READ IN: English

La historia de amor entre Winona Ryder y Marc Jacobs empezó desde la toxicidad y la decadencia de un robo mediático. La cleptomanía fue la que verdaderamente unió a la icónica actriz y a la firma de culto, como si se tratase de un cuento moderno e insólito que han prolongado hasta su última campaña compartida que gira en torno al bolso “J Marc”.

La legendaria intérprete vuelve a rodar un nuevo filme de la moda con la marca con la que inició su amistad a raíz de un robo de 5.000 dólares en Saks Fifth Avenue. Una fusión creativa que tuvo su génesis en el 2001: momento en el que Winona, más allá de convertirse en una de las grandes prescriptoras del estilo andrógino, alcanzó la cima de la fama por una sucesión de papeles icónicos de corte indie en películas como «Eduardo Manostijeras».

Todo ese sentimiento de tristeza entre el grunge y el gótico que interpretaba la actriz, resultaron formar parte asimismo de la vida real y emocional de la artista. Y es que, tras robar más de 5.000 dólares en artículos de diseño, entre titulares del corazón (y otras analogías) de “Winona, ladrona”, se le diagnosticaba un trastorno de cleptomanía y un cuadro ansioso depresivo.

La estrella del cine fue acusada tras un juicio prolongado durante seis días de robo con agravantes y vandalismo, con una sentencia de tres años de libertad condicional, una multa desorbitada y 480 horas de servicio comunitario.

LA MUSA DE MARC JACOBS

En medio de ese episodio catártico e inestable para su futuro cinematográfico, la luz parecía proyectarse a través de la oscuridad. Marc Jacobs supo desdibujar (u ocultar) el marketing e ilustrar una relación de amistad con la actriz desde ese preciso momento en el que robó una de sus prendas de cachemir de 760 dólares. De igual forma, Ryder elegía un vestido midi de color burdeos de su colección de otoño de 2001 para presentarse ante el tribunal. Se trataba de una prenda que la envolvía en un halo de sofisticación y majestuosidad, pero también de inocencia y delicadeza.

Tal y como otras actrices con problemas legales que llevaron el lujo a los juzgados, Winona decidió intercambiar sus looks tomboyish distintivos por otros “hiperfemeninos” en las salas de audiencias. Desde piezas de YSL a John Galliano o Mary Jane’s, la actriz quiso rendir homenaje al archivo de Jacobs: un movimiento con el que, sin querer, acabó atrayendo al diseñador para proponerle ser el rostro de su nueva campaña publicitaria de primavera-verano 2003.

Winona pasó así a formar parte del universo Marc Jacobs, a posar para sesiones de fotos en habitaciones de hotel con Juergen Teller o de Marc Jacobs Beauty en 2015, a protagonizar la última campaña de la firma. Un imaginario con el que ha capturado la esencia de la marca, entre dicotomías de feminidad y grunge, o de tradición y vanguardia. Códigos que ha sabido interpretar en todas esas secuencias de estrenos, eventos o alfombras rojas ahora inmortalizados tanto en cuentas de Instagram como @90sanxiety como en el corazón de Marc Jacobs.

Newsletter