Bajo la lente de David Sims —fotógrafo que entiende la tensión entre crudeza y precisión como pocos—, Heart and Body presenta a los primeros embajadores y amigos de la casa nombrados por Piccioli, al tiempo que contextualiza sus dos primeras colecciones: Summer 26, The Heartbeat y Fall 26, Body and Being. Corazón y cuerpo. Latido y materia. Emoción y presencia.
“Elijo individuos, no personajes”, declara Piccioli. La frase parece sencilla, pero dentro del universo Balenciaga es casi un manifiesto. Durante años, la casa trabajó con la noción performática de los personajes y los escenarios post-apocalípticos. Piccioli desplaza el foco hacia la persona, hacia un humanismo absoluto.
El casting lo confirma. Harris Dickinson —actor británico en plena consolidación tras Babygirl y Urchin— encarna una masculinidad introspectiva, casi frágil. Winona Ryder aporta el peso cultural de varias generaciones, de Beetlejuice a Stranger Things, pero aquí despojada de nostalgia, situada en presente. Roh Yoonseo representa una sensibilidad asiática contemporánea que conecta con la nueva centralidad cultural de Corea del Sur. A ellos se suman nombres como Danielle Deadwyler, Havana Rose Liu, el compositor de Euphoria Labrinth, Hudson Williams, y modelos como Mona Tougaard y Loli Bahia.
La campaña se sitúa en un atelier parisino de arquitectura contundente. Canvas imprimado. Estructuras casi industriales. Sims organiza las imágenes en composiciones en rejilla que recuerdan a archivos, a estudios tipológicos, a un catálogo emocional más que comercial. Piccioli habla de un “espacio heterotópico suspendido”. El término, inevitablemente, remite a Michel Foucault y su idea de lugares otros: espacios que existen dentro del mundo, pero operan bajo reglas distintas. Aquí el tiempo parece pausado. La identidad, sin ruido exterior, se vuelve más nítida. En un momento donde la moda vive acelerada por el algoritmo, esta suspensión es casi radical.
Lo más interesante no es el casting ni la estética del set. Es la idea de que los valores —respeto, sensibilidad, fuerza, libertad— pueden convertirse en lenguaje visual sin caer en sentimentalismo. Piccioli no elimina la tensión de la marca; la redirige hacia un humanismo que sustituye del todo a la ironía permanente de Demna.
Balenciaga está dejando de pedir atención, click bait y anhelar conquistar a las masas. Está pidiendo que entiendan la historia y los cimientos de una casa que Cristobal levantó un día empezando en Guetaria.
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