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La nostalgia y el efecto dos mil vuelven a conectar a las nuevas generaciones a una versión actualizada de la estética y del espíritu Mcbling. Desde los tracksuits de terciopelo de Juicy Cuture a los bolsos de Von Dutch o los tops de Baby Path están haciendo vibrar nuevamente todo ese imaginario visual que abrió un nuevo capítulo en la historia de la moda Y2K. Pero ¿qué es realmente el Mcbling y en qué se diferencia del efecto 2000?

La era Mcbling se proyectó como un nuevo episodio emergente o secuela del efecto Y2K, comprendido entre finales de los 90 y principios de los 2000, que acabó de tecnificar y hacer brillar todo su archivo en algo mucho más glamuroso. El estilo de esta nueva tendencia estética se centraba en el brillo, entre ropa y joyas resplandecientes, y Blackberrys sincronizadas con looks tintados en rosa.

Entre sus códigos distintivos, podíamos encontrar algunos como el acortamiento de la falda, la veneración del terciopelo y la inmersión del streetwear en escenarios descontextualizados como la alfombra roja. Artículos como camisetas gráficas con eslóganes de “don’t be jealous” se activaban simultáneamente como piezas de deseo por parte de personalidades como Paris Hilton o Nicole Richie, mientras los chándales o los vaqueros de tiro bajo se embellecían con infinidad de brillantes.

LA EVOLUCIÓN DEL MCBLING

La corriente estética alcanzó el clímax de popularidad en 2003 y 2008 gracias a artistas icónicos como Missy Elliot, o LL Cool J, quienes elevaron la tendencia con sus chándales, looks coordinados, maxi-joyas y accesorios para el pelo. Aunque, en este contexto, cabe hacer una mención especial al rapero Cam’ron, y su momento estelar en la cultura pop tras el desfile de Baby Phat Fall 2003, enfundado en un conjunto de piel en baby pink y un móvil rosa de tapa con el que llamaba al futuro de la moda.

Más allá del sello Baby Phat, se hicieron eco de la estética otras firmas que fueron el fervor de la época como Von Dutch, Juicy Couture, Playboy o PINK. Entre conejitos, minifaldas plisadas, tops con mensajes y collares brillantes con iniciales se desbloqueaba todo un universo de destellos que destapó looks míticos como los de «Mean Girls» o de series como «Lizzie Mcguire», y ese tweencore aesthetic vinculado que convirtió en materia de estudio la temática nostálgica y adolescente inspirada en el instituto.

El nacimiento de este nuevo paradigma o resurrección del efecto Y2K se coordinó asimismo con las primeras etapas de la revolución digital y la interconexión. La tecnificación y los móviles se hicieron más populares, entre diferentes modelos de Blackberry y Motorolas con tapa decorados con gemas brillantes.

EL MCBLING VERSIÓN 2022

La versión posmoderna del Mcbling llega como una carta de amor o mensaje de texto a aquella época en la que la excentricidad y la ostentación ahora se conciben como vías evasivas con las que iluminar una realidad quizás algo más distópica.

Ya sea a través de la constante búsqueda de piezas de archivo dosmileras en Depop u otras plataformas de segunda mano, como de la remasterización estética por parte de algunas marcas, la obsesión de internet por el Mcbling nos bombardea de zumbidos ahora más que nunca. En esta misma burbuja, iconos de la moda como Bella Hadid acaban de expandir su imaginario visual con outfits como chándales rescatados de Rocawear, la línea de hip hop liderada por Jay-Z.

Incluso las Nike Shox, un modelo que parecía haberse desvanecido de la rotación sneaker, vuelven ahora para acabar de elevar looks. Una silueta que sigue reinterpretándose por diseñadoras como Martine Rose en versión mule o sirve de inspiración para las nuevas Asics x Hysteric en colaboración con Kiko Kostadinov. De esta manera, ese combo de tonos rosas, brillo y amortiguación, que suscriben asimismo artistas como Bad Gyal, está haciendo resucitar el Mcbling en versión 2.0.





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