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Dior vuelve a consolidarse como uno de los shows más esperados y que más dan que hablar cada Fashion Week.

Dior FW19

El Museo Rodin ha sido el escenario elegido para acoger la colección FW19 de la firma. En la decoración destacaban las letras “DIOR” sobre la entrada, creadas a partir de mujeres desnudas (“cada una representa a una mujer diferente”, según la Maison). Una obra de la artista y poeta italiana Tomaso Binga. Aunque, curiosamente, su nombre es un seudónimo masculino en protesta por los privilegios reservados a este género: la artista se llama realmente Bianca Pucciarelli Menna. Y su obra ya marcaba hacia dónde iba orientado el show.

Las piezas de la colección pretendían reconectarse con la idea de la feminidad trascendiendo el género, la anatomía y el sexo. Los gráficos de las camisetas presentaban frases como “Sisterhood is global”, una suerte de homenaje a las obras de Robin Morgan y una tendencia que ya vimos cómo explosionó en el público con aquellas inolvidables “Everyone should be feminist” de la colección SS17.

Las modelos lucían elegantes sombreros que se inspiraban en los aires rock y la subcultura de las Teddy Girls de posguerra, una serie de reminiscencias de los años 50 y 60 de códigos andróginos que transgreden la idea de género. Maria Grazia Chiuri ha optado así por un espíritu rebelde encarnado en tejidos como el tweed de los corpiños, el cuero, los acolchados o el tartán. El icónico toile de jouyy el Saddle Bag de la época de Galliano también han tenido cabida en esta colección; y, como no podía ser de otra manera, también ha estado presente el nuevo Book Tote favorito de Dior.

DIOR FW19

Chiuri ha mantenido su esencia característica incorporando nuevos elementos más modernos y contemporáneos. Un toque vanguardista, fresco y juvenil en la piel de mujeres poderosas y unidas. Como ya es tradición, Dior vuelve a revindicar un mensaje feminista para unir la voz de la industria a la lucha por los derechos de las mujeres. Aunque, como ya ha ocurrido anteriormente, intuimos que no faltará el debate más candente: ¿puede una Maison de lujo, con todo lo que implica la industria de la moda como patrón estético y como negocio, pretender ser portavoz de un mensaje feminista?