De Monegros a Kanye West.
Si este verano te ha dado la sensación de que los festivales ya no compiten solo por el cartel sino por quién monta el decorado más alucinante, no vas mal encaminado. Entre Monegros, Kanye y Horst, 2026 se está perfilando como uno de los años más golosos de la década para todo lo que huela a escenografía. Y lo mejor es que, detrás de cada estructura, hay nombres propios: arquitectos, diseñadores espaciales y estudios creativos que están tratando el escenario como una obra de arte efímera y no como un simple soporte para altavoces.
Así que, en lugar de hablar otra vez de quién ha pisado el escenario, vamos a hablar de quién lo ha construido.
OUTWORLD, el portal sci-fi de Klangkuenstler
Empecemos por el que probablemente sea el escenario de techno más comentado del año. Detrás está Klangkuenstler, artista alemán que lleva años desarrollando OUTWORLD como una extensión de su propia identidad sonora: un proyecto artístico y escénico articulado en torno a sets de larga duración y alta intensidad, donde el Schranz alemán, el hardgroove y las raíces del techno clásico y old school se combinan con una narrativa visual inspirada en imaginarios distópicos y sci-fi. Antes de llegar a Monegros, el concepto ya se había paseado por recintos indoor de gran formato, alcanzando escala arena en distintas ciudades europeas y latinoamericanas, con varias ediciones agotadas.
Lo que ocurrió el 25 de julio de 2026 en Monegros fue otra cosa, la primera vez que OUTWORLD salía de esos recintos cerrados para plantarse al aire libre, con un escenario circular de 360 grados, capacidad para más de 20.000 personas y funcionamiento durante las 22 horas ininterrumpidas del evento. No fue una versión reducida ni una gira del montaje habitual, sino una producción completamente nueva, diseñada desde cero para un entorno natural extremo.
El propio Klangkuenstler explicó qué buscaba con ese cambio de escenario en declaraciones recogidas por Vicious Magazine: «el entorno del desierto, el polvo, el calor y el amanecer hacen que sientas que estás en otro planeta, como si entraras en un mundo distópico y de ciencia ficción que nunca has visto antes». Lo definió, de hecho, como el proyecto más desafiante que ha hecho hasta ahora y la única colaboración de festival que tendrá OUTWORLD, desarrollada junto a la familia Arnau, organizadora de Monegros. Un DJ desapareciendo entre 20.000 personas y una arquitectura circular pensada para envolverlas por completo, ese es precisamente el truco.
Ye, la esfera que se convirtió en planeta
El otro nombre que no podía faltar es Ye, que el 1 de abril de 2026 abrió en el SoFi Stadium de Los Ángeles su primera gira en una década (la Ye Live Concert Tour, la primera desde el Saint Pablo Tour de 2016) con un escenario que consiste en una gran estructura esférica y giratoria que proyecta visuales de la Tierra y la Luna. El diseño corrió a cargo de Ye junto a Aus Taylor, diseñador de Baltimore y colaborador habitual del rapero, mientras que la iluminación estuvo firmada por John McGuire, de Trask House y See You Later.
El propio Ye explicó que el concepto nacía de una idea muy concreta: según recogió RapTV, quería transmitir la sensación de «estar de pie sobre el mundo después de todo lo que hemos pasado«. Aus Taylor, por su parte, prefirió rebajar su propio protagonismo cuando le preguntaron por el diseño: le dijo a Complex que él es «solo un vehículo» y que todo nació de un proceso colaborativo con Ye.
La gira, que ha reunido a más de 118.000 personas en una sola fecha en Estambul (un récord para un espectáculo en estadio), también ha estado marcada por la polémica: varias fechas se cancelaron por la reacción a declaraciones antisemitas anteriores de Ye, lo que incluyó la retirada de patrocinadores como Pepsi en su actuación en el Wireless Festival. Aun con todo eso alrededor, el propio diseño de la esfera —un objeto que convierte al artista en un punto casi inalcanzable, más cerca visualmente cuanto más lejos estás de él— se ha ganado un hueco propio en la conversación sobre escenografía de 2026.
Moon Ra, el altar de Horst que ya va por su tercera vida
Si Monegros apuesta por el futurismo, Horst sigue siendo el festival donde la arquitectura pesa tanto como la música. Su 12ª edición, celebrada del 14 al 16 de mayo de 2026 en el Asiat Park de Vilvoorde (Bélgica), volvió a poner la arquitectura en el centro del programa: el paisajista Bureau Bas Smets reinstaló su pieza Building Biospheres —vista antes en el pabellón belga de la Bienal de Arquitectura de Venecia—, el estudio español TAKK levantó una estructura indoor temporal y el dúo mallorquín TEd’A arquitectes reinterpretó el escenario más icónico del festival, el Moon Ra. Este vídeo de la edición anterior sirve para hacerse una idea del ambiente y la escala de Horst.
Y ese es precisamente el que merece pararse a mirar. El Moon Ra no es una estructura nueva desde cero: lo construyó originalmente Leopold Banchini —el mismo arquitecto de Dark Skies— reutilizando los restos de un escenario anterior, el Feathers. Para 2026, TEd’A arquitectes le ha dado una tercera vida entera con madera reciclada de esos dos montajes previos, protegiendo las uniones más frágiles con brea de pino roja para dejar bien visible todo el proceso de desmontar, reparar y volver a montar. En el centro se alza un pequeño templete de madera que funciona a la vez como altar para el DJ y como torre que sostiene toda la estructura.
El detalle que se lleva la foto, sin embargo, cuelga por encima de la pista: un enorme sol rojo que no se pone nunca. Entre la madera de tercera mano y ese sol fijo sobre la cabeza del público, Horst vuelve a demostrar que su idea de «escenario espectacular» no pasa por lo nuevo y lo caro, sino por convertir la reutilización misma en un ritual.
Tomorrowland, el mainstage que resurgió de sus cenizas
Para entender por qué la mainstage de Tomorrowland 2026 se esperaba con tanta expectación hay que retroceder a julio de 2025: dos días antes de arrancar esa edición, un incendio durante una prueba de pirotecnia destruyó aproximadamente el 75% de la estructura del escenario principal, entonces llamado «The World of Orbyz». El festival logró levantar un montaje funcional en menos de 48 horas gracias a un gesto insólito en la industria: la banda Metallica prestó su propio escenario de la gira «M72», trasladado de emergencia desde Austria a Bélgica.
Para la edición 2026, Tomorrowland ha construido su mainstage en torno al tema oficial «Consciencia«, que integra escenografía, narrativa y tecnología, invitando al público a conectar con la energía colectiva del festival. El primer adelanto mostraba una serie de estatuas gigantes con rostros humanos expresivos, integradas en lo que la organización describe, como una ciudad monumental rodeada de arquitectura fantástica, con efectos visuales que cambian entre el día y la noche.
A lo largo de cada jornada, la producción combina iluminación, pantallas, fuego, láseres y pirotecnia sincronizados con las actuaciones de los artistas del cartel, siguiendo la tradición del festival de convertir la mainstage en un espectáculo por sí mismo. Es, con diferencia, el escenario más narrativo y menos arquitectónico de esta lista, pero después de lo ocurrido en 2025, su sola reconstrucción ya es una declaración de intenciones.
Arcadia, la araña de chatarra militar
Arcadia Spectacular no es un fenómeno de esta temporada: es un colectivo de arte escénico fundado por Pip Rush y Bert Cole, cuyo primer escenario nació en el Festival de Glastonbury en 2008. Su seña de identidad, contada por uno de sus fundadores en una entrevista con Vice, es no partir de un plano cerrado sino ir sumando piezas con los años: empezaron reciclando material de naves militares para hacer esculturas, con una primera estructura llamada «After Burner» pensada para unas cuatro mil personas, hasta llegar a la Araña que hoy todo el mundo reconoce.
Esa Araña es una estructura de 360 grados construida con materiales reciclados, incluyendo helicópteros y aviones militares reconvertidos en sus «patas», y equipada con lanzallamas, un sistema de sonido ambisonic y proyecciones de 360 grados que envuelven al público. Arcadia no se ha quedado ahí: en 2019 estrenó Pangea, un escenario construido a partir de una grúa portuaria reciclada de 140 toneladas, y en Glastonbury 2024 sustituyó a la Araña por una nueva estructura, Dragonfly, hecha con un helicóptero de la Royal Navy que había servido en la Guerra de las Malvinas.
Por debajo del espectáculo hay, además, un mensaje: la estructura está inspirada en mitos indígenas sobre telarañas que conectan personas y lugares, una forma de convertir maquinaria de guerra reciclada en un símbolo de unidad. Es, literalmente, más una escultura industrial habitable que un escenario al uso.
Mayhem Ball, el coliseo gótico de Lady Gaga
Aunque técnicamente es una gira y no un festival, The Mayhem Ball de Lady Gaga merece estar en esta conversación. La escenografía está firmada por Es Devlin y Jason Ardizzone-West, dos diseñadores con currículum de ópera y grandes eventos, y planteada, se define, como un «Coliseo vivo y respirante» que combina elementos de teatro de ópera y anfiteatro romano para narrar una historia de dualidad, muerte y renacimiento. No es una estructura fija, la arquitectura evoluciona a lo largo del espectáculo, integrándose con cada acto en lugar de funcionar como un simple telón de fondo.
Entre sus elementos más comentados están columnas de falsa piedra y arcos ornamentales habitados por la banda y los bailarines, una jaula gigante llena de manos y brazos que se retuercen, una calavera colosal que rueda hasta el escenario, una góndola macabra que se desliza por una pasarela cubierta de niebla y una cola de tela del largo de todo el recinto. Es, además, la segunda vez que Gaga trabaja con Es Devlin, que ya había diseñado la versión teatral original de The Monster Ball en 2009.
Es uno de los ejemplos más sofisticados del año en cuanto a escenografía teatral aplicada al pop, y demuestra que esta obsesión por convertir el escenario en una pieza narrativa no se queda solo en el circuito de festivales electrónicos.
Lux Tour, el barroquismo de Rosalía
Si hay una gira que rompe con la tendencia de «menos es más» que domina esta lista, es la de Rosalía. Su Lux Tour se plantea como el reverso exacto de lo que hizo en 2022 con Motomami, si entonces apostó por un directo minimalista en lo instrumental, sustentado en bases pregrabadas, ahora construye una obra conceptual dividida en cuatro movimientos que funciona como una galería de arte viva y, al mismo tiempo, como un ritual contemporáneo.
La escenografía, diseñada por la productora TAIT, no busca la contención sino todo lo contrario: un gran semicírculo monumental y envolvente al fondo del recinto, casi religioso, conectado mediante una pasarela a un segundo escenario con forma de cruz en mitad del público. Ese segundo escenario, además, alberga a la orquesta en directo y permite una interacción más cercana con la audiencia, lejos de cualquier vocación minimalista. Y como si el escenario no diera ya suficiente pie a moverse entre dos altares, la coreografía corre a cargo de (La) Horde, así que hasta los bailarines parecen saber que aquí el objetivo no es ocupar espacio, sino consagrarlo.
Así que si Monegros, Horst o Arcadia representan el regreso a la estructura física y a la contención formal, Rosalía va justo por el camino opuesto: cuanta más ópera, más simbolismo religioso y más elementos en escena, mejor.
Entonces, ¿hacia dónde va todo esto?
Si nos fijamos bien, casi todos estos proyectos comparten una misma filosofía: menos pantallas LED gigantes y más estructuras físicas, arquitectura efímera, acero visto, hormigón, grandes volúmenes e iluminación entendida como material arquitectónico. En otras palabras, el escenario vuelve a construirse, no solo a proyectarse.
Detrás de este movimiento hay nombres que conviene seguir de cerca: Es Devlin, Jason Ardizzone-West, Leopold Banchini, Giona Bierens de Haan, Klangkuenstler y Arcadia Spectacular. Todos ellos están empujando en la misma dirección, la de convertir los escenarios en auténticas piezas de arquitectura temporal, y a este paso, 2026 se recordará no solo por quién tocó, sino por quién construyó dónde tocaron.
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