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El plagio a GCDS de Shein y el eterno debate sobre la propiedad intelectual en el mundo de la moda 

El plagio a GCDS por parte de Shein abre el debate en cómo de óptimo es el concepto de moda que estan manejando tanto consumidores como creadores.

El plagio a GCDS de Shein y el eterno debate sobre la propiedad intelectual en el mundo de la moda 

El tema del plagio en el mundo de la moda no es un tema mucho menos desconocido. Siempre que surge un nuevo caso, las heridas sobre cuestiones sobre la propiedad intelectual o la asequibilidad de los artículos de lujo se abren. Aunque las acusaciones de plagio por parte de SHEIN a marcas grandes o pequeñas son bastante comunes y otras empresas como Inditex también navegan en el límite de la legalidad en estos temas, esta vez la víctima ha sido GCDS. 

En una publicación de Instagram el lunes, Giuliano Calza le declaró la guerra a SHEIN por el evidente plagio que había hecho la multinacional china. El diseñador presentó imágenes de la versión de Shein del GCDS Morso Heel que debutó en su colección «Dracula» FW22 y ha ampliado su tallaje para que hombres puedan llevarlo. El zapato en cuestión presenta un talón en forma de boca con colmillos y asciende a un precio de unos 785€. Shein, sin embargo, puso a la venta su versión -o copia si nos dejamos de eufemismos- por 25,40€.

En la publicación, Calza compartió sus pensamientos sobre el asunto con una serie de frases sentencia y el título: «BOYCOTT @SHEINOFFICIAL o acepta el comportamiento abusivo, acepta el robo y acepta el planeta donde vives, para quemar en la vergüenza y el miedo. Acepta la mediocridad (de valores) y participa en matar los sueños de otra persona». 

Desde que él denunciase el artículo de Shein en su cuenta, el dupe de GCDS fue borrado del mapa. Sin embargo, ha tocado puntos calientes como la creatividad y la producción en el mundo de la moda. ”A aquellos que me preguntan por qué no puedo poner más baratas mis piezas… porque respeto a los trabajadores, los salarios y uso una cadena de suministro y materiales éticos».  Aunque muchas personas han apoyado el boicot de Calza a Shein, han sorprendido los cientos de comentarios  de la publicación, culpando an la firma italiana de sus altos precios y justificando a la multinacional del fast fashion, agradeciéndola la labor de democratización por hacer que la gente de a pie se pueda comprar un gran diseño a precios irrisorios. 

El agradecimiento a Shein por su labor de democratización de la moda, sin embargo, parece simplista. Claramente hay gente que no puede acceder a estos artículos de lujo, en busca de dupes con las que alcanzar el sueño de la marca. Pero también está claro que nadie necesita comprar un artículo de lujo, sea verdadero o falso, para sobrevivir. Por no hablar de lo peligroso que es ignorar el daño ambiental y la gran explotación humana que empresas como Shein hacen al planeta. 

Este caso es la mayor demostración de que en este tipo de guerras colisionan factores que hacen que el mismo sistema de la moda se perpetúe. El mismo sistema que lleva a los consumidores a comprar decenas de prendas al mes es el mismo que les hace pensar que usar una pieza de lujo es fundamental para lucir cool y a la moda. Pero, ¿no era el lujo lo opuesto a la moda? Con el ciclo del deseo acelerado al máximo, convirtiendo todo en una carrera a la siguiente tendencia, la mayor parte de la población no se va a comprar un artículo sujeto a una moda por 900€. Por eso acude a sitios como Shein para darse el capricho y poder ponérselo durante máximo dos meses, hasta que el calzado acabe en la basura o en su perfil de vinted, siendo optimistas. 

La legislación tampoco ayuda a que la propiedad intelectual y la libertad creativa se pueda ejercer con tranquilidad. Así como pasa con otros artistas como pintores o fotógrafos, tendría que haber derechos protegiendo a los diseñadores. Pero entra en juego la propiedad industrial aquí. La propia naturaleza del sector —por su producción en masa y la temporalidad cada vez más acelerada— hace que la modalidad usada sea la propiedad industrial y en ella es más complicado considerar algo una vulneración de la originalidad. El problema, por tanto, quizás está en el propio concepto de moda que estemos manejando. 

Las marcas de moda existían, existen y seguirán existiendo, las tendencias cada vez van más rápido y las imitaciones también seguirán. Sea como sea, estamos en esta terrible situación donde la moda rápida y las micro-tendencias determinan la forma en que la gente viste. Una bomba de relojería en contra de la sostenibilidad en todos los niveles.

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