El fin de la función: moda hecha para el scroll y no para los cuerpos

Hemos cruzado el umbral donde la moda ha dejado de ser una disciplina al servicio de la anatomía humana para convertirse en una al servicio de la cultura digital.

El fin de la función: moda hecha para el scroll y no para los cuerpos

El diseño es, por definición, el proceso de configuración mental preliminar —o «prefiguración»— que antecede a la búsqueda de soluciones para que un producto resulte útil y atractivo. Bajo esta premisa, el diseño debería ser un puente entre la necesidad humana y la estética. Sin embargo, en la moda contemporánea, ese puente se ha roto. La industria ha dejado de buscar soluciones para el cuerpo y ha empezado a diseñar exclusivamente para la interfaz.

En esta nueva era, la «prefiguración» ya no ocurre pensando en la anatomía, sino en el algoritmo. La moda ha sufrido una mutación radical: ha dejado de diseñarse para el movimiento humano y ha empezado a diseñarse para el scroll. Ya no importa si un bolso es ergonómico o si una chaqueta permite doblar el brazo; lo que importa es si una pieza es capaz de detener nuestro pulgar durante medio segundo. Es la era donde las marcas han dejado de vestir cuerpos para empezar a decorar píxeles.

Rihanna en el desfile de AWGE con bolso Dracula de Dior . GETTY IMAGES

Esta desconexión física se hace evidente cuando observamos piezas que parecen más un prop de cine que una prenda. El bolso de Drácula de Dior es el síntoma perfecto: un objeto con una carga visual tan densa que anula a quien lo lleva. No es un accesorio para acompañar un atuendo, es un «objeto-personaje» que exige el protagonismo absoluto de la foto. Pero Dior no está solo en este delirio táctico. Lo vemos cuando JW Anderson nos obliga a pasear una paloma de resina rígida en la mano, un bolso sin asas ni flexibilidad que nos convierte en taxidermistas de lujo por el bien de un like.

En este ecosistema, el cuerpo humano ha pasado a ser un elemento secundario, casi un inconveniente. Ya no diseñamos para humanos que caminan, se sientan o sudan. Diseñamos para estatuas de contenido. ¿De qué otra forma se explican las Big Red Boots de MSCHF? Unas botas que ignoran la anatomía del tobillo, que requieren de ayuda externa para ser retiradas y que transforman el acto de caminar en una parodia de dibujo animado. O los zapatos de Loewe que imitan los pies de Minnie Mouse, alterando las proporciones humanas hasta el absurdo. Son piezas que, una vez fuera del encuadre de la cámara, pierden su razón de ser. Son, en esencia, anti-moda: ropa que odia el movimiento.

Incluso cuando se roza lo invisible, como el micro-bolso de MSCHF (más pequeño que un grano de sal), el mensaje es claro: la utilidad ha muerto. Si no cabe en el bolso ni siquiera el deseo de usarlo, ¿qué estamos comprando? Compramos la viralidad del unboxing. Es una transacción donde sacrificamos la comodidad física por el capital social digital. Somos cómplices de una industria que premia el «impacto por segundo» por encima de la durabilidad o el oficio.

Aunque marcas como Prada giran el timón hacia una «era del esfuerzo» o una estética del desgaste real, el mercado mayoritario sigue hambriento de lo hiper-visual. Estamos atrapados en una contradicción: queremos sentir que compramos algo con «alma», pero seguimos persiguiendo el objeto que mejor queda bajo el flash del smartphone. Mientras el éxito de una colección se mida en reels compartidos y no en años de uso, seguiremos siendo simplemente percheros de carne para accesorios que viven mucho mejor en la nube que en la calle.

Sigue toda la información de HIGHXTAR desde Facebook, Twitter o Instagram

Podría interesarte…

© 2026 HIGHXTAR. Todos los derechos reservados.