Los protagonistas de la película de Los Javis hablan de Lorca, de la pluma y de la vigencia de un cine que sigue siendo necesario.
‘La bola negra’ por fin llega hoy a los cines. Con ella, Javier Calvo y Javier Ambrossi no solo firman su proyecto más ambicioso hasta la fecha, también realizan un alegato a favor del respeto, la diferencia y la conciencia histórica más pertinente que nunca. Y lo hacen partiendo de la figura y obra de Federico García Lorca para trazar un recorrido por distintas épocas de la historia de España a través del deseo, la memoria y la identidad LGTBIQ+. Junto a los rutilantes Gutarricadelafuente, Penélope Cruz y Miguel Bernardeu, en su reparto brillan con luz propia Milo Quifes y Carlos González. Quifes llegó al proyecto tras un proceso de selección largo. González no tuvo que pasar por casting: Los Javis y todo su círculo cercano son testigos de su talento natural, que no hace sino crecer en cada proyecto. Quifes ha visto la película ya cinco veces, González solo dos. Su encuentro en pantalla nunca se produce, porque sus personajes habitan espacios y tiempos distintos. Sin embargo, fuera de ella se han convertido en los mejores compañeros posibles de promoción, destilando una química única ante la prensa.
Recién llegados de recibir el aplauso en el Festival Internacional de Cine de Toronto y del Festival de San Sebastián, los dos actores nos reciben en las oficinas de Suma Content, la productora de Los Javis, para repasar este viaje y reflexionar sobre la importancia de que relatos como este lleguen al público masivo.

HIGHXTAR (H) – ¿Cómo lo celebrasteis después del video viral en el que anunciaban la preselección de La Bola Negra como representante de España en los Oscars?
Milo Quifes (M) – Hombre, pues eran las cinco de la mañana. A las cinco de la mañana yo cogí manta y sábana y me volví a dormir, vamos (risas).
Carlos González (C) – Al día siguiente había que levantarse. Pero muy felices, ¿eh? Por ellos también.
(M) – Muy contentos, la verdad. El momento de celebración fue mágico.
(C) – Y al día siguiente estuvimos presentando la película en Toronto. Tuvo un recibimiento brutal. Aquel día pasó algo mágico en el teatro.
En ese momento, Carlos se arranca a cantar «Lo siento, mi amor» y Milo le sigue el juego (risas).
(C) – ¿Sabes qué pasa? Que nos queremos mucho. Y en todo esto es muy importante quererse mucho. Nos llevamos muy bien entre todos, y no porque esté la cámara delante. Es verdad, porque hay tanto que compartir y tantos días… Imagínate que te llevas mal con tus compañeros.
(M) – Estamos aguantando porque vamos juntos y cogidos de la mano. Si no, no aguantamos, la verdad (risas).
(C) – Que estamos agradecidos y felices, ¿eh? Pero madre mía, el marketing de «La bola negra» (risas).
(H) – ¿Qué música os ha acompañado durante la película?
(C) – Somos muy cantadoras nosotras.
(M) –De repente «Una gata bajo la lluvia», de pronto Rocío Dúrcal…
(C) – Mucha folclórica nos acompaña. Milo canta mucho «Una gata bajo la lluvia». Yo, por ejemplo, para mi personaje me hice una lista de Spotify. (A Milo) ¿que podría escuchar carlos tu personaje en 1932? Claro, mucha copla
(M) – Me ponía la música más melancólica que había. Me la ponían en un altavoz…
(C) – Con un altavoz JBL asíde grande (hace el gesto).
(M) – Te ponían música para entrar en el sentimiento, mandaban a todo el mundo a callar y para adelante, con el altavoz. Y veía a Javier Calvo de repente con el JBL dando vueltas (risas).
(C) – Es que ellos tienen la capacidad de crear una atmósfera para que el actor o la actriz viva la experiencia al cien por cien. Y eso es un regalo para nosotros.
(H) – Para cerrar el capítulo de la promoción en Norteamérica, ¿os pasó algo especialmente anecdótico en Toronto? ¿Alguna situación inesperada?
(C) – Yo lo voy a contar. El día del estreno en Toronto veía que había mucha gente con el póster de «La bola negra». Pero entre ellos había una persona que tenía el póster repetido como treinta o cuarenta veces. Y a mí eso me olía a que lo iba a vender por eBay (risas). Chico, llegó un momento en que no me dejaba de perseguir. Hasta cuando nos fuimos de la fiesta me estaba siguiendo al hotel, y ya se la monté. Le dije: «Perdóname, ya te he firmado diez pósters para que los vendas. Ya vale». Yo me quedé flipando. No sabía que la gente hacía esto para vender luego los pósters.
(M) – Pero, ¿cómo lo sabes? Porque a veces te piden firmar mucho…
(C) – No, no, no. Hombre, si una misma persona tiene cuarenta pósters iguales y te pide que se los firmes constantemente… No es que tenga cuarenta amigos a los que quiera regalarles cuarenta pósters (risas).
(M) – Y luego te pide una foto para comprobar que las firmas son tuyas. ¿A ti te pidieron foto después?
(C) – Claro, claro, claro.
(M) – Ahora tiene sentido.
(C) – Había gente real que quería una firma, y eso me parece precioso: yo te la firmo. Pero cuarenta veces a la misma persona para que luego lo venda… Esa es una anécdota. ¿Qué más anécdotas tenemos?
(M) – Es que lo de Isabelle ya lo has repetido mucho (risas).
(C) – Lo de Isabelle Huppert ya lo he contado, sí.
(H) – Está bien saberlo otra vez.
(C) – Está bien saberlo, sí (risas). Pues que me encuentro con Isabelle Huppert. Y esta vez lo voy a decir bien: una de mis películas favoritas es «La pianista», no «El pianista», como dije el otro día (risas). Y mira que ya la había visto en Cannes, pero cuando apareció yo no podía vocalizar bien. Y le dije: «Juliet, Juliet». La gente de al lado diciéndome que no, que no, y yo sudando, sudando, «Juliet, Juliet». Y ella, con esa presencia: «I’m not Juliet» (risas). Qué fuerte todo. ¿Y tú a quién conociste? A ver, Milo, a la actriz esta…
(M) – Yo conocí a Anna Kendrick, de «Dando la nota», que es una de mis películas favoritas. No me las voy a dar de cinéfilo de culto: me encanta esa comedia. Y la conocí. Y me encanta porque en las fotos posa siempre igual (imita la pose). En todas.

(H) – Lecciones de las grandes estrellas. ¿Vosotros os habéis estudiado vuestro posado?
(M) – Ni el posado ni la firma (risas). Yo cada vez que me piden un autógrafo firmo distinto. No sé ni lo que estoy haciendo. De repente pongo un corazón o algo…
(C) – La mano me va sola. Me va directamente sola (risas).
(H) – ¿Qué os pidieron en el casting?
(C) – Yo no hice casting. Pero estoy a favor del casting. El casting es un lugar muy bueno para trabajar, para ensayar y para ver si puedes hacerlo o no. Pero aquí te puede contestar mejor Milo. ¿Cuántos hiciste?
(M) – Seis y medio (risas). Estuve haciendo los castings normales, con las escenitas y un montón de gente. Me acuerdo de que en el quinto casting ya conocí a los Javis. Me estuvieron preguntando mucho por mi madre, por mi padre, por mi situación, para ver si más o menos mi personaje se parecía a mí, que eso a ellos les gustaba. Y me acuerdo de que salí de ahí muy descontento. A la semana me preguntaron: «¿Sabes tocar el piano?». Y yo: «No». Y me dijeron: «Ah, estupendo, pues mándanos un vídeo tocando el piano» (risas). Me tuve que aprender una canción al piano mientras estaba en la Feria de Abril de Sevilla, vestido de traje de chaqueta. Y a partir de ahí me cogieron.
(C) – ¿Qué canción te aprendiste?
(M) – «All of Me». Había una versión en YouTube y me la aprendí al piano.
(C) – ¿Y era difícil?
(M) – Sí, para dar el pego de que sabía tocar el piano.
(C) – Yo no toco el piano.
(M) – Ni yo (risas).
(C) – Pero ahora sí, ¿no?
(M) – Ah, bueno, ahora sí. Estuve seis meses practicando piano con mi profesora, Laura y en la película no se ve.
(C) – Es que aquí cada uno ha aprendido algo. Yo he aprendido griego, que tampoco se ve mucho en la película. Iba a clase aquí al lado.
(M) – ¿Ah, sí?
(C) – Sí, aquí al lado. Yo he aprendido griego; Guitarricadelafuente, la trompeta; tú, el piano. Hemos bailado también. Muchas cosas, todos. Ha sido muy bonito, la verdad.
(H) – ¿Cómo recibisteis la noticia de que el papel era vuestro? ¿Cómo os lo dijeron los Javis?
(M) – Es que fue aquí. Estamos en la oficina de Suma. Me llamaron aquí y me sentaron ahí (señala). Hicimos una última escena, se miraron entre los dos y me dijeron: «Bueno, ¿quieres ser el protagonista de nuestra película?». Así. Y yo: «Sí».
(C) – Qué bonito.
(M) – Fue un momento precioso para mí.
(C) – ¿Lloraste?
(M) – No, porque yo soy muy de dentro. Estaba en shock. Y salí de aquí diciéndome a mí mismo: «Hostia, qué putada, que ahora te han cogido para este papel y tienes que funcionar en cámara» (risas).
(C) – Pues has funcionado muy bien.
(H) – ¿Y tú, Carlos?
(C) – Me acuerdo de que estaba en su casa. Entré en esa biblioteca tan bonita que tienen y vi una foto mía, porque hacen un mapa con las tramas y todo eso. Y ellos, muy normales, me dijeron: «Bueno, hay un papel para ti». Y luego: «Sí, eres el prota. Estás ahí junto a Guitarrica». Tú todavía no estabas elegido, estabas haciendo pruebas. Y yo, claro, me caí al suelo dando las gracias. ¿Qué voy a decir? Gracias, gracias, gracias. También sentí una presión, evidentemente, por querer hacerlo bien. Aunque luego es verdad que con ellos es un espacio muy sano, con mucho amor, de búsqueda y de error, porque así es como mejor se trabaja. Y hay una elegancia en el rodaje y a la hora de construir los personajes que hace que la presión vaya desapareciendo y disminuyendo.

(H) – Esta película es un gran monumento a lo queer, a la visibilidad, llamémoslo como queramos. Creo que alguno de vosotros, no sé cuál, reivindicó haber conseguido un papel gracias a la pluma, algo que me gustó mucho, porque conseguir un papel ya es muy complicado y la pluma normalmente lleva justo a lo contrario. Pensando en los chicos jóvenes que han pasado por circunstancias parecidas a las de muchos de los que estamos aquí, ¿qué mensaje os gustaría lanzarles o que recogieran de la película?
(C) – A mí me gustaría decir que a cualquier persona que esté estudiando interpretación y a la que le corten las alas por su acento o por su pluma, a la que algún profesor o alguien le diga que tiene que ser un hombre, que tiene que tapar la pluma: que se vaya de ahí corriendo. Que se vaya de ahí corriendo, porque ese no es el lugar. Uno tiene que ser lo que es. Y a partir de ahí, con los años, irán viniendo los personajes, y las experiencias de la vida harán que puedas hacer otro tipo de papeles. Pero es muy antiguo todo eso de tener que quitarte la pluma o esconder tu sexualidad para dedicarte a esto. No es así. No es una realidad. Huye.
(H) – Qué bonito. Entonces, sobre el mensaje para los chavales, quizá la pregunta debería ser otra: ¿creéis que «La bola negra» puede activar la escucha en las nuevas generaciones?
(M) – Yo creo que sí, por supuesto. Creo que estamos llegando a un punto en el que es muy importante reivindicar, una y otra y otra y otra vez, de manera incansable, algo tan sencillo como lo que somos. Una persona no puede dejar de existir por mucho que no te guste. Una persona no puede dejar de ser de una manera por mucho que la obligues a ser de otra. Si fuera así, yo de pequeñito no habría sido así. Me he pasado toda mi vida renegando de quién soy, y si no lo he conseguido es porque no se puede. Me he pasado toda mi vida odiándome, librando batallas y perdiéndolas continuamente, por el deber, por lo que tenía que hacer o por el amor de otros. Y estar en esta película ha sido, por primera vez, ganar una batalla con respecto al mundo. Quiero que las personas que vean la película ganen una batalla, o por lo menos que sientan que han ganado una.
(C) – Por lo menos que, cuando se vayan del cine, se vayan con la sensación de que algo les ha transformado en algún lugar. Creo que esta película tiene un mensaje muy esperanzador y da ganas de vivir, de alguna manera. Da ganas de vivir porque hubo un momento en el que no se pudo vivir en paz, y todavía nos queda mucho para vivir en paz. Para eso también hay que hacer un trabajo de introspección y dejar un poco fuera todo lo externo. Por eso es importante hacer cine y hacer este tipo de películas. Cuando preguntan si son necesarias, o si siguen siendo necesarias, yo creo que sí. Y ahora lo guay sería, después de haber hecho esta película tan gigante sobre el colectivo, empezar a incluir también a todo tipo de personas, no solo a los maricas. El colectivo es mucho más grande que nosotros. Hay muchas historias y mucha gente que tiene cosas que contar y que necesita que se dé voz a ese tipo de historias. Porque parece que todavía somos cuestionables.
(H) – Imagino que la película ha pasado por infinidad de momentos, altos y bajos, días en los que lo habréis pasado increíble y otros en los que lo habréis pasado fatal. ¿Cuál fue vuestro momento más difícil o complicado del rodaje? Milo, intuyo que el tuyo fue la nevada del siglo, pero no lo sé.
(M) – Llegó un momento con un nivel de tormenta de nieve en el que te separabas tres metros del grupo y ya no veías nada. Estar allí, en nieve virgen, en la cima de Sierra Nevada… Creo que todo eso fue construcción de personaje. Para mí fue incluso más sencillo que el resto del rodaje, en el sentido de que por esta película lo hago todo.
(C) – Como motivación.
(M) – Efectivamente. Fue como: si me tengo que explotar, me exploto; si me tengo que quemar, me quemo; y si me tiene que nevar encima, que me nieve (risas). Lo disfruté bastante, incluso sin oxígeno.
(C) – ¡Qué masoca eres! (risas). Es de método.
(M) – No, no, pero yo estuve mucho más cuidado que todo el equipo. El equipo estaba ahí congelado, dándolo todo, quitando nieve, con los labios cortados y sin ver nada, porque es que no se veía nada. Yo creo que fue una experiencia más mágica que traumática. La recuerdo muy bien y con muy buenos ojos. Me cuidaron muy bien, la verdad.

(H) – Carlos, a ti quiero preguntarte por lo de aguantarle la mirada a Glenn Close.
(C) – Pues yo estaba muy tranquilo, ¿eh? Dormí muy tranquilo. Estaban más nerviosos los demás que yo, te lo juro. Porque yo pensaba que una mujer con la carrera que lleva, que es impresionante, con todos los personajes que tiene a sus espaldas, tenía que ser buena compañera. Yo no creo en el mito de que cuanto mejor actor o actriz seas, más mala tienes que ser o más mal rollo tienes que dar en el set. Aunque casos hay, ¿eh? Hay casos (risas). Y trabajar con Glenn fue un regalo. Vino nerviosa, quería pasar texto, como una compañera más, te lo juro. Yo me lo tomé así. Pero es verdad que era flipante poder mirar a los ojos a Glenn Close. ¿Qué te voy a decir? Es un regalo que me han hecho y que me llevo conmigo para toda la vida.
(H) – A modo de pequeña alusión a Lorca: ¿cuándo lo descubristeis, qué supuso para vosotros y hay algún verso o alguna obra que os haya marcado especialmente?
(C) – A Lorca lo conozco del colegio, pero me introduje más en él cuando estudié interpretación, porque pude trabajar algunas de sus obras y de sus textos. En la escuela interpreté a la Madre de «Bodas de sangre».
(M) – ¿Ah, sí?
(C) – Sí, es uno de mis personajes soñados para hacer en teatro. Me acuerdo de que tenía un parlamento… (intenta recitarlo de memoria: «Primero tu padre… después tu hermano… un cuchillito…»). ¿Cómo era, por Dios? (risas). No me acuerdo, hace muchos años ya. Pero sí, tuve ese contacto con Lorca en la escuela. Lo que pasa es que en esta película he sido consciente del todo de la persona. Hemos estado informándonos mucho, leyendo un libro que recomiendo encarecidamente, «Lorca y el mundo gay», de Ian Gibson, que es increíble porque junta la obra con el artista. Y he conectado con Lorca de una manera más personal: con sus deseos, con sus conflictos, con algo que a mí no me explicaron en el colegio. Por eso me parece importante juntar al artista con la obra, porque forma parte de la historia de nuestro país y de un hecho del que hay que hablar, aunque incomode hablarlo.
(M) – Esta película ha sido una suerte por eso. Y respecto a un verso, el que yo recuerdo es: «Daré todo a los demás / y lloraré mi pasión / como niño abandonado / en cuento que se borró».
(C) – ¿De dónde es? ¿De los «Sonetos del amor oscuro»?
(M) – No, de los sonetos no. Es de antes, de sus primeros poemas. Lo leí y se me quedó para siempre.
(C) – Qué bonito.

(H) – Ya estamos acabando. Hablando de impactos culturales, ¿cuál es la última novela, disco o película que os ha impactado? Una de cada o lo que queráis.
(C) – A mí últimamente, no sé por qué, me está dando por ver muchos vídeos de Selena Quintanilla, la gran cantante mexicana. Hay un directo suyo en YouTube, muy largo, y me impresiona muchísimo su presencia y su historia. De repente estoy muy conectado con eso. Y una buena película que haya visto últimamente: en el festival de Telluride me gustó mucho «Minotauro».
(M) – Quiero verla, la verdad. Yo, por recomendación de Carlos González (risas), me estoy leyendo «El cordero carnívoro». Está siendo muy fuerte. Me queda un cuarto de la novela, pero es que me he quedado sin palabras.
(C) – Me da envidia la gente que no la ha leído. Si en algún momento hacen la película o una adaptación, me parece que Milo podría ser una gran opción para interpretar a uno de los hermanos.
(H) – ¿Qué os gustaría rodar y con quién?
(M) – «El cordero carnívoro», de Agustín Gómez-Arcos, la verdad.
(C) – Puestos a pedir, ¿quién te gustaría que lo dirigiese?
(M) – Los Javis, si se puede (risas). Es el terreno que conozco y estoy muy a gustito. Pero vamos, cualquiera que lo quiera dirigir.
(C) – A mí me apetece mucho trabajar con mi amiga Ana Rujas en algo. Meternos los dos en un buen proceso de ensayos y que sea un reto. Me apetece mucho trabajar con ella, me encantaría. De hecho, ahora voy a trabajar con unos directores que creo que todavía no puedo decir, pero a los que admiro profundamente, y ha sido como tachar un check. Aunque tampoco pido tanto, de verdad. No pido nombres grandes; por decirte, Meryl Streep, para empezar, que no hablo inglés (risas). Me interesa más que la historia tenga algo que me dé un motor, que me motive a la hora de sentarme a hincar los codos y pensar cómo contarla. Me encantaría también trabajar con Carmen Machi en algún momento de mi carrera, o con Eduard Fernández. Con muchos y con muchas. En este país hay actores y actrices brillantes que conocemos y otros que no conocemos y que también son increíblemente brillantes, que están más en el teatro, en la parte de atrás, o gente que todavía no ha empezado a despuntar.

(H) – No sé si os puedo preguntar qué viene después de «La bola negra»…
(M) – Yo iba a decir que me den el paro. Pero ya me lo han dado.
(C) – ¿Te han dado el paro?
(M) – Ya me lo han dado.
(C) – Es que esto también es una realidad de la que hay que hablar. Yo el otro día fui a la oficina de empleo a acompañar a un amigo a pedir el paro, y está siendo complicadísimo coger cita. De verdad, debe de haber un truco, y lo voy a comunicar: cada cuarto de hora salen las citas. Cuando sale una, no te pongas a escoger el sitio donde la quieres; dale ahí rápidamente, que parece que así se consigue (risas).
(M) – ¡Cómo hemos pasado de tu pregunta a hablar del paro! Pero es la realidad también. Y de proyectos, por ahora, en octubre empiezo a grabar «Crimen en España», donde tengo un papelito muy curioso. Y por ahora ya está. Estoy muy contento.
(C) – Yo ahora mismo tengo una peli y una serie, con dos personajes muy distintos a todo lo que vengo haciendo. Me apetecía un reto. Necesito concentrarme e hincar los codos, porque con todo esto de «La bola negra» me está costando. Esta tarde, ya que acabamos de llegar a Madrid, me voy a ir a dar un paseo, a ver si me empiezo a ubicar.

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