Guía HIGHXTAR | Dónde comer durante 080 Barcelona Fashion

Si buscas dónde comer o tomarte algo entre desfile y desfile, estos son los spots que deberías tener fichados durante 080 Barcelona Fashion.

Guía HIGHXTAR | Dónde comer durante 080 Barcelona Fashion

De los nuevos restaurantes del Born a las barras de vinos naturales, las marisquerías de culto y los locales donde encontrarse con la escena creativa de la ciudad. Estas son las direcciones que merece la pena tener guardadas durante la semana de la moda barcelonesa.

Barcelona vuelve a convertirse esta semana en uno de los epicentros de la moda española. Del 20 al 23 de octubre, 080 Barcelona Fashion celebra su 38.ª edición con 26 desfiles que reúnen a firmas consolidadas, talento emergente y diseñadores internacionales. La pasarela se instala esta vez en la Marina Seca del Port Vell, con el Mediterráneo como telón de fondo y una programación en la que conviven nombres como Custo Barcelona, Escorpion, Guillermina Baeza o Dominnico. La apuesta por la sostenibilidad continúa con 080 Reborn, mientras que PLEC lleva la moda más allá de los desfiles, con actividades culturales y retransmisiones en distintos puntos de la ciudad.

Como ya hicimos en París y Milán, seleccionamos las direcciones donde merece la pena comer (y dejarse ver) durante la semana de la moda barcelonesa. Hay nuevos hotspots, restaurantes que ya forman parte del circuito, wine bars, barras de autor, coctelerías y mesas gastronómicas para quienes prefieren cambiar el ruido de un afterparty por una buena cena. En resumen, los sitios donde probablemente quieras estar antes, durante y después de 080 Barcelona Fashion.

Bar Amicks

Carrer de l’Allada-Vermell, 11.

Una de las aperturas más recientes del Born y una de esas direcciones que encajan perfectamente en el radar HIGHXTAR. Inaugurado en julio de 2026, Bar Amicks es el nuevo proyecto de Grup Amicks, responsable también de Bar Pimentel y Nardi. Su propuesta se construye alrededor de la brasa, el producto mediterráneo y una estética contemporánea que combina cocina abierta, terraza y una cuidada selección de vinos y cócteles.

Qué pedir: Los puerros a la brasa con beurre blanc, avellanas y anguila ahumada, las alitas de pollo rellenas de espinacas a la catalana, el rodaballo con pilpil de miso o la picaña de rubia gallega. Para terminar, la piña caramelizada a la brasa.

Casa Costa

Carrer del Baluard, 124.

En primera línea de la Barceloneta, Casa Costa recupera la memoria de los antiguos chiringuitos de la ciudad y la actualiza con una propuesta mediterránea, estética neovintage y unas vistas que justifican por sí solas acercarse hasta allí. El proyecto recoge la historia de un establecimiento familiar ligado al barrio desde hace décadas, pero deja atrás cualquier idea de restaurante de playa convencional. Su cocina presta especial atención al pescado, el marisco y las elaboraciones frescas, con algunos guiños contemporáneos.

Qué pedir: Las croquetas de mejillón tigre con salicornia, las gambas de cristal con huevo frito, el pez limón en aguachile de jalapeño y pepino y, para cerrar, el flan de vainilla.

El Xampanyet

Carrer de Montcada, 22.

Hay bares que nunca necesitan ponerse de moda porque llevan casi un siglo siendo imprescindibles. El Xampanyet es uno de ellos. Fundado en 1929, este pequeño local del Born conserva sus azulejos azules, mesas de mármol y ese ambiente de barra abarrotada que forma parte de la identidad gastronómica de Barcelona. Entre copas del espumoso de la casa, conservas, salazones y tapas tradicionales, aquí no hay espacio para grandes artificios.

Qué pedir: Las anchoas en salazón, la ventresca de bonito, la tortilla de bacalao y los calamares con samfaina. Todo acompañado de una copa de su famoso xampanyet.

Bar Pimentel

Carrer dels Carders, 11.

En un Born donde cada temporada aparece un nuevo restaurante, Bar Pimentel ha conseguido consolidarse como una de las direcciones habituales del barrio. Inspirado en la figura de José Pimentel, abuelo de su fundador Martín Pimentel, el espacio reivindica el espíritu de las tabernas tradicionales a través de una carta de tapas y platos reconocibles, ejecutados con técnicas actuales. Producto de temporada, vermut, buen vino y una estética de bar de siempre reinterpretada para una nueva generación.

Qué pedir: El huevo poché con parmentier de patata y torreznos, la coca de escalivada con sardina ahumada, el canelón de pollo con bechamel trufada y la tarta de queso de mel i mató.

Canvis Nous

Carrer dels Canvis Nous, 8.

Escondido en una pequeña calle del Born, Canvis Nous es exactamente el tipo de wine bar que podrías encontrar en Copenhague, Londres o París, pero con una personalidad muy barcelonesa. Luz tenue, mesas de madera, velas y una clientela que parece conocer perfectamente dónde sentarse. Detrás del proyecto está The Natural Wine Company, con una selección de vinos de mínima intervención que va mucho más allá de las referencias habituales. En cocina, Miguel Rojas trabaja una carta corta y cambiante, apoyada en ingredientes de temporada.

Qué pedir: Entre los platos que han destacado las críticas figuran el apionabo asado con queso azul y piel de pollo crujiente, el conejo al vino tinto con panceta ibérica y salvia, y el atún rojo ligeramente marcado. La carta cambia con frecuencia, así que conviene preguntar por las propuestas del momento.

Nardi

Carrer dels Corders, 11.

Si hay una incorporación reciente que merece hacerse un hueco en esta guía, es Nardi. Abierta en enero de 2026, esta taberna marinera del Born pertenece también a Grup Amicks y apuesta por pescado y marisco de lonja, sin demasiadas intervenciones y con la barra como protagonista. Un interior de inspiración setentera, dominado por tonos azules y superficies reflectantes, acompaña una carta que cambia según las capturas del día. Robata, plancha y fritura sustituyen a las elaboraciones innecesariamente complicadas.

Qué pedir: La parpatana de atún, auténtica protagonista de la casa, la gilda de anchoa, boquerón y atún, los embutidos de pescado y, cuando estén disponibles, el calamar con kimchi o el pincho moruno de merluza.

El Pollo

Carrer del Tigre, 31.

En pleno Raval, al lado de la histórica sala La Paloma, El Pollo demuestra que un bar de barrio puede seguir siendo relevante sin renunciar a su esencia. El cocinero bilbaíno Aimar Córdoba recuperó este local de estética clásica para convertirlo en un pequeño templo de la tortilla, los guisos y las tapas de influencia vasca. Manteles inexistentes, una barra llena de movimiento y una cocina mucho más seria de lo que su apariencia sugiere.

Qué pedir: La tortilla de patatas al estilo vasco, muy melosa y con cebolla, las croquetas, los chipirones encebollados y la merluza en salsa verde, cuando esté disponible. La tarta de queso también merece un hueco.

Sra. Dolores

Carrer del Marquès de Campo Sagrado, 27.

En Sant Antoni, una antigua churrería se convirtió en uno de los bares más singulares de Barcelona gracias a Mathieu Pérez, cocinero y sumiller que pasó por Bar Brutal. La idea de Sra. Dolores gira alrededor de una técnica que pocas veces ocupa el centro de una propuesta gastronómica: la fritura. Pérez juega con texturas, masas y contrastes, combinando bocados crujientes con elaboraciones frescas y una selección de vinos naturales.

Qué pedir: Los churros de patata, la lasaña frita y los arancini de temporada. Entre los postres, el flan de anís verde es uno de los bocados más reconocibles de la casa.

Masil

Carrer del Marquès de Campo Sagrado, 29.

La gastronomía coreana lleva tiempo conquistando Barcelona, pero Masil ha encontrado su propio camino alejándose de los conceptos más previsibles. En este pequeño restaurante de Sant Antoni, inaugurado en 2024, la cocina tradicional coreana se combina con una sensibilidad contemporánea y una interesante propuesta líquida de soju, vinos naturales y cócteles. Luz cálida, ambiente íntimo y platos pensados para compartir hacen que funcione tanto para una cena entre amigos como para una cita.

Qué pedir: El kimchi, las algas crujientes con tofu y los ssam, especialmente el galbi de costilla de Black Angus marinada y cocinada al carbón. También merece atención el pollo frito coreano y las sopas caseras, como el eomuk tang.

Tiberi Bar

Carrer de Vila i Vilà, 67.

Tiberi es uno de esos lugares donde gastronomía y diseño conviven de manera natural. Situado en Poble-sec, este wine bar nació con la intención de transformar el acto de salir a comer en una experiencia social, con una estética minimalista, mármol verde, iluminación estudiada y un ambiente que recuerda a algunas de las barras creativas del norte de Europa. La carta apuesta por el producto de temporada, las recetas mediterráneas reinterpretadas y una selección de vinos naturales de pequeños productores.

Qué pedir: Las gildas XL, el bocadillo de pollo asado, la polenta a la plancha y las verduras de temporada. Para terminar, la crema catalana. Si apetece un cóctel, el Mezcal Paloma es una de las recomendaciones recogidas por Guía Repsol.

Quimet & Quimet

Carrer del Poeta Cabanyes, 25.

Pequeño, legendario y prácticamente imposible de entender desde fuera hasta que se cruza su puerta. Quimet & Quimet lleva abierto desde 1914 y sigue siendo una de las grandes instituciones del aperitivo en Barcelona. En apenas unos metros cuadrados, las paredes repletas de botellas y conservas enmarcan una barra en la que se elaboran montaditos con combinaciones que han hecho famoso al establecimiento. No hay cocina al uso, ni sillas, ni necesidad de actualizar una fórmula que lleva generaciones funcionando.

Qué pedir: El montadito de salmón con yogur y miel trufada, el de alcachofa con queso, las zamburiñas con caviar y las conservas de primera calidad. No aceptan reservas y abren de lunes a viernes.

Xemei

Passeig de l’Exposició, 85.

Los hermanos gemelos Stefano y Max Colombo llevan años demostrando que la cocina italiana es mucho más que pasta al pesto y burrata. Su restaurante Xemei, en Poble-sec, reivindica las recetas del Véneto con especial atención al pescado, los escabeches, la pasta y los sabores intensos del Adriático. El espacio tiene esa mezcla de restaurante de culto y osteria desenfadada en la que una cena puede alargarse sin demasiados planes posteriores.

Qué pedir: Las sarde in saor, sardinas marinadas con cebolla; el baccalà mantecato, una especie de brandada de bacalao veneciana; los bigoli in salsa, pasta gruesa con anchoa y cebolla; y las sepietas a la plancha con polenta.

Bar Bocata

Travessera de Gràcia, 86. También en Avinguda Diagonal, 343.

Abierto en 2024 por Quim Crespo y Oriol Fernández, junto al cocinero Lucas Urmeneta, el proyecto recupera la estética de las barras clásicas, con azulejos retro, aluminio y un ambiente donde se mezclan jóvenes creativos, personajes conocidos y habituales del barrio. Su fórmula se aleja del fine dining para reivindicar platos catalanes sencillos, bien ejecutados y sin pretensiones. El éxito ha sido tal que en 2026 sumó un segundo local en la Diagonal.

Qué pedir: El pincho de tortilla bien jugosa, los famosos macarrones de la casa, el bocadillo de butifarra DosErres con queso y el capipota.

La Fonda de Pirenaicas

Carrer de Terol, 6.

Después de convertir Mantequerías Pirenaicas en una referencia de la tortilla de patatas barcelonesa, Miguel Puchol amplió su universo gastronómico con una fonda dedicada a la cocina tradicional catalana. Situada en Gràcia, La Fonda de Pirenaicas reivindica el recetario de las abuelas, los sofritos largos y los platos de cuchara. Su estética recupera el espíritu de los antiguos comedores populares, con mesas próximas y un ambiente siempre animado.

Qué pedir: Los fideos a la cazuela con lagarto ibérico, que se han convertido en uno de los platos más celebrados de la casa, los macarrones gratinados de la abuela, las albóndigas y la croqueta de pato Pekín.

Bodega Bonay

Gran Via de les Corts Catalanes, 700.

Dentro de Casa Bonay, uno de los hoteles con mayor conexión con la escena cultural y creativa de Barcelona, Bodega Bonay es mucho más que el restaurante de un alojamiento. Su identidad gira alrededor del vino natural, el producto de proximidad y una cocina que mezcla influencias mediterráneas e italianas. El chef Giacomo Hassan firma una propuesta donde las pastas, las verduras y las elaboraciones de temporada tienen un papel protagonista.

Qué pedir: El pan con mantequilla ahumada, la tatin de alcachofa, los tagliolini aglio, olio e peperoncino con berberechos y la tarta de almendra, que se prepara al momento.

Ultramarinos Marín

Carrer de Balmes, 187.

Ultramarinos Marín lleva años apareciendo en las conversaciones de quienes realmente siguen la escena gastronómica de Barcelona. Borja García Ordoño convirtió un antiguo bar de la calle Balmes en un restaurante donde el producto y el fuego son los protagonistas absolutos. La estética permanece sencilla, con una barra que funciona como escenario de una cocina de enorme precisión. Aquí se curan embutidos, se trabajan pescados enteros, se preparan guisos y se cocina a la leña sin necesidad de convertir cada plato en una demostración técnica.

Qué pedir: El alioli de la casa, convertido prácticamente en una institución, la patata con manteca colorá, los pescados de temporada y, si aparecen entre las sugerencias, las huevas de lenguado o las cocochas. Lo mejor es dejarse aconsejar según el producto del día.

Bar Torpedo

Carrer d’Aribau, 143.

Rafa Peña, el cocinero detrás de Gresca, creó Bar Torpedo con la premisa de encontrar un lugar donde comer realmente bien cuando la noche ya está avanzada. Su estética retro, las paredes verdes, el futbolín y los sillones de escay lo sitúan a medio camino entre un bar de barrio ochentero y una hamburguesería de culto. Detrás de sus bocadillos, croquetas y hamburguesas hay un producto de primer nivel.

Qué pedir: La hamburguesa de vaca gallega madurada con cheddar, gouda y pan abriochado, el bocadillo de albóndigas con albahaca, las croquetas de gambas y el sándwich de ensaladilla rusa.

Masa Vins

Carrer de Pallars, 154.

Poblenou también tiene sus propios lugares de encuentro y Masa Vins es uno de los más reconocibles. El proyecto de Antonella Tignanelli nació alrededor de los vinos naturales, pero pronto se convirtió en un espacio donde la gastronomía, la música y la comunidad creativa conviven. Lejos de la solemnidad de ciertas vinotecas, aquí la experiencia gira alrededor de descubrir nuevas botellas y compartir platos de inspiración mediterránea con influencias internacionales. .

Qué pedir: El escabeche de mejillones con alioli de pistacho y estragón, el crudo de lubina con aceite de kumquat, las verduras de temporada o el sándwich de cebolla e hinojo con queso y miso. La carta cambia, así que vale la pena consultar las propuestas disponibles.

Lluritu

Carrer del Torrent de les Flors, 71. También en Carrer de la Virtut, 11, y Passeig de Sant Joan, 72.

La marisquería no tiene por qué ser solemne, y Lluritu lleva años demostrándolo. Su primer local, en Gràcia, apostó por recuperar el placer de comer pescado y marisco en un espacio informal, animado y sin protocolos innecesarios. La cocina se apoya en la brasa y la plancha, con intervenciones mínimas para preservar la identidad del producto. El éxito dio paso a nuevos establecimientos, aunque el original mantiene ese encanto de pequeña marisquería de barrio donde todo gira alrededor de lo que llega de la lonja.

Qué pedir: Las navajas a la plancha, los sepionets, las gambas, los mejillones a la brasa y la ensalada de anguila ahumada. Si hay lluritu (el pescado que da nombre al restaurante), merece la pena probarlo.

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