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La moda en la era de TikTok está elevando las tendencias al infinito. Internet se ha convertido en un océano de microtendencias que brotan de la superfície sin cesar: desde el normcore, al Y2K-core o cottagecore, inundando nuestros feeds dictaminados por procesos algorítmicos. Ahora, esa sobreestimulación de estéticas nos hace replantear si realmente estamos ante una situación de hartazgo generalizado, o si tan sólo se trata de una reacción subconsciente más de nuestro FOMO ante la vida.


A través de una panorámica por las plataformas IRL y URL, podemos ver como los prescriptores de moda y usuarios de tiktok están estimulando este fenómeno multi-tendencias, añadiendo el *core* a todo, sea la temporada que sea. La proyección de esas subculturas estilísticas, que reúnen un conjunto de elementos con los que experimentar desde la estética aristócrata hasta la pastoril, parecen llegar diluidas de la esencia del CAMP. De la moda como disfraz.

En este sentido, ya no hablamos sólo de tendencias extravagantes, si no de muchas otras como la workwear o bikercore actual, que visten con chaquetas Carhartt o de cuero a las nuevas generaciones que anteriormente no establecían ningún tipo de vínculo con esos universos.

ESTETICISMOS DE INTELIGENCIA ARTIFICIAL

La pregunta que deriva de aquí es si todas esas microtendencias algorítmicas han acabado con el estilo personal, y la respuesta parece encaminarse hacia el sí.  Al menos, que éste haya sido eclipsado por esa amalgama de estéticas cambiantes. Y es que, en el estilo personal, ahora se filtra la lente de TikTok e Instagram, que agrupa con sus algoritmos contenidos similares que nos atrapan, haciendo que lo que creemos que marcará nuestra diferencia estilística sea tan sólo producto de un uniforme universal.

Ese uniforme es precisamente el que los prescriptores de tendencias o comentaristas de la moda extraen de la red para bautizarlas con el término “core”. Un concepto que a posteriori se reinterpreta por los gigantes del fast fashion como SHEIN, poniéndolos a la venta siguiendo esa línea de sobreproducción insostenible.

Ante ello, la respuesta de las nuevas generaciones del FOMO es la de explorar todas esas tendencias. Experimentar esas microtendencias proyectadas hacia el imaginario colectivo por parte de marcas o diseñadores que clasifican esas categorías estéticas del momento a raíz de sus colecciones. Ya sea a través del Y2K de Miu Miu y Blumarine, el workcore de Willy Chavarria en su última propuesta o el clowncore de John Rogers.

Puede que lo emocionante y lúdico de todo esto sea el no tomarse demasiado enserio la moda. El disfrazarse cada día del personaje que te apetezca interpretar: un día de motera y al siguiente de pastora bucólica que explora la ciudad con estilismos acordes a los tiempos de ficción que nos ha tocado vivir.

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