El iPhone Fold todavía no existe y ya está dividiendo a los fans de Apple

Apple prepara su primer iPhone plegable para 2026. Esto es lo que sabemos sobre su diseño, precio, lanzamiento y las dudas que despierta.

El iPhone Fold todavía no existe y ya está dividiendo a los fans de Apple

El primer iPhone plegable podría debutar en 2026 con una pantalla interior cercana a los 20 centímetros y un precio que, según las filtraciones, equivaldría a unos 1.725 euros al cambio actual. Uno de los lanzamientos más arriesgados de Cupertino. Pero, ¿quién necesita realmente un iPhone plegable?

Apple todavía no ha presentado oficialmente su primer iPhone plegable y, sin embargo, ya llevamos meses hablando de él como si existiera. Las filtraciones se han acumulado hasta dibujar un dispositivo bastante reconocible: formato tipo libro, una pantalla exterior de alrededor de 14 centímetros, otra interior cercana a los 19,8 centímetros y un posible lanzamiento junto a los modelos más premium de la familia iPhone 18 en otoño de 2026.

Por supuesto, casi todo lo demás sigue en el terreno del rumor. Ni siquiera sabemos si se llamará iPhone Fold. También se ha especulado con iPhone Ultra. Lo que sí parece bastante menos discutible es que será caro. Muy caro.

Las estimaciones de analistas llevan tiempo situando su precio alrededor de los 2.000 dólares en Estados Unidos, unos 1.725 euros al cambio actual, y algunas previsiones lo han colocado incluso por encima. Eso no significa necesariamente que ese vaya a ser su precio oficial en España, donde entrarían en juego impuestos y la política de precios europea de Apple.

Si finalmente se confirma, no estaremos ante un sustituto del iPhone normal, sino ante uno de esos dispositivos creados para ocupar inmediatamente la parte más exclusiva de una Apple Store. Personalmente no creo que el principal problema del iPhone Fold sea su precio. Apple lleva años demostrando que puede vender productos caros siempre que consiga convertirlos en algo deseable. El problema es explicar por qué necesitamos uno.

Apple llega cuando la fiesta lleva años empezada

Samsung lanzó su primer Galaxy Fold comercial en 2019. Desde entonces ha tenido tiempo para equivocarse, retirar productos, mejorar bisagras, perfeccionar pantallas flexibles y adelgazar dispositivos que en sus primeras generaciones parecían casi dos teléfonos pegados entre sí.

Motorola recuperó el Razr y convirtió uno de los grandes símbolos de los años 2000 en un smartphone plegable. Google siguió el camino de los formatos tipo libro. Huawei ha experimentado incluso con dispositivos que se pliegan más de una vez.

En otras palabras, cuando Apple llegue, llegará tarde. Aunque eso nunca ha sido necesariamente un problema para ellos. La compañía tampoco inventó el reproductor MP3, el smartphone, el smartwatch o los auriculares inalámbricos. Su especialidad ha consistido más bien en esperar hasta que una categoría está suficientemente madura y después presentarla como si, de algún modo, acabara de encontrar su forma definitiva.

El mercado plegable sigue siendo mucho más pequeño de lo que parece

Counterpoint Research calculó alrededor de 19,6 millones de smartphones plegables vendidos en 2025, aproximadamente un 1,6 % del total de teléfonos inteligentes comercializados a nivel mundial. Es decir, el formato crece, pero sigue siendo un nicho.

A veces resulta fácil olvidarlo porque los plegables generan conversación. Son diferentes, son visuales y permiten a las marcas volver a presentar un teléfono como algo nuevo. Después de casi veinte años, el smartphone convencional está llegando a una especie de agotamiento estético.

Uno puede ponerle tres cámaras, cinco cámaras, titanio, inteligencia artificial, un botón nuevo o un procesador más rápido. Al final, sigue siendo un rectángulo negro con una pantalla. El plegable, al menos, consigue que volvamos a mirarlo.

El iPhone Fold seguramente será impresionante. Eso no significa que sea necesario

Sobre el papel entiendo perfectamente el atractivo. Un teléfono que cabe en el bolsillo y que, al abrirlo, ofrece una pantalla de prácticamente 20 centímetros tiene sentido para trabajar, editar una foto, leer, jugar, ver una película o utilizar varias aplicaciones simultáneamente.

Las filtraciones apuntan además a que Apple prepara una interfaz específica para aprovechar mejor ese espacio, con funciones de multitarea que acercarían la experiencia a la de un iPad.

Todo eso probablemente funcionará muy bien. Lo que me cuesta más imaginar es el momento en el que alguien con un iPhone Pro Max piensa: “Necesito gastar muchísimo más para que mi teléfono se abra por la mitad”. Porque esa sigue siendo la gran paradoja de los plegables.

Una pantalla cercana a los 20 centímetros es mejor para muchas cosas que una convencional de unos 15 centímetros. Eso es evidente. Pero también es peor llevar un teléfono más grueso, más delicado, mecánicamente más complejo y más caro. El formato plegable consiste precisamente en negociar constantemente esas dos ideas.

Y entonces, ¿por qué Apple entra ahora?

Porque hay mucho dinero en juego. Counterpoint espera que el mercado mundial de plegables crezca alrededor de un 20 % en 2026, y sus previsiones sitúan a Apple como uno de los grandes responsables de ese impulso. La consultora cree incluso que Cupertino podría hacerse rápidamente con una parte importante de las ventas globales de esta categoría.

Sería perfectamente posible. Si hay una empresa capaz de convertir un producto de nicho en un objeto aspiracional, es Apple. Además, el iPhone Fold no necesita vender tanto como el iPhone convencional para funcionar como negocio.

Su existencia sirve para volver a colocar un producto nuevo en el centro de la conversación. Porque hace tiempo que las presentaciones de smartphones se han vuelto previsibles. Mejor cámara. Mejor batería. Más inteligencia artificial. Más potencia. Otro acabado de color. Un teléfono que se abre por la mitad, al menos, vuelve a generar esa sensación de estar viendo algo diferente.

Lo más curioso es que llega en el peor momento posible para nuestra relación con las pantallas

Mientras las grandes compañías compiten por meternos una pantalla cada vez más grande en el bolsillo, una parte de la Generación Z está recuperando teléfonos antiguos, dumbphones y dispositivos con funciones limitadas precisamente para mirar menos el móvil.

Los viejos teléfonos de concha han vuelto como símbolos de desconexión. Cerrar el teléfono significa, al menos simbólicamente, terminar la conversación. No hay una pantalla constantemente iluminada frente a nosotros. No hay TikTok esperando a que volvamos. No hay veinte notificaciones visibles en cuanto miramos el dispositivo.

Los informes actuales apuntan a que el iPhone 17 no llegaría hasta la primavera de 2027.

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