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El calzado que puso contra las cuerdas a los cánones estéticos de principios del siglo XXI está a punto de cumplir dos décadas. La marca de zuecos nació en 2002. Su primera tirada de doscientos pares se presentó en el Salón Náutico de Fort Lauderdale en Florida; se agotaron. Los padres de Crocs, Lyndon Hanson, Scott Seamans y George Boedecker no se esperaban la repercusión que su producto tendría en el devenir de la moda años más tarde.

Crocs

Los tres fundadores diseñaron un calzado para la navegación basado en la ligereza, la resistencia y la impermeabilidad; su eslogan anteponía la funcionalidad y comodidad a la apariencia. Su silueta ancha y perforada absorbía golpes y vibraciones, además de repartir el peso del pie de manera adecuada. Con estas características fue la gente de a pie quien fomentó las ventas de Crocs; el personal de cocina y sanitario los convirtieron en sus mejores aliados del día a día.

De este modo, los zuecos Crocs se fueron alejando de su origen marinero para abordar, ampliar y afianzar los nuevos horizontes. Asimismo, la compañía los adapto a las necesidades de estos sectores que los demandaban cada vez más; incluso los dispuso en colores que conjuntarán con los uniformes de trabajo. Lo más interesante es que su éxito se debe al boca a boca, a la confianza que sus clientes depositaron en el producto y que no se vio mermada. En 2006, The Washington Post’s se hizo eco de este fenómeno dando a Crocs una difusión y un alcance mayor.

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Otro medio publicitario inesperado fueron las instantáneas de George W. Bush y Michelle Obama luciendo un par de Crocs. Su comodidad y funcionalidad gracias a su material Croslite y su diseño llegó a las esferas más altas de la política estadounidense. Algunos medios de comunicación criticaron y calificaron este calzado como el más feo del mundo, pero este intento de degradar las Crocs obtuvo un efecto contrario. El diseñador Christopher Kane incluyó por primera vez este extraño zueco en su colección SS17 presentada en la Semana de la Moda de Londres.

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A pesar del apoyo de Kane, fue el diseñador Demna Gvasalia quien elevó las Crocs a su máximo exponente. El georgiano estableció una nueva corriente estética a mediados de la segunda década de los 2000, el ugly wear. La desarrolló en su firma Vetements y con su participación en la dirección creativa de Balenciaga. La aparición de Crocs en la casa de origen español fue en la propuesta FW17 en París. Esta nueva tendencia fue absorbida por la cultura pop y las Crocs se convirtieron en un producto de culto. Su apariencia poco atractiva era, contra todo pronóstico su nuevo reclamo.

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Estos zuecos perforaron rompieron las reglas estéticas políticamente correctas de la moda para dar paso a una forma de vestir más atrevida. Lo feo era lo más deseable de influencers de la industria. Artistas y nuevas etiquetas quisieron colaborar con Crocs consolidando su posición en el sector. Además, su combinación con calcetines altos ha transformado la percepción de aquellos que lo lucen así, antes eran paletos y ahora, tienen rollo.

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