En Hamnet, el vestuario no cumple una función ornamental ni se limita a situar al espectador en una época concreta. Su papel es más profundo y estructural: actúa como un dispositivo narrativo que traduce emociones, articula el duelo y acompaña la transformación interior de los personajes. En una película donde el conflicto no avanza por la acción sino por la experiencia íntima de la pérdida, la ropa se convierte en uno de los lenguajes más elocuentes del relato.
La mirada de Chloé Zhao rehúye el biopic tradicional para construir una meditación sensorial sobre el origen del arte. En ese contexto, el trabajo de la diseñadora de vestuario Malgosia Turzanska resulta clave: sus trajes no ilustran la historia, sino que la piensan desde el cuerpo. Cada prenda funciona como un signo emocional que evoluciona con la psicología de los personajes y con el tono espiritual del film.

El vestuario como reflejo de las emociones
Una de las decisiones más significativas del film es tratar el vestuario como parte del paisaje emocional. Desde el inicio, Hamnet establece una relación directa entre los trajes y estado anímico. Las prendas se integran en los espacios rurales, en la arquitectura doméstica y en la materialidad del entorno. Colores terrosos, tejidos porosos y superficies irregulares generan una continuidad visual entre cuerpo y naturaleza que disuelve la frontera entre lo humano y lo orgánico.
Este enfoque permite que el vestuario funcione como marcador temporal no lineal. No señala el paso del tiempo cronológico, sino el avance del tiempo interior. Tras la muerte de uno de los protagonistas, el cambio no se articula mediante un giro cromático abrupto, sino a través de una desaturación progresiva. Los tonos se oscurecen, las texturas se vuelven más densas, y la ropa empieza a parecer más pesada, como si absorbiera el peso del duelo.

William Shakespeare
El William Shakespeare interpretado por Paul Mescal está definido por una relación defensiva con el mundo. Su vestuario construye una silueta cerrada, protegida, marcada por capas y volúmenes que funcionan como barreras simbólicas. No se trata de ocultar el cuerpo, sino de contenerlo, de evitar que la emoción se filtre hacia el exterior.
Los tonos fríos, grises, azules apagados, refuerzan esta idea de distancia y repliegue. El uso de tintes como la tinta gala introduce una dimensión reflexiva adicional: la escritura no aparece como un acto glorioso, sino como una materia que impregna al personaje, casi como una carga física. Will no escribe para expresarse, escribe para sobrevivir.
A lo largo del film, los cortes y aperturas en las prendas, inspirados en técnicas isabelinas como el slashing, funcionan como metáforas visuales de la fractura interior. Primero aparecen de forma contenida, después se amplifican, hasta que la ropa deja de proteger y comienza a revelar. El vestuario acompaña así el tránsito del personaje desde la represión emocional hacia una forma de catarsis creativa.

Agnes Hathaway
Aunque Hamnet gira en torno a la figura de Shakespeare, su núcleo emocional reside en Agnes Hathaway, interpretada por Jessie Buckley. Su vestuario es el más expresivo y simbólicamente cargado, reflejando una conexión casi mística con el mundo natural. En los primeros actos, los rojos, naranjas y tonos óxido dominan su indumentaria, subrayando una energía vital que contrasta con los espacios cerrados y sombríos del entorno doméstico.
Las prendas refuerzan esta idea de un cuerpo que funciona como archivo emocional. Tras un suceso importante, sus prendas se oscurecen y se vuelven más ásperas. Los volúmenes se alargan, los colores derivan hacia ciruelas y marrones apagados, y la ropa parece perder flexibilidad, como si el cuerpo quedara atrapado en un estado de suspensión emocional. En el desenlace, el regreso al rojo inicial simboliza la posibilidad de seguir habitando el mundo sin negar la herida.

En Hamnet, el vestuario no se limita a acompañar la narración, sino que construye una capa fundamental del relato. Lejos de funcionar como un mero recurso estético o de ambientación histórica, la ropa se convierte en un dispositivo narrativo que articula emociones, marca transiciones y hace visible aquello que los personajes no expresan con palabras. Cada elección cromática, cada textura irregular y cada prenda desgastada participa de una reflexión más amplia sobre cómo el dolor se inscribe en el cuerpo y sobre cómo el arte puede surgir de esa experiencia.
El trabajo de Malgosia Turzanska dialoga de forma directa con la mirada de Chloé Zhao, ampliándola. El vestuario acompaña el drama desde una lógica sensorial y progresiva, introduciendo una lectura del duelo entendida no como un acontecimiento puntual, sino como un proceso. Lejos de la reconstrucción histórica o del virtuosismo estético, Hamnet propone que el vestuario puede funcionar como una forma de escritura, hecha de color, textura y desgaste, capaz de registrar una experiencia humana universal y de sostener gran parte de la potencia narrativa y poética del film.
Analizamos el vestuario de ‘Parthenope’ ideado por Vacarello de Saint Laurent.
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