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Está claro que en la década de los 2010s los seres humanos aprendimos muchas cosas. Y una de ellas es a no cerrar sesión. Si echamos la vista atrás, recordaremos que antes cerrábamos religiosamente cada página a la que accedíamos con nuestros datos. Nos creíamos que así eliminaríamos nuestro rastro. Ilusos.

Tumblr

Solíamos entrar a Internet a pasar nuestros ratos libres, ahora nuestros ratos libres son los que estamos sin él. Tal y como todos los pronósticos indicaban, ya dependemos de nuestros teléfonos para absolutamente todo: comprar, trabajar, comunicarnos y navegar.

Nuestros datos e información personal se almacenan online y cada uno de nuestros movimientos se predice mediante algoritmos. Basta con pensar en un producto para verlo aparecer en la publicidad de Instagram. Sé que a vosotros también os ha pasado.

Pero no siempre ha sido así. Antes de que nuestras personas en Internet—e incluso a nuestras vidas profesionales—estuvieran intrínsecamente ligadas a nuestro yo real, existía nuestro yo secreto.

A principios del milenio, había diferentes espacios donde se podía experimentar y encontrar a gente con ideas afines. Sin embargo, en los 2010s hay una web que se lleva la palma: Tumblr.

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Y ya sabéis lo que dice el refrán, todo lo que sube baja. Recordemos que en 2013, Yahoo! compró la empresa por 1.100 millones de euros. Ahora ha sido WordPress quien la acaba de comprar, eso sí, por menos de 3. Esta década vio el dramático ascenso y caída del conocido sitio de “microblogging”. El lugar que se convirtió en refugio para los jóvenes usuarios y que finalmente sucumbió a las mismas fuerzas que han corporativizado el resto de Internet.

Su ascenso puede, tal vez de forma lógica, remontarse directamente al declive de Myspace; dando paso a una plataforma ultrapersonalizada que cambió drásticamente y destruyó todas las características que a la gente le encantaban de la anterior.

Mientras que los blogs y Myspace estaban abarrotados de fotos personales, Tumblr era diferente. Los usuarios eran libres. Podían publicar actualizaciones más cortas y mezclarlas con letras de canciones, citas, capturas de pantalla y otras imágenes que les gustaban. Y lo más importante de todo, la mayoría eran anónimos.

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Todo lo que sucedía en Tumblr era un elaborado chiste interno que servía para enfurecer a los de fuera y hacer que los involucrados se sintieran parte de algo. Inició el interés de muchos adolescentes por la justicia social; esta atracción empujó a iniciar muchas de las batallas políticas más significativas en plataformas más convencionales. De hecho, la llamada “cultura de la cancelación” de Twitter de hoy en día tiene sus raíces en el fandom de Tumblr.

Ahora, sin Tumblr, no hay ningún sitio al que ir para sentirnos libres, un lugar donde no nos sintamos vigilados. ¿Y si creamos nuestras propias plataformas? ¿O simplemente aceptamos la derrota y nos entregamos al algoritmo, desplazándonos por las mismas publicaciones y anuncios clínicamente curados para siempre, aprendiendo gradualmente a olvidar que alguna vez existió tal cosa como la subcultura de Internet?