Dijo José de Larra, la más alta cota del Romanticismo español del S.XIX que, “Escribir en Madrid es llorar”, y es eso lo que está haciendo Antón Álvarez Alfaro, pero pongamos que hablo de “El Madrileño”.

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Escribir con el corazón en la mano, la vena sensible palpitando en el cuello y una lágrima cayendo por la mejilla, para dejar su huella única en la historia de España, y entonces, rebasar las fronteras de la patria con la virtud de abrirse al mundo, para que su nombre, su estética, su visión y su música viajen en vuelo intercontinental con billete de ida y vuelta a su tierra natal.

Desde las alturas del mainstream, y ante el declive inverosímil de la música urbana (cada vez más insulsa y con una extrema falta de originalidad y frescura), C. Tangana, baja a la tierra, se remanga, busca la raíz, vuelve al campo y encuentra el origen. Traza los surcos en un viaje de vuelta hacia el folclore para ir hacia delante en lo contemporáneo. ¡Mágica paradoja la del eterno retorno!, benditas lecturas de adolescencia, Antón, el superhombre te lleva guiñando un ojo desde que lo descubriste.

En un afán por sorprender, buscarse y reencontrarse, Antón, vuelve a su infancia, a su dulce niñez, donde posiblemente todavía estaba por asentarse el hip hop y el rap en su vida; Pucho, escarba entre sus recuerdos, y en el fondo del baúl, encuentra que convive esa exquisita mixtura de la que saca provecho.

Esa mezcla de cintas, discos y vinilos con los que Antón creció, justo antes de que estallará su vena artística; entre ellos destacan solo leyendas, el “FreeWheelin” de Bob Dylan de su padre, “Ill Communication” de Beastie Boys, los cassettes de Michael Jackson con su “They don ́t really care about us” y el mítico “Billie Jean”, las canciones de Lola y Rosario Flores que le escuchaba cantar a su madre, el corazón partío, “Honestidad Brutal” de El Comandante, Calamaro, “Frontera” de El Divino, Drexler, la guitarra de su padre con la que empezó a coquetear, El Pescailla, las rancheras de Chavela, la Bossa, Buena Vista, los clásicos de España, la copla, Joselito, Pepe Blanco, Antonio Vega, Los Secretos, Kiko Veneno, Ketama y algún éxito más de los 90 ́s y dosmiles. En definitiva, todo clásicos. “Si te fijas, todos vuelven al principio”.

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Todo eso que conforma el conglomerado de su nuevo disco, todo eso vino antes de que estallará su vena artística, se convirtiera en Crema y derramase sangre como tinta “la mejor pluma que ha tenido España desde Hemingway“, como él ya dijo, en uno de sus arrebatos de adolescencia.

Ahí, en plena efervescencia juvenil, ya andaba calado hasta los huesos del rap noventero americano, para situarnos, digamos Public Enemy; de la escena de Madrid; Yako y su “Bump Radio”, Chirie, “Perdedores del barrio” de Perros Callejeros y el “Leyendas Legales” de Hermanos Herméticos. En esa época de las maquetas, el parque (Ágora), el litro y el Do it yourself, Crema presentó lo que iba a ser su nuevo grupo: Agorazein (2008).

Unos años más tarde, la eclosión de Agorazein (Kind of Red, 2011) y el advenimiento de un nuevo artista que iba a revolucionar un país entero, se hizo latente con el alias de C. Tangana. En su constante búsqueda y su consecuente huida hacia adelante, llegó (LO▼E ‘S, 2012), con algo distinto que muy pocos esperaban, ahí ya estaba siendo alternativo; pero de primeras, lo distinto para la masa, pues causa extrañeza y no se acepta del todo. Ese sonido, lo visual y toda la simbología detrás de las letras era demasiado para esos tiempos de sequía; incluso ahora, todo eso, da para tesis de postgrado en la Complu.

Entre medias, y tras esos primeros bandazos consolidados, Pucho, merodeaba en la zona, como un 9 con falta de gol, pero siempre con hambre. Entre madrugones, turnos de noche y curros precarios, fue acumulando ambición con ciertas pinceladas de rabia, por no tener la vida que quería y merecía. Con todo eso vino el retiro, la mili, Antón formó filas para su ejército interno, pasó un par de años en Pueblo Nuevo pensando en el qué y en el cómo.

Y después, lo que todos sabéis, un frenesí de determinación y desinhibición, volver para quedarse, y vivir de lo que más quería y siempre soñó.

“Alligators”, la “10/15”, los beefs mediáticos, Carlotta, Rosalía, Alizzz, la radio, la prensa, la tele, el Rey, las canciones del verano, Sony, “Ídolo”, “Avida Dollars”, “Un veneno”, OT, la tendencia, 2.0.2.0 y, ahora, por fin, El Madrileño.

Gran parte de la culpa de la fiebre que está causando este nuevo embarque, la tiene un tipo llamado Santos; el ojo romántico de España, un poeta de los de antes, un loco enamorado del cine, la arquitectura y el costumbrismo. Santos también es, lo hortera bien llevao, y allí, en esa mezcla sabrosa, reside toda la riqueza que plasma en sus obras.

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Él, junto a toda la tropa de bohemios de Little Spain, que marcan el inicio de la <Generación del 20> (evocando fogonazos de la Movida Madrileña o la Generación del 27), están levantando catedrales en forma de películas y de historias. Están metiendo toda la carne en el asador en su primer proyecto conjunto, ellos guisan lento, como toda la vida, y eso hace, que les esté quedando muy rico. Primero, te sacan entrantes y surtidos ibéricos para abrir boca, y luego, coronan, con un cocido madrileño en tres vuelcos. -“Pero comensales, ¡no se relajen, y hagan hueco para el postre, que estos muchachos no dejan de sorprendernos!”

En un intento, como admirador absoluto, por adivinar lo que desea Pucho y Little Spain con {El Madrileño}, deduzco asintiendo que su aspiración es:

“Esculpir la memoria de España, desbrozando la senda popular salvaguardando las flores castizas infestas de lo político. Convertir el descampao en un jardín y que la tierra yerma de la meseta, sea el fruto y la costumbre venidera que trascienda eternamente tras las lágrimas de lo bonito. Ser el hilo que vertebra generaciones, encarnar la nostalgia de nuestra España con el paso del tiempo y llevar por bandera su tradición y costumbre. Que la sombra del madroño se agrande con los siglos, y que la sangre y las lágrimas de El Madrileño perduren en la historia de la cultura de España y del mundo”.

 

A.Alameda Martínez
“El Querubín Castizo”