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La era de la desconexión digital: ¿han muerto las redes sociales?

Cuando las personas se reemplazan por el contenido y prevalece lo superficial.

La era de la desconexión digital: ¿han muerto las redes sociales?
Gregg DeGuire / WireImage

La posmodernidad, el individualismo contemporáneo y los nuevos modelos relacionales en internet han impulsado durante los últimos años un sinfín de teorías acerca del fin de las redes sociales. Sobre si éstas volverán a ser «sociales» en algún momento, lanzando al abismo virtual una duda colectiva que tan sólo podrá resolverse a través de la conexión real.

Si antes plataformas como Instagram, Twitter o Facebook se usaban para generar algún tipo de vínculo social, encontrar ciertos estímulos y ofrecer ligeras dosis de dopamina, ahora todos esos efectos parecen apagarse y quedarse suspendidos debido a la implementación de un diseño estructurado en torno al consumo.

La desconexión social se proyecta en las redes en la era del vacío. Se desvirtúa, perdiendo su significado y desvinculando a las personas en lugar de unirlas en un proyecto común al que ya no pertenecemos, habitado por contenido publicitario, algoritmos e inteligencia artificial en el que la realidad se difumina con la ficción.

Vacío online y «zero posting»

A medida que algunas plataformas sobreviven del contenido instantáneo, otras se vacían para formar parte de ese movimiento silencioso del “zero posting” impulsado por las nuevas generaciones. Una tendencia latente en la que los usuarios se convierten en meros espectadores “pasivos” que tan sólo hacen scroll como una respuesta a la ansiedad social o al cansancio digital generalizado. El sistema colapsa cuando la sociedad piensa que ya no vale la pena compartir su vida, sus gustos o su creatividad.

En la otra cara de la moneda, los creadores de contenido, los influencers y las marcas siguen promocionando sus productos, generando un escaparate infinito y edulcorado de compra-venta alternado con escenas de guerra e injusticias sociales.

El poder algorítmico y politizado está desgastando estos espacios virtuales dedicados a lo social, al contenido humano genuino, siendo dirigidos por magnates o multimillonarios que controlan lo que consumimos. Todo ello está conduciendo a la huida colectiva de las redes por parte de los jóvenes, que, nostálgicamente, vuelven a sentir un deseo ferviente por lo analógico, al ser conscientes -de igual forma- del impacto que las redes sociales tienen en su capacidad de atención y en su salud mental.

Por otro lado están aquellos que en lugar de desconectarse por completo, están abanderando un movimiento de migración hacia otras redes como Pinterest en los que relegarse a la belleza del contenido e inspirarse sin la necesidad de recibir estímulos negativos o llevar a cabo comparaciones con vidas irreales. Y es que, de momento, el hecho de que aparezca una gran alternativa social a las plataformas tradicionales resulta algo poco realista, al no poder ofrecer algo realmente distintivo respecto a las que ya existen. Aunque todo puede ocurrir. Quizás en un tiempo, habiéndose deshechado toda la basura online, encontremos un espacio en el que lo social vuelva a tener sentido.

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