¿El sexo cuenta como ejercicio? La obsesión por medirlo todo

Un estudio sobre las posiciones sexuales más activas abre una conversación sobre cuerpo, placer y la obsesión por cuantificarlo todo.

¿El sexo cuenta como ejercicio? La obsesión por medirlo todo

Un estudio que clasifica las posiciones sexuales según las calorías que consumen nos hace plantearnos una pregunta todavía más interesante: ¿hemos permitido que la cultura del rendimiento colonice también el placer?

Hace unos días encontré un estudio de Hidden titulado These Sex Positions Will Help You Burn The Most Calories In 2026. El informe clasificaba una serie de posiciones sexuales según su supuesto gasto energético y colocaba el denominado “batidor de mantequilla” en primer lugar, por delante del sexo de pie, el estilo perrito, la carretilla de rodillas y el loto.

Según sus cálculos, algunas de estas prácticas permitirían superar las cien calorías en apenas quince minutos. Una cifra perfectamente concebida para circular por TikTok, convertirse en una infografía y acabar integrada en alguna rutina de bienestar junto al matcha, el pilates reformer y la terapia de luz roja.

Sin embargo, más que animarme a memorizar la clasificación, el estudio me hizo plantearme dos cuestiones bastante más interesantes: ¿el sexo cuenta realmente como ejercicio? Y, sobre todo, ¿hay alguien pensando sinceramente en adelgazar mientras lo practica?

Personalmente, me cuesta imaginar una imagen menos erótica que la de dos personas (o las que sean) consultando su reloj inteligente al terminar para comprobar si el encuentro ha cerrado los anillos de actividad. Una escena que condensa perfectamente nuestra relación actual con el bienestar.

Primero fueron los pasos. Después llegaron las pulsaciones, las fases del sueño, los gramos de proteína, la variabilidad cardíaca y los minutos que pasamos frente a una pantalla que, de vez en cuando, nos aconseja alejarnos de ella. El sexo, naturalmente, tampoco podía permanecer al margen.

En algún momento, el placer dejó de ser suficiente. Ahora debe reducir el cortisol, reforzar el suelo pélvico, favorecer el descanso, regular el sistema nervioso y, en la medida de lo posible, compensar el plato de pasta que te comiste la noche anterior.

Eyes Wide Shut (1999)

¿El sexo cuenta como ejercicio?

El informe de Hidden parece no apoyarse en un ensayo clínico publicado, una muestra representativa o mediciones metabólicas directas. Sus cifras deberían entenderse como una estimación promocional, no como una prescripción médica ni como una tabla de equivalencias entre orgasmos y sesiones de gimnasio.

No considero problemático sentir curiosidad por la dimensión física del sexo. Saber que una posición exige estabilidad, movilidad de cadera o fuerza en los brazos puede ayudar a adaptarla, anticipar molestias o comprender por qué, al día siguiente, aparece una agujeta en un músculo cuya existencia habíamos olvidado.

La incomodidad comienza cuando necesitamos traducir esa experiencia en calorías para justificarla. Es como si disfrutar sin mejorar simultáneamente el abdomen fuese una oportunidad desaprovechada.

El estudio también distribuye el esfuerzo entre “hombres” y “mujeres”, reproduciendo un imaginario en el que un hombre cisgénero ejecuta la acción mientras una mujer cisgénero la recibe. Una coreografía tan antigua como insuficiente.

Esa división excluye a parejas queer, personas trans, intersexuales y no binarias. Pero también describe de forma bastante pobre muchas relaciones heterosexuales, donde el movimiento, el poder y la iniciativa no se distribuyen necesariamente de acuerdo con el género.

Bound (1996)

Las posiciones sexuales más activas

Fingir que el ranking no despierta curiosidad sería poco honesto. Todos queremos saber qué posiciones exigen más fuerza, equilibrio o movilidad, aunque solo sea por esa pulsión tan humana de comprobar en qué lugar de la lista aparece aquello que ya hacemos. Así que, estas son las posiciones que Hidden considera más activas:

1. Sexo de pie

Las posiciones de pie suelen implicar piernas, glúteos y musculatura abdominal para conservar la estabilidad. Cuando una persona sostiene parcial o completamente el peso de otra, también entran en juego los brazos, la espalda y los hombros.

De ahí que aparezcan habitualmente entre las prácticas consideradas más activas. Sin embargo, el sexo de pie no constituye una posición cerrada. Puede realizarse con apoyo en una pared, utilizando un mueble, alternando el peso o evitando que cualquiera de las personas tenga que sostener por completo a la otra.

Habría que abandonar la imagen previsible del hombre levantando a la mujer como si ambos participaran en una campaña de perfume particularmente ambiciosa. El esfuerzo puede circular, repartirse y cambiar. También puede no asumirse.

Las diferencias de altura, el dolor articular, la fatiga, la discapacidad o los problemas de equilibrio modifican inevitablemente la experiencia. Una posición no es mejor por ser visualmente más espectacular.

2. Carretilla

Las variantes de carretilla requieren trabajo en brazos, hombros, espalda y abdomen. También exigen coordinación para distribuir el peso sin ejercer una presión excesiva sobre las muñecas o la zona lumbar.

Es una de esas posiciones que adquieren una elegancia impecable en una ilustración lineal y bastante menos cuando intervienen la gravedad, las sábanas y los límites materiales de la anatomía.

Activar más grupos musculares no convierte automáticamente una práctica en más saludable. Cuando aparecen dolor, inseguridad o miedo a caer, la intensidad deja de resultar estimulante.

La posición puede adaptarse mediante apoyos, reduciendo el ángulo o trasladando parte del peso a la cama. También puede abandonarse después de unos segundos sin que eso revele nada sobre nuestra capacidad para disfrutar.

3. Cuclillas

Las posiciones en cuclillas activan los cuádriceps, los glúteos y la musculatura estabilizadora de las piernas. También necesitan movilidad en caderas, rodillas y tobillos. Mantenerlas durante varios minutos puede aproximarse a una sentadilla isométrica.

No todos los cuerpos poseen la misma movilidad, resistencia o estructura anatómica. La profundidad del movimiento depende de las proporciones corporales, la fuerza, las lesiones previas y la capacidad física de cada persona.

Forzar el cuerpo para reproducir una imagen observada en internet contradice precisamente la idea de bienestar que estos contenidos pretenden representar.

El recorrido puede reducirse. Los apoyos pueden incorporarse. El movimiento puede distribuirse o interrumpirse. No existe ninguna recompensa por permanecer en una posición hasta perder la sensibilidad en las piernas.

4. Estilo perrito

En esta posición, la exigencia física puede recaer sobre cualquiera de las personas. Quien se encuentra apoyado puede activar brazos, hombros, abdomen y glúteos; quien ocupa la parte posterior puede emplear piernas, caderas y musculatura central.

Hidden la situó entre las prácticas de mayor intensidad y también entre las más buscadas.

Esta postura aparece culturalmente asociada al dominio, la pasividad, la exposición o la pérdida de control. El problema no reside en jugar con el poder, sino en permitir que opere de forma automática, sin conversación y sin posibilidad de modificarlo.

5. Loto

El loto exige movilidad de caderas, estabilidad en la espalda y cierta activación abdominal. Al situar los cuerpos frente a frente, facilita que el movimiento se comparta y se adapte con mayor facilidad.

También permite mirarse, tocarse, hablar o reírse. Dimensiones difícilmente traducibles en una tabla metabólica, aunque bastante más decisivas para la experiencia.

La sexóloga Emily Nagoski ha insistido en que excitación, deseo, consentimiento y placer no son conceptos intercambiables. La respuesta sexual depende del contexto, la seguridad, el estrés y la relación que cada persona mantiene con su propio cuerpo.

Un organismo puede reaccionar físicamente sin que exista disfrute. También puede haber deseo sin una respuesta corporal inmediata.

6. Cucharita

La cucharita suele ocupar los últimos lugares en estas clasificaciones porque requiere menos esfuerzo cardiovascular. Precisamente por eso puede ser una de las posiciones más cómodas, accesibles y adaptables.

Permite reducir la presión sobre las articulaciones, incorporar juguetes, utilizar las manos, alternar los movimientos o prescindir por completo de la penetración.

Puede resultar adecuada para personas con fatiga, dolor, movilidad reducida o simplemente sin interés en transformar el dormitorio en un circuito funcional.

La cultura del fitness ha convertido la intensidad en una virtud. Pero el sexo no necesita reproducir la lógica de una clase colectiva impartida por alguien que acaba de descubrir la palabra “resiliencia”.

Secretary (2002)

El problema de llamar sexo únicamente a la penetración

La mayoría de estas clasificaciones parte de una premisa muy especifica: dos cuerpos cisgénero, penetración, movimiento repetitivo y una separación nítida entre quien actúa y quien recibe. Todo lo demás se presenta como preliminar o desaparece.

El sexo oral, la masturbación compartida, los juguetes, el roce, las manos, el bondage, el juego sensorial o los encuentros sin penetración apenas forman parte de estas tablas porque cuestionan la definición heterosexual y productiva del sexo.

De acuerdo con el guion tradicional, el encuentro comienza con la excitación, alcanza su auténtico centro mediante la penetración y concluye con el orgasmo, normalmente masculino. Una estructura particularmente eficiente para quien estableció las reglas.

La escritora y doctora en estudios queer Sara Torres ha reflexionado sobre cómo el deseo se encuentra atravesado por imágenes, normas y relatos culturales que nos enseñan qué cuerpos deben atraernos, qué posición debe ocupar cada persona y qué prácticas merecen ser reconocidas como sexo.

Desde esa lectura, el problema de las clasificaciones no es únicamente metodológico. También es narrativo. Quien penetra no tiene por qué dirigir. Quien recibe no tiene por qué permanecer pasivo. Los roles pueden alternarse, desdibujarse o carecer completamente de importancia.

Secretary (2002)

Cuando el wellness coloniza el placer

El éxito de estos rankings no puede separarse de la expansión del bienestar como código de conducta. Dormimos para rendir. Meditamos para producir. Entrenamos para construir una silueta concreta. Comemos para alcanzar objetivos nutricionales y mantenemos relaciones sexuales para liberar hormonas, regular el sistema nervioso o reforzar alguna zona del cuerpo. Incluso el descanso debe demostrar su utilidad.

Para millennials y generación Z, el entrenamiento, el sueño, la salud mental, la apariencia y el bienestar sexual forman parte de un mismo ecosistema. Hablar con mayor naturalidad sobre consentimiento, placer o autocuidado constituye un avance evidente. El problema comienza cuando el cuidado adopta la gramática de la productividad.

El wellness que prometía liberarnos del carácter punitivo de las dietas tradicionales, lo que ha hecho ha sido rediseñar su superficie. La báscula ha sido sustituida por un anillo inteligente; el entrenador hostil, por una aplicación amable; la culpa, por una notificación cortés que lamenta nuestra falta de constancia.

Personalmente, encuentro algo distópico en imaginar la intimidad convertida en otro panel de rendimiento. No porque la tecnología destruya necesariamente el deseo, sino porque demuestra hasta qué punto hemos interiorizado la obligación de producir incluso cuando buscamos placer.

Prefiero pensar que una experiencia sexual valiosa no es aquella que activa una mayor cantidad de músculos, sino la que permite que el cuerpo deje de sentirse observado, corregido o evaluado, aunque sea durante unos minutos.

La nuevas generaciones y su relación con el cuerpo

Las generaciones más jóvenes mantienen una relación contradictoria con el cuerpo. Han ampliado las conversaciones sobre diversidad, consentimiento, identidades queer, salud mental y belleza no normativa. Al mismo tiempo, habitan plataformas que convierten la apariencia en una evaluación permanente.

Cada cuerpo puede compararse. Cada rostro puede corregirse. Cada rutina puede convertirse en contenido. Incluso el body positive termina sometido al criterio algorítmico de quién resulta suficientemente visible, aspiracional y monetizable.

Esta presión posee características específicas para las personas LGTBIQ+. Los cuerpos queer no solo se enfrentan a los ideales estéticos dominantes, sino también a códigos internos relacionados con la musculatura, la delgadez, la androginia, la masculinidad, la feminidad o la expresión de género.

Dentro del sexo, esa vigilancia puede convertirse en una presencia constante: cómo se ve el cuerpo, si está suficientemente definido, depilado, joven, masculino, femenino o deseable desde el ángulo adecuado.

Y tu mamá también (2001)

El placer como acto político

El movimiento body positive ayudó a cuestionar décadas de representación corporal excluyente. Sin embargo, el mercado incorporó rápidamente su lenguaje y lo transformó en un nuevo mandato: además de perfeccionar el cuerpo, ahora debemos amarlo de manera constante. La neutralidad corporal ofrece una relación quizá más habitable. El cuerpo no tiene que parecernos bello todos los días para merecer respeto, cuidado, deseo y placer. Puede estar cansado, enfermo, hinchado, transformado, dolorido o inseguro. No necesita completar ninguna posición para demostrar su legitimidad.

Desde el feminismo negro, adrienne maree brown ha defendido el placer como una dimensión de la libertad y como una herramienta política frente a sistemas que distribuyen de manera desigual quién tiene derecho a sentirse seguro, satisfecho y vivo.

Aplicada a la sexualidad, significa reconocer que el acceso al placer está condicionado por el género, la clase, la raza, la discapacidad, la orientación sexual y la posibilidad material de sentirse a salvo. No todos los cuerpos llegan a la intimidad desde el mismo lugar. Algunos han sido convertidos en objetos. Otros han sido descritos como indeseables, excesivos, enfermos, infantiles o permanentemente disponibles.

¿Cuándo es el mejor momento del día para tener sexo?

Sigue toda la información de HIGHXTAR desde Facebook, Twitter o Instagram

Podría interesarte…

© 2026 HIGHXTAR. Todos los derechos reservados.