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Esta es la fábula de Simone Rocha para la temporada FW25

El desfile contó con un elenco de estrellas: desde Alexa Chung, Bel Powley, Fiona Shaw, Andrea Riseborough, Minha Kim, hasta Fionn O’Shea.

Esta es la fábula de Simone Rocha para la temporada FW25

«Destilando el Pasado para el Presente». Así titulaba el desfile de Simone Rocha, con unas notas poéticas que sintetizaban perfectamente la esencia de su última propuesta: «pasado, presente, presencia, fingir». Frases sencillas pero impregnadas de la profundidad que solo la diseñadora londinense sabe plasmar. Con la colección Otoño/Invierno 2025, Rocha no solo revisó sus pasadas creaciones, sino que también evocó espacios históricos, como el Goldsmiths’ Hall, donde desfiló en FW18, para dar forma a una colección que destila nostalgia, pero que al mismo tiempo se siente absolutamente contemporánea.

Tomando como referencia la fábula de Esopo La tortuga y la liebre, Rocha se sumergió en el pasado, con calma y constancia, para construir un futuro visualmente sofisticado. La colección se erige como una especie de síntesis de sus códigos estéticos más reconocidos: siluetas marcadas por la energía de los lazos, hombros estructurados, adornos luminosos y la presencia de peluches y textiles que rompen la norma, elementos que se fusionan con una modernidad profundamente propia.

Detrás del telón, la diseñadora habló sobre los uniformes escolares, sobre los personajes que poblan el imaginario de la infancia: la directora, la maestra, los niños y niñas, y cómo estos roles tomaron cuerpo en sus modelos. Entre las figuras que adornaban la pasarela se encontraban nombres como Alexa Chung, Bel Powley, Fiona Shaw, Andrea Riseborough, Minha Kim de Pachinko y Fionn O’Shea de Normal People. Y como es propio de la visión de Rocha, todo en el desfile estuvo marcado por una irónica distorsión de lo convencional. Una de las modelos, por ejemplo, caminó con un gesto de total desinterés, con los brazos cruzados, como emulando la actitud más disruptiva del «no me importa».

Pero, sin lugar a dudas, la verdadera protagonista de la velada fue la liebre. O, para ser más precisos, el conejo. Este animal se presentó en una variedad infinita de formas: como bolsos, como estolas de peluche, envolviendo los cuellos de las modelos o incluso como bufandas de gran tamaño, como si se tratara de un accesorio tan emocionalmente cargado como absurdamente lúdico. Su presencia se materializó en acabados esponjosos, en peluche suave e incluso en satinados que evocaban una sensación de inocencia distorsionada, con botones adornados como ojos. Los bolsos de resina rígida en forma de tortuga, por otro lado, fueron un guiño a las colecciones pasadas.

La colección no solo brilló por su carga emocional y su estética, sino por la manera en que se construyó una narrativa de juventud atemporal. En el sector masculino, la propuesta se llenó de pantalones cortos, brogues y camisas de rugby, mientras que en el femenino, la impronta de Rocha se mantuvo intacta, reinventando clásicos: las chaquetas de motorista de cuero, los abrigos de piel sintética, los jacquard de seda rosa y su emblemático tweed bouclé, desgarrado en cintas y anudado con lazos rojos y rosas. El calzado se construyó a base de bailarinas y tacones de gatito de piel sintética. La ausencia de su icónica colaboración con Crocs apenas fue perceptible, lo que es todo un logro en sí mismo.

Así son las últimas Crocs diseñadas por Simone Rocha.

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