Dan vida a Marín y Aroa en ‘Toda la verdad de mis mentiras’, la exitosa adaptación de la novela de Elísabet Benavent sobre un grupo de amigos que se va de despedida de soltera.
La escena no es tan idílica como la escapada veraniega que protagonizan en la serie ‘Toda la verdad de mis mentiras’, pero el calor casi el mismo. Nos citamos con Daniel Ibáñez y Lucía de la Fuente de vuelta al duro asfalto madrileño, tras el ensueño vacacional, con los últimos coletazos de las altas temperaturas. Las mismas que vivieron durante el rodaje de esta adaptación de una novela de Elísabet Benavent que, desde su estreno hace menos de una semana, lidera el top 10 de lo más visto en Netflix en España.
La química que despliegan junto a Ricardo Gómez, Clara Sans, Brays Efe e Itziar Manero en esta historia de amistades y amores a prueba a raíz de una despedida de soltera en viaje de autocaravana trasciende la pantalla. Han pasado de reparto coral a grupo de amigos. Revivimos con ellos algunos de los momentos más divertidos (también accidentados) durante el rodaje y fuera él. También descubren junto a HIGHXTAR. sus sorprendentes habilidades ocultas.

HIGHXTAR. (H.) – En pocas palabras, ¿de qué va esta serie?
DANIEL IBÁÑEZ (D) – Toda la verdad de mis mentiras trata sobre un grupo de amigos que se van de despedida de soltera, y ahí se descubre cómo Coco, interpretada por Itziar Manero, y Marín, mi personaje, tienen muchas cosas que decirse entre ellos: al parecer era una amistad, pero no sabemos en qué va a deparar.
LUCÍA DE LA FUENTE (L) – Aroa, la amiga de ambos que yo interpreto, viene a revolucionarlo todo un poco en esta despedida de soltera: es la ex de Marín y sigue perdidamente enamorada de él. Entonces se van de despedida y pasan muchas cosas: hay mucho jaleo, mucho chisme, mucho amor, muchos amigos y mucha realidad entre los grupos de amigos. Y mucho verano.
(H.) – ¿A quién le recomendaríais esta serie?
(L) – Yo la recomendaría a todo el mundo, la verdad. Creo que es una serie para un público muy amplio, de muchas edades.
(D) – Yo especialmente a quien se quiera enamorar y a quien quiera solucionar un desamor.
(H.) – Se ha comparado la serie en espíritu a la comedia romántica ‘Cuando Harry encontró a Sally’. Y tú, Daniel, has hablado de Colin Firth como inspiración para tu personaje. ¿Qué otras referencia habéis tenido en mente a la hora de rodarla?
(D) – A mí me venía mucho también ‘Bridget Jones’, lo hablaba con Itziar [Manero], que es una amante completa de las comedias románticas. También salió ‘Orgullo y prejuicio’. Había de toda índole, pero esas son las fundamentales. Y sí, estoy obsesionado ahora con Colin Firth: a veces me despierto hablando en un inglés con perfecto acento británico.
(L) – Para mi personaje, la verdad es que no tuve muchas referencias directas; me ceñí bastante al libro, a la novela de Elísabet Benavent. Pero sí pensé en la película ‘Tú a Londres y yo a California’, en esa madrastra mala, y me dije: «Podría coger algo de ese personaje y ponérselo a Aroa».
(H.) – Habéis estado rodando em Mazarrón y Lorca (Murcia) entre campings, piscinas y localizaciones playeras. ¿Ha sido un rodaje idílico o habéis sufrido mucho por no poder estar disfrutando del mismo veraneo que los personajes que interpretáis?
(D) – Para mí ha sido un disfrute, la verdad. El calor sí que a veces es insoportable, en las playas de Mazarrón y en toda España, cada vez más: hacía como 57 grados, y eso el cuerpo no lo puede asumir. Pero con gente con la que te lo pasas bien y con la que te apetece construir la historia, esto deja de ser un trabajo: cuando haces lo que te gusta es como no trabajar.
(L) – Ha pasado una cosa muy guay: creo que hemos creado un grupo de amigos también entre nosotros. Grabamos en Mazarrón, pasamos mucho calor, y además las secuencias de la caravana son reales: estamos dentro de una caravana llena de equipo técnico. Hemos pasado mucho calor, pero han sido como unas vacaciones, un verano estupendo. Nos lo pasamos muy bien, hicimos muchos planes fuera del rodaje, y siempre digo que si nos hubiesen puesto una GoPro hubiésemos hecho una serie muy buena también.
(D) – No des ideas [risas].

(H.) – ¿Cuáles han sido los mejores y los peores momentos de la convivencia?
(D) – Los peores momentos son cuando el calor no te deja pensar, y cuando de repente te das cuenta de que estás con 14 personas dentro de una caravana. Y para mí los mejores momentos también vienen de ahí: creo que la convivencia, además del roce, hace el cariño, y en nuestro caso ha habido muchas bromas, muchos momentos de comida juntos que hemos podido disfrutar. Eso se te queda, es una experiencia para siempre.
(L) – Totalmente de acuerdo, nos pasó a todos un poco lo mismo: el calor, las horas de espera… Me acuerdo de un momento de vóley playa que teníamos, en el que no se podía mojar la arena porque se veía en cámara, y estábamos jugando con los pies ardiendo. En medio de una secuencia nos miramos entre todos y dijimos «al agua», porque si no era imposible seguir rodando. Y encima yo me hice un esguince terrible.
(D) – Debo destacar eso: íbamos todos con los pies ardiendo, que aquello parecía una haka samoana, y de repente ella se cae y yo pensando «No, ¿qué le pasa?»…
(L) – Es que tampoco soy muy buena jugando al vóley, la verdad. Pero, al margen de esos sustos, ha habido una convivencia increíble: nos llevamos muchos momentos del rodaje, como los sábados que nos íbamos a una cala en Murcia a bañarnos con el equipo, o las motos de agua que nos cogimos en Mazarrón.
(D) – Yo rompí una.
(L) – Nosotros pensando que era mentira: «Dani, ¿en serio has roto una moto de agua?».
(D) – Luego tocó pagar la moto de agua, claro, siempre hay que pagar.
(H.) – ¿Qué es lo mejor y lo peor de irse de camping?
(D) – Lo mejor de irse de camping: descubrir cómo son tus amigos. Y lo peor… descubrir cómo son tus amigos.
(L) – Totalmente. Voy a hacer un poco de referencia a la serie: lo mejor, estar con tus amigos y convivir en esas cuatro paredes de una caravana. Y lo peor, haciendo referencia a la serie, no poder ir al baño dentro de una caravana por todo lo que puede pasar luego: eso puede ser horrible, la verdad.

(H.) – ‘Cuando zarpa el amor’, de Camela, es la canción que une a la pandilla en la serie. ¿Hay alguna canción que hayáis compartido durante el rodaje?
(D) – Dila tú mejor, la canción que hemos compartido durante todo el viaje y que te provocó un esguince.
(L) – La canción ha sido ‘6 de febrero’, de Aitana. No parábamos de escucharla. Un día volvíamos del rodaje, entramos muy animados al hotel, había sido una jornada estupenda, y cantando esa canción me caí y me hice un esguince.
(D) – Parecía que se había caído haciendo un mortal. Y realmente se cayó dando un saltito, o sea, fue un saltito, no era ni una… ni una coreografía animada, además.
(L) – No, bueno, íbamos animados. Pero sí que es verdad que no fue una piedra, una piedra tonta en el camino; me caí y me hice un esguince. Y pero es que lo fuerte es que ya, a partir de ahí, no, no puedo saltar con esta canción. Cuando me animo salto mucho, y no puedo.
(D) – ¿Te mueves solo de arriba?
(L) – No, necesito sentarme cuando la escucho, porque a los meses, en mi cumpleaños, me volví a caer en el mismo momento de la canción y me hice un esguince en el otro pie. Está gafada, no puedo escucharla de pie, y mira que me encanta.
(H.) – ¿Con qué mensaje de la serie os quedáis cada uno?
(D) – Yo me quedo con que el amor es capaz de transformar el ego, de disolver el odio y de derribar las barreras artificiales entre las personas.
(L) – Yo me quedo con que muchas veces, en los grupos de amigos, no somos capaces de decir lo que pensamos por miedo a lo que vayan a pensar de nosotros. Creo que tendríamos que comunicarnos más y mejor, porque al final la comunicación es imprescindible.
(H.) – ¿Qué planes nos esperan de vosotros en los próximos tiempos?
(D) – Voy a estar próximamente en ‘Vengo de ese miedo’, que dirigirá Violeta Salama y producirá Tornasol Films, y después en la nueva película de Arantxa Echevarría, junto con Carolina Yuste, que me hace mucha ilusión.
(L) – La semana pasada a mí me dieron una pequeña noticia chula, pero de momento, con calma, cuando se pueda contar, se contará bien.

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