El artista granadino saca su octavo álbum de estudio tras sus exitosos conciertos en el estadio de fútbol. Es mucho más intimo que los anteriores. Y eso ya es decir.
“Siempre digo que me acuesto con ganas de dejar la música y me despierto con un tema nuevo”, me confesó Dellafuente en una entrevista en Vigo en 2018 antes de un bolo. Por ahora sigue levantándose con ideas. Eso sí, después de conquistar dos días seguidos un estadio de fútbol y congregar a 135.000 personas, ¿qué le queda por hacer? Por lo menos, es de bien nacido ser agradecido. Dellafuente se entrega a sí mismo en BRIGADO para dar las gracias por su vida artística. “Arigatai [Agradecido]”, se descifra en japonés en la portada de su álbum. Tema a tema y a modo de museo, el granadino sustrae los objetos que representan los hitos de su carrera en su octavo disco. Cambia la conquista por la calma.
“Vuelvo a caer. No sé dónde está el fondo de esto”, abre el álbum DELLAFUENTE en Vida en PNG. Siempre hermético, deslizándose entre el retiro y el éxito. Él siempre ha detestado estar delante de los focos. En un mundo hiperconectado, a veces, creemos que somos la opiniones de los demás y él rechaza esa idea. Él es normal, él es 3NOC (su nombre es Pablo Enoc), su nueva identidad artística que lo hace todo más orgánico. Cuenta ya con canciones con C. Tangana, Morad, Judeline, Lola Índigo, Lia Kalis o Rels B. En este disco él mismo es su único feat.
Dellafuente fue el primer artista independiente en llenar un estadio de esas dimensiones en España, sin una gran discográfica detrás, solo con su sello, MAAS, levantado a base de reinvertir lo que genera. “Lleno el estadio, soy futbolista”, defiende en Na me sabe a na. Quien escribió sobre aquellas noches no puede evitar leer este disco como su antónimo: si el concierto fue espectáculo y éxtasis (el géiser de agua de cuarenta metros, la estrella nazarí en el césped, la magnitud del evento…), el álbum es más bien repliegue para escucharlo en calma.
Lo interesante es que Pablo Enoc Bayo, su nombre real, ha contado lo que vino después de la cima: que cuando llegó ya no había nada que demostrar, ni siquiera a sí mismo, y que se aburrió. De ese aburrimiento nace BRIGADO. Así habla en sus redes: “Cuando ni mi familia sabía que hacía música me motivaba explorar lo que podía conseguir por mi mismo. Sin ayuda de nadie. Cuando ya todos se enteraron, me motivaba conseguir mucho más de lo que nadie esperaba de mi. Cuando llegué, ya no había nada que demostrar. Ni siquiera a mi. Y me aburrí”.
«Tengo mejor visión que memoria», declara. Le importa más hacia se dirige que de dónde viene. Cerró la etapa del estadio para construir otra desde cero y sin expectativas. Dellafuente ya no es el mismo que hace siete años. “Siempre he pensado que la estabilidad emocional es una devoradora de creatividad. Hoy en día me siento incapaz de hacer lo que hace años. Igual que en aquel momento también sería incapaz de hacer lo que hago hoy”, afirma. Incluso al final del segundo concierto en el Metropolitano, tras la entrada del Morad, dijo que la música que había hecho hace años ya no le representaba y que venía nueva en camino. Cumplió la promesa.
Nunca quiso ser maleante, sino padre de familia, y aquí lleva esa idea hasta el final: un disco para los suyos, hecho desde el disfrute, el amor y el agradecimiento, con una implicación en la producción mayor que la de cualquier trabajo anterior. Si Torii Yama era un disco conceptual, BRIGADO es interior. Trata el amor romántico, la paternidad, la espiritualidad propia, la vulnerabilidad y asumir la parte humana del error.
Algo que no ha cambiado es en componer música folclórica atemporal. Articula su dualidad: unas raíces entendidas como una identidad en proceso y la pulsión de explorar territorios nuevos. Hay sintetizadores distorsionados y texturas oscuras que de pronto se abren a pasajes luminosos, ritmos afrocaribeños y una producción de vocación alternativa. Son caminos que viene recorriendo desde Lágrimas pa otro día (2023).

Si algo hay que admirar de Dellafuente como artista es que alguien que ha estado en la creación del trap, ha explorado sonidos desde el flamenco, reguetón, rock progresivo, trash metal, pop o balada. Oscila entre el folclore de la música popular y la vanguardia. Hay palmas, autotune, guitarras y sintonías sintetizadas. Y no se cansa de ese aprendizaje constante. Dellafuente abre caminos que después recorren otros. Ya le pasó a Camarón, una de sus referencias constantes, al que tacharon de comercial cuando se atrevió con un flamenco más experimental. A él lo criticaron cuando se alejó de ese trap primigenio. El tiempo suele darles la razón a los dos.
Dellafuente no deja de mostrar sus sentimientos. Es un blandito con pose de malote. «Crucé la frontera para estar contigo, tu hiciste de dos e hiciste el camino. Amo cada parte de lo que construimos», canta en Me olvido, que rompe con una bachata. “Yo aprendí a querer a la misma vez que odiar”, se autocritica y muestra sus inseguridades en “2:3 Filipenses” o La vida te da sorpr3sas. Y no todo es drama: la energía que coge el disco hacia el final, con El baile del agua rompe con lo anterior.
Mención aparte merece Caravaggio. Como el pintor del claroscuro, la canción juega al realismo y al dramatismo, literalmente. «Realista y dramático flow Caravaggio», se define él mismo. Ni miedo ni esperanza [nec spec nec metu], solía decir el pintor barroco. Dellafuente lo coge prestado. Condensa en una sola pieza toda la dualidad del álbum. El estribillo lo muestra: es «agua y hoguera», «árbol y madera», las dos caras de un mismo hombre. Sobre una base que se va abriendo hasta desembocar en una rumba, reivindica su identidad gitana frente al payo. Es director y protagonista. Y se permite una ironía marca de la casa cuando llama a los maleantes a bailar; recordando que se puede venir del barrio sin quedarse en el cliché. Es flamenco y vanguardia al mismo tiempo.
El universo visual va en la misma dirección: cálido y sobrio, elegante pero con carácter, con esos vídeos rodados como un videojuego en primera persona, misión constante y la duda permanente de si lo que vemos es real o una partida. Y al final, en Agradecío, la rosa rosa pálido, convertida en el símbolo del proyecto. Por lo bueno y por lo malo de la vida. Aceptar que los desastres también nos forman como personas. Después de empeñar los trofeos y las derrotas, lo que queda agradecer lo vivido.
“No me preocupa el dinero”, canta en Mi modo de vida <3 feat 3NOC. Ese es, probablemente, el mayor de sus privilegios. Igual que que no le preocupe el futuro. Dellafuente ha llegado hasta aquí peldaño a peldaño, consciente de sus límites, sin pisar a nadie y sin dejar de ser, según quienes lo tratan, un chaval tímido de Armilla que solo quiere ser normal. BRIGADO, es lo que hace alguien así cuando ya lo ha conseguido todo: en lugar de mirar el estadio lleno, mira hacia dentro y se reconcilia con el camino. «Disfruta, ama y agradece», resume él. No es el disco de la conquista. Es el de después, que casi siempre es el más difícil. Por ahora, que nunca cambie su rutina antes de ir a dormir.
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