenas días antes de Fashion Week. El restaurante ocupa varios niveles, con cocina abierta, barra de sushi y zonas de lounge diseñadas por Studio Gronda.
La carta conserva los iconos de la casa: Black Cod Miso, Rock Shrimp Tempura y Yellowtail Sashimi con jalapeño, junto a creaciones estacionales y cócteles. La novedad aquí no es descubrir una cocina desconocida, sino poder acceder en Madrid al código Nobu completo, servicio, diseño, barra y sushi. Un lenguaje que ya funciona en Nueva York, Londres, Milán o Dubai. Durante Fashion Week, difícil imaginar que no termine convirtiéndose en una de las mesas donde coincidan invitados interncionales, industria y lujo.

LA ESTRELLA
Calle de la Estrella, 3, Madrid
A pocos pasos de Gran Vía, este espacio de dos plantas mezcla restaurante y coctelería en un interior de terciopelo azul, luz baja y obras de arte que convierten el local en uno de esos lugares pensados tanto para cenar como para quedarse bastante más tiempo del previsto.
La carta sólida tiene en las pizzas uno de sus principales reclamos, acompañadas de entrantes concebidos para compartir, mientras que detrás de la barra conviven clásicos como el Dry Martini, el Old Fashioned o el Espresso Martini con cócteles de autor. La cocina, además, permanece abierta hasta bien entrada la noche, algo especialmente útil durante una Fashion Week en la que los horarios rara vez salen según lo previsto.
Es probablemente una de las opciones más fáciles de esta guía para pasar directamente de la cena a las copas sin necesidad de cambiar de escenario. Y durante Fashion Week, eso cuenta.

OSA
Calle de la Ribera del Manzanares, 123, Madrid
Fashion Week también permite desaparecer unas horas. Y para eso está OSA. Sara Peral y Jorge Muñoz escogieron un pequeño chalet junto al Manzanares para construir un restaurante alejado del ruido del centro. Aquí no importa tanto quién ocupa la mesa de al lado, importa lo que está pasando delante. Su propuesta mezcla producto nacional, técnica francesa, sensibilidad japonesa y una relación muy estrecha con la temporada.
No hay carta convencional, actualmente plantean diferentes recorridos degustación que pueden llegar a los 18-20 pases, con producto excepcional, elaboraciones propias, caza, aves, embutidos y una cocina que combina vanguardia y memoria. Es la elección para esa noche en la que uno decide que ya ha hecho suficientes eventos por un día y quiere que la cena sea la protagonista.

DESDE 1911
Calle del Vivero, 3, Madrid
Desde 1911 juega con una ventaja prácticamente imposible de replicar, detrás está Pescaderías Coruñesas. El restaurante fue concebido como un homenaje a pescadores, pescaderos y a toda la cadena que históricamente convirtió Madrid, paradójicamente, en una gran capital del pescado fresco. Por eso la carta nunca está del todo escrita, son las capturas del día las que determinan qué se sirve y cuál será el pescado protagonista de cada servicio.
La experiencia parte de una serie de entrantes antes de desembocar en ese pescado escogido según mercado y terminar con carros de quesos y postres. Es alta cocina, sí, pero apoyada mucho más en producto, temporalidad y servicio. Dentro de esta guía ocupa el extremo más clásico y lujoso, perfecto para una comida importante o simplemente para recordar que no todo lo HIGHXTAR tiene que ocurrir a oscuras con un DJ detrás.

BERRIA
Plaza de la Independencia, 6, Madrid
Una buena Fashion Week necesita también un sitio al que poder decir: “vamos a tomar una copa de vino” sabiendo perfectamente que probablemente acabaréis cenando. Frente a la Puerta de Alcalá, Berria es exactamente eso multiplicado por varios miles de botellas. Su bodega reúne más de 3.000 referencias y alrededor de un centenar disponibles por copas, lo que convierte el espacio en una especie de parque de atracciones para quienes prefieren hablar de Borgoña, Jura o Jerez antes que de vodka premium.
La comida está pensada para acompañar ese viaje: producto, carnes, pescados y platos para compartir que no intentan robar protagonismo a la botella. La ventaja es que el plan puede construirse sobre la marcha, una copa antes de cenar, cuatro medias copas para probar cosas diferentes o una mesa completa que termina prolongándose mucho más de lo esperado. Y su posición entre Retiro, Salamanca, Cibeles y el centro lo convierte en uno de esos puntos estratégicos que durante Fashion Week siempre conviene guardar.

MANIFESTO 13
Calle de Hartzenbusch, 12, Madrid
Manifesto 13 siempre ha tenido más de downtown New York que de trattoria clásica. En pleno Chamberí, combina cocina vista, estética industrial, luz baja, vinilos y una sala con ese punto cosmopolita que funciona especialmente bien cuando la cena forma parte de una noche más larga. El proyecto de los hermanos Nicholas y Mark Duncan nació mirando hacia Italia, pero con el tiempo ha encontrado una identidad bastante más difícil de etiquetar.
Ahora, con la chef peruana Danitza Alpaca al frente, la carta conecta las raíces andinas con la memoria gastronómica italiana y el producto local. La pasta fresca sigue siendo una parte importante de la casa, pero aparecen platos como los ñoquis con carapulcra, papada curada y cacao, junto a pescados de temporada, guisos y una coctelería especialmente trabajada alrededor de ingredientes como maíz chulpi, camu camu, cedrón o maracuyá. Una cocina mestiza, precisa y con suficiente carácter para que Manifesto 13 siga siendo mucho más que un restaurante bonito.

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