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Casa Antillón presenta su primera exposición como colectivo. Con una idea nueva y fresca, Domestic Fictions va a más allá de una simple muestra de arte, se trata de una instalación que atrapa y sumerge al visitante, invitando a la reflexión de la identidad y del hogar a través de la experimentación visual, táctil y auditiva.

Visité la sede en Carabanchel de Casa Antillón antes de que inauguraran la exposición. Marta Ocho y Emmanuel Álvarez, miembros de Casa Antillón junto a Yosi Negrín e Ismael Santos, me hicieron una visita guiada por la nave; acaban de mudarse a este espacio que encontraron después de mucho buscar durante la pandemia. Un sitio amplio y perfecto para trabajar. Emmanuel me conduce hasta una planta baja que quieren transformar en una zona de exposiciones; esperan que el proyecto crezca y necesitan un espacio donde poder trabajar y a la vez exponer.

Las obras son creadas por todos los miembros del grupo, la autoría individual no existe. Emmanuel me explica que cada uno hace lo que puede y cuando puede, tienen que trabajar cada uno en lo suyo si quieren mantenerse. Dice no tener problemas para la organización, todos los miembros comparten el mismo entusiasmo en el proyecto. En el patio, Marta pinta una vidriera que va a ser colocada en una de las instalaciones de la exposición, me comenta que más que una simple exposición, lo que intentan es ofrecer una experiencia, y para ello tienen en cuenta el entorno y ambiente en el que se desarrolla. En anteriores exposiciones del colectivo hemos podido ver obras de artistas emergentes, junto con performances y dj-sets; eventos completos que se han agrupado todas las diciplinas en las que se está desarrollando el arte emergente en estos momentos. La novedad que nos trae el colectivo en esta ocasión es la presentación de su propio trabajo en un entorno más que perfecto como es La Real Casa de la Moneda de Segovia, un edificio rodeado de naturaleza en el que Casa Antillón ha montado su propia versión hogareña.

Bautizada como Domestic Fictions, la exposición es un relato de la intimidad a través de varias instalaciones con recorrido lineal. La sucesión de estancias, con obras que simulan el mobiliario de una casa, provocan el despertar de la curiosidad y el sentimiento lúdico, haciendo que el recorrido se convierta en un camino de descubrimiento en que el propio espectador es parte activa. La casa que plantea el colectivo es un espacio onírico marcado por las pesadillas que se reflejan en la decoración de cada estancia, y que se disipan a medida que se va ascendiendo pisos. El día de la inauguración pudimos ver al grupo Las Ángeles de Ariza, formado por Alejandra Mendoza, Iris Torruella y Pau Mart, haciendo una performance en dos salas, con vestuarios de Jorge Ariza.

Cuando me despido les pregunto a los cuatro integrantes qué creen que pensará la gente cuando vea la instalación, y como respuesta citan un mensaje directo que les llegó a su cuenta de Instagram: “Me encanta que sigáis llenando esto de imaginación”.

Fotografías de: Paula Caballero – @exhibitionphoto