La pareja se dio el «sí, quiero» el pasado 11 de agosto en la intimidad de su propiedad de Cascais (Portugal).
Sin grandes escenarios ni despliegues públicos, como era de esperar, Cristiano Ronaldo y Georgina Rodríguez celebraron una boda muy íntima rodeados de sus hijos y su hogar, en una fecha cuidadosamente elegida para cerrar un círculo que comenzó diez años atrás.
La confirmación de la unión se anunciaba ese mismo día a través de un post compartido en Instagram, con una imagen muy sencilla que mostraba las manos de ambos entrelazadas y sus nuevas alianzas. Tuvimos que esperar a la exclusiva de Vogue para conocer todos los detalles de la boda, que llegarían tan solo unos días después.
El lugar elegido tiene mucho más significado de lo que podría parecer. Cristiano y Georgina decidieron celebrar la ceremonia en el salón de su casa, precisamente el espacio donde transcurre su vida cotidiana junto a sus cinco hijos –Cristiano Jr., Eva, Mateo, Alana y Bella Esmeralda–. En las propias palabras de la novia, es el lugar «donde desayunamos, almorzamos y cenamos, y donde vivimos la realidad de nuestras vidas».
Ella reconoce que durante su infancia imaginaba una boda completamente diferente, con el castillo más grande, el carruaje más lujoso y el vestido más largo. Pero la vida, –y sobre todo una vida en la que el lujo ya forma parte de su día a día– cambió sus prioridades. «Castillos, casas, islas, caballos, coches: todo eso lo tenemos al alcance de la mano cada día. Pero algo íntimo… eso es más inusual para nosotros», explica.
Y aunque la ceremonia doméstica fue deliberadamente reducida, esto no significa que la pareja haya renunciado a una celebración mayor. Georgina confirma que en el futuro habrá una gran boda con familiares y amigos.
La vestimenta tampoco la tradicional. Gio decidió lucir un look de Gucci compuesto por una camisa blanca y una falda midi de seda de silueta tubo y cintura alta, hecha a medida, a juego con unos elegantes zapatos de salón. Las joyas, de Chopard, incluían el espectacular collar Chopard Garden of Kalahari, con un diamante central de 50 quilates. Cristiano también escogió la Casa italiana para la ocasión, con un traje custom de algodón en un tono beige claro, combinado con unos mocasines únicos.
Para inmortalizar el enlace, la pareja escogió al icónico Juergen Teller, quien se encargó de capturar la escena cotidiana en una especie de obra de arte.
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