Durante los últimos años, Carlota Marañón ha construido una identidad reconocible dentro del ecosistema digital, convirtiéndose en una de las creadoras de contenido más influyentes de su generación. Su forma de entender la moda, la imagen y la narrativa personal ha conectado con una comunidad que se mueve entre lo aspiracional y lo real. Mientras su presencia en YouTube e Instagram crecía, había una idea tomando forma en segundo plano, lejos del ritmo acelerado de la industria.
Esa idea es Omara. Un proyecto que se ha desarrollado sin prisas, con atención al detalle y una visión clara del streetwear femenino. Tras casi dos años de trabajo y un primer drop agotado en minutos, la marca se presenta como una extensión natural de su universo creativo: comodidad, actitud y messy energy. Hablamos con Carlota sobre crecer en una industria que no siempre te toma en serio, sobre transformar una trayectoria digital en un proyecto tangible y sobre lo que significa construir algo desde cero.

HIGHXTAR (H) – Hace tiempo dejaste entrever en tus vídeos de YouTube que estabas trabajando en un proyecto propio. ¿Por qué Omara ha tardado tanto en ver la luz?
CARLOTA MARAÑÓN (C) – Porque no quería lanzar algo “rápido”, quería lanzar algo bien. Omara empezó como una idea muy pequeña y se fue transformando en algo mucho más grande de lo que imaginaba. Han sido casi dos años de pruebas, errores, muestras que no funcionaban, proveedores que se caían y decisiones difíciles, pero también de muchísimo aprendizaje. He querido construir una base sólida, tanto a nivel producto como a nivel marca. Prefiero tardar y sentirme orgullosa de cada detalle antes que sacar algo solo por salir.
(H) – ¿Cuál ha sido el mayor reto al que te has enfrentado por emprender siendo tan joven en España y construir una marca desde cero?
(C) – El mayor reto ha sido que me tomen en serio. Cuando eres joven, mujer y vienes del mundo digital, muchas veces sienten que “solo eres influencer”. He tenido que demostrar constantemente que detrás hay trabajo real, inversión, estructura y una visión muy clara. También ha sido un reto enorme aprender de golpe sobre producción, logística, impuestos, stock y equipos… nadie te prepara para eso. Pero justo ahí es donde más he crecido.
(H) – Has decidido llamarla Omara. ¿Por qué este nombre y qué representa dentro de tu evolución personal y creativa?
(C) – Al principio la marca iba a llamarse G Club, que venía de Girls Club. Era la primera idea, el primer logo y el primer concepto. Pero cuando ese logo se cayó porque existía otro muy parecido, decidí parar y replantearlo todo desde cero. Entendí que quizá tenía que soltar esa primera versión para dejar espacio a algo mucho más auténtico.
Ahí nace Omara. Representa una versión más madura y consciente de mí misma. Es una marca que surge desde mi evolución personal: aprender a confiar, a soltar el control absoluto y a crear desde un lugar más calmado. También quería que el nombre tuviera mi huella, algo que siempre me perteneciera. Omara nace de mi propio nombre, Carlo Marañón, y para mí eso lo hace todavía más especial.
No quería un nombre literal ni obvio, sino algo con fuerza, femenino y elegante a la vez. Omara simboliza independencia, crecimiento y ese punto de oscuridad bonita que también forma parte de mi creatividad.
(H) – ¿Qué referentes —marcas, diseñadores, personalidades o cantantes— han influido en la estética de Omara?
(C) – Hay muchísimas influencias. A nivel moda me inspiran marcas como Paloma Wool, Acne Studios, Sporty & Rich y Scuffers, por cómo mezclan lifestyle con estética.
No diría tanto cantantes, pero sí mencionaría “Messy” de Lola Young. Creo que esa canción define muchísimo la filosofía de la marca.
Pero, sobre todo, Omara nace de mi propio universo: lo femenino, lo messy, lo urbano, lo cómodo, lo aspiracional y lo real.
(H) – ¿Qué diferencia a los chándales de Omara del resto?
(C) – El fit y el tacto. He sido obsesiva con eso. No quería el típico chándal sin forma: quería que estilice a las mujeres, que abrace el cuerpo y que te haga sentir guapa y sexy incluso en ropa cómoda. También la composición del tejido, los patrones y los pequeños detalles marcan la diferencia. Es streetwear pensado específicamente para mujeres, no una versión femenina de algo masculino.
(H) – En este punto del proyecto, ¿qué significa éxito para ti?
(C) – Para mí el éxito es que las chicas se pongan Omara y se sientan empoderadas y seguras de sí mismas incluso sin ir “políticamente arregladas”. Que conecten con la marca más allá de la prenda. El éxito para mí, ahora mismo, es crear comunidad, construir algo honesto y demostrarme que soy capaz de levantar un proyecto desde cero.
(H) – El primer drop se agotó en solo ocho minutos. ¿Qué pensaste en ese momento y, siendo sincera, ¿te quedaste tú misma sin alguna prenda?
(C) – Literalmente no me lo creía. Fue una mezcla de shock, emoción y un agradecimiento brutal. Yo tengo todos los chándales porque los traje a Los Ángeles para el shooting, por suerte.
La anécdota es que muchas amigas, familiares o conocidos me pidieron que les guardara un chándal y les dije a todos que no. Mi prioridad era mi comunidad. Me pareció lo más justo.
(H) – ¿Algún mensaje que quieras mandar a tus ‘amigas’ de Instagram y YouTube?
(C) – Gracias. De verdad. Omara existe porque ellas confiaron incluso antes de ver el producto. Esto es tan suyo como mío. Prometo seguir trabajando para estar a la altura de todo ese amor.
(H) – Si Omara fuera una playlist… ¿qué temas incluiría?
(C) – Omaria sería literalmente mi playlist Mixed Feelings. Es una chica que, aunque no siempre se sienta identificada con las letras porque no ha vivido esas experiencias, admira la capacidad de expresar tanto en dos minutos. Escucha rap —en esa lista predomina el rap— y, de repente, te aparece una canción de Miley Cyrus de la época de Hannah Montana. Es así de extrema.
Omara suena a contrastes: trap, R&B, pop nostálgico, canciones que te hacen sentir poderosa y otras que te devuelven a cuando eras pequeña. Es una playlist caótica, honesta y sin reglas. Muy messy girl energy: haces lo que quieres, escuchas lo que quieres y te da igual. Justo eso.
(H) – ¿Qué marca o diseñador te gustaría que colaborase con Omara?
(C) – Sin pensarlo te diría que adidas. Me encanta cómo mezcla deporte, street y cultura desde hace décadas. Siento que conecta muchísimo con el ADN de Omara: comodidad, actitud y estética urbana.
Además, soy literalmente la mayor fan de las adidas Superstar. Para mí son la zapatilla perfecta para combinarlas con The Core Set, el primer drop. Me las pongo con absolutamente todo y siento que encajarían increíble con Omara. Sería una colaboración muy natural, muy real, muy yo.
(H) – Mirando a largo plazo, ¿cómo imaginas Omara dentro de cinco años?
(C) – Me gustaría que se convirtiera en una marca femenina de referencia en streetwear, con más categorías de producto, colaboraciones potentes y una comunidad muy fuerte detrás. Me imagino Omara creciendo internacionalmente, pero sin perder su esencia: cercana, real y creada desde el corazón.
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