Laura Vandall y Edgar Kerri vuelven a convertir la noche del 31 de octubre en la cita más deseada de la capital.
Si algo ha quedado claro este año, es que Halloween en Madrid ya tiene anfitriones oficiales. Una vez más, Laura Vandall y Edgar Kerri, la dupla creativa detrás de algunos de los eventos culturales, musicales y de moda más comentados de la ciudad, volvieron a reunir a su comunidad en una noche marcada en rojo en el calendario.
Esta vez, el escenario elegido subió (y mucho) el listón con el Palacio de Santoña, ubicado en la céntrica calle Huertas y convertido ya en el place to be de la escena creativa madrileña. Allí, en colaboración con Soho House, el dúo organizó una cena tan exclusiva como espeluznante, en un enclave que parecía sacado directamente de una película de época.
Y, como cada año, nadie quiso perdérsela. Javier Calvo, Javier Ambrossi, Milena Smit, Milo Quifes, Belén Aguilera, Carla Paucar, Lola Rodríguez, Alex de Lucas, Akasirius o Yung Prado fueron algunos de los nombres que se dejaron ver en una velada más íntima y selecta que nunca.
Disfraces de nivel (y de titular)
Nada más cruzar la puerta, un equipo vestido de época recibía a los invitados y los guiaba escaleras arriba, entre alfombras rojas, telarañas e infinidad de velas, hasta el salón principal. Allí, un cuarteto de cuerda ponía la banda sonora mientras los asistentes brindaban y, de paso, se fichaban los disfraces.
Y es que en toda fiesta de Halloween que se precie, son los disfraces los que tienen la última palabra. En este sentido, uno de los más comentados fue el de Javier Ambrossi, que se presentó caracterizado como el personaje al que Guitarricadelafuente da vida en La Bola Negra, un guiño que, como era de esperar, no pasó desapercibido. Por su parte, Javier Calvo apostó por unas alas imposibles de ignorar.
No fueron, sin embargo, los únicos en dar que hablar. Entre los invitados desfilaron aristócratas con peluca empolvada, novias cadáver con el velo manchado de sangre, cortesanos renacentistas con antifaz y hasta una enfermera armada con un cuchillo de carnicero. Tampoco faltaron un payaso salido de Terrifier, una araña gigante que se paseaba por los salones del palacio ni un soldado de élite con máscara de calavera. Todo ello confirma lo que ya sospechábamos: en las fiestas de Vandall y Kerri, nadie se disfraza a medias.
Ópera, velas y un banquete de película
Poco después, todos fueron conducidos a una sala en penumbra, iluminada únicamente por lámparas de araña de cristal. Fue entonces cuando irrumpieron las voces de ópera, el preludio perfecto para que comenzara la cena.
Como ya es habitual en las citas de Vandall y Kerri, la mesa fue la gran protagonista. Ñoquis, langostinos y dulces desfilaron por un menú tan sofisticado como inquietante, coronado por la pieza estrella: una tarta negra con forma de palacete, firmada por Sarina Castagnoli. En definitiva, una cena pensada no solo para el paladar, sino también (y sobre todo) para la vista.
Tras la cena, los invitados regresaron al salón principal, donde la música tomó el relevo y la pista se fue llenando sin descanso hasta la medianoche. Además, nadie se fue con las manos vacías: para despedir la velada, cada asistente recibió un regalo de Estée Lauder, el detalle perfecto para cerrar una noche de diez.
Así pues, todavía no hemos superado el 31 y ya estamos preguntándonos adónde nos llevarán Laura Vandall y Edgar Kerri el próximo Halloween…
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