En relojería se embellecen con piedras preciosas biseles, cajas, brazaletes, esferas, puentes, rotores y hebillas. Lo que no se toca tan alegremente es el volante, esa pieza delicada que, junto con la espiral, forma el órgano regulador del movimiento de un reloj mecánico. La atrevida firma estadounidense Jacob & Co., que nunca ha tenido demasiado interés en pasar desapercibida, acaba de hacer justo eso: colocar 54 diamantes de talla brillante en el volante de un movimiento con tourbillon. El resultado se llama Brilliant Flying Tourbillon Baguette Pastel Arlequino, cuesta 693.000 dólares y solo se ha fabricado uno.
La marca lo presenta como el primer volante engastado con diamantes de la relojería moderna. Porque señala que en los años 1820 y 1830, algunos relojeros suizos y franceses ya experimentaron con esa fantasía, pero trabajaban con escapes de cilindro, menos precisos que los actuales, y con relojes capaces de asumir desviaciones de varios minutos al día. Cuando la cronometría se volvió más exigente, añadir peso a un órgano regulador dejó de ser una ocurrencia aceptable.
El Brilliant Flying Tourbillon Baguette Pastel Arlequino no nace de la nada. La familia Brilliant existe desde hace años dentro del catálogo de Jacob & Co., y el concepto Arlequino ya había aparecido en modelos anteriores de la familia Brilliant, inspirado en el traje geométrico y multicolor de Arlecchino, el personaje de la comedia del arte italiana.
La caja mide 42 mm y está realizada en oro blanco. Hasta 366 zafiros pastel se extienden por el reloj, todos con un engaste invisible, sin garras ni granos de metal a la vista. Cada piedra queda sujeta desde abajo, y se han igualado por tono y luminosidad. La caja suma 194 zafiros baguette y 32 diamantes blancos; la esfera añade 139 zafiros y 23 diamantes; la corona incorpora 12 zafiros y un diamante; y la hebilla de oro blanco lleva otros 21 zafiros baguette.
En cuanto al movimiento, el nuevo calibre automático JCFA02 combina un microrrotor y un tourbillon volante (sin puente superior), y aporta unas 72 horas de reserva de marcha. Pero aún hay más esplendor. Los puentes visibles por el fondo de zafiro están engastados con 234 diamantes de talla brillante. En el volante, como decíamos, 54 diamantes blancos oscilan a 21.600 alternancias por hora mientras el tourbillon completa una vuelta por minuto.
No consta públicamente que el reloj tenga ya dueño. Si lo tiene, habrá adquirido una pequeña provocación técnica y una extravagancia que se paga cara.
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