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Si existe algún chándal en el universo que podamos bautizar como el uniforme de las subculturas ese probablemente sea el icónico tracksuit de tres rayas de adidas. Desde su nacimiento en los años 60, el chándal en cuestión ha pasado de vestir las pistas deportivas o los suburbios, a convertirse en un símbolo de la cultura juvenil y de las tribus urbanas. Hablamos de su evolución histórica: desde los orígenes como producto nicho hasta su elevación empírea a la pasarela y la alta moda.

Podríamos recordar infinidad de secuencias vívidas en el mundo del cine o de la moda en las que el chándal de adidas adquiere un gran protagonismo. Desde «La Haine» (1995) o los «Royal Tenenbaums» (2001) a la pasarela Resort de Balenciaga 2023, podríamos evidenciar la evolución de este set coordinado que en primera instancia se asoció únicamente al deporte, y que acabó cristalizándose en la historia general de la moda.

GÉNESIS

La primera creación textil de adidas fue precisamente el chándal, en 1967. El diseño, inspirado en sus sneakers, tomó el nombre de Beckenbauer, la estrella del fútbol alemán Franz Beckenbauer que patrocinaba. Tanto su estética llamativa de las tres rayas como su innovación técnica llamaron la atención de la comunidad deportiva para ese fin atlético que unas décadas más tarde se descontextualizaría para convertirse en fenómeno pop.

AÑOS 70-80: RASTAFARIS, FUTBOLISTAS Y B-BOYS

De la pista pasó a adentrarse en la cultura rastafari. Bob Marley fue uno de los grandes amantes del chándal de adidas, siendo capturado en muchas ocasiones con piezas de la marca. De hecho, tanto a él como a sus sucesores musicales jamaicanos de la escena reggae, dub y dancehall se les atribuye el uso pionero de la ropa deportiva fuera de las pistas y/o de su contexto original. Mucho antes de que llegase el hip-hop a Estados Unidos.

El tracksuit cruzó el océano entre finales de los 70 y principios de los 80, hasta aterrizar en Inglaterra. Los denominados «casuals» del fútbol se caracterizaron por vestir ropa casual de diseño, con outfits como el chándal de adidas combinados con sneakers como las Samba. Más allá de los futbolistas, los jóvenes aficionados o hooligans que viajaban por Europa para ver los partidos, empezaron a expandir su influencia por todo el continente.

Durante esa misma década, se sincronizó el nacimiento de la escena hip-hop en NY, en la que irrumpieron los B-boys con el movimiento break dance. El chándal se estableció entonces como un esencial para las bandas, que experimentaban con sus colores y estilismos, mientras el underground y el rap se elevaban a categoría de culto.

En los 80, el chándal ya era un signo cultural para los MCS o B-boys, divinizado por el icónico grupo de rap Run-DMC, que incluso le dedicó una canción de amor a la marca con “My Adidas”. Una acción que acabaría llevando a adidas a ofrecerles un patrocinio de 1,5 millones de dólares.

DE LA ESCENA GABBER A LA DEL CRIMEN

El universo gabber emergió de la adicción al techno y la adrenalina, generando todo una subcultura y estética suspendida entre la excentricidad y la oscuridad de la noche. En Rotterdam, los ravers remastizaron los códigos del chándal e imprimieron en él otra actitud combinada con sneakers amortiguadas y gafas envolventes. Un escenario ecléctico y/o estimulante de “gabber eleganza” que acabó inspirando la narrativa de diseñadores como Gosha Rubchinsky, Raf Simons o Demna Gvasalia.

Durante los años 90-2000, adidas se convirtió asimismo en un símbolo aspiracional dentro del mundo del crimen. La figura del gánster, que ha sido estetizada a lo largo de los últimos años, anexó mafia y moda en su momento a través del chándal negro del Trefoil. Ese se convirtió en el uniforme oficial de los gopniks: una subcultura rusa criminal con cabezas rapadas y actitud irreverente. También de atletas, boxeadores o asociados de la mafia que lo lucieron en las calles con orgullo.

Aunque si hay alguna cultura en la que el chándal de adidas se evangelizó como algo verdaderamente representativo, esa fue en la cultura chav británica asociada a una estética “decadente” entre la criminalidad, la pobreza y el mal gusto. Una que pasó de ser objeto de odio a erigirse como icono de estilo y fuente de inspiración contemporánea.

De la misma clase obrera británica en sí, floreció asimismo un movimiento asociado al streetwear y al tracksuit de adidas: el GRIME. Una corriente y/o subgénero que se popularizaría bien entrados los 2000 gracias a artistas negros como Skepta o Stormzy, quienes volvieron a alterar los códigos de la ropa de calle en general, y del chándal en particular como un acto de rebelión contra el sistema.

DE LOS MÁRGENES AL MAINSTREAM

A día de hoy, la moda no ha dejado de beber de las subculturas de nicho para desembocarlas en la esfera de lo cool y del mainstream. Una estrategia o movimiento que podría extrapolarse al chándal de adidas, y al poder que le han otorgado diseñadores de culto como Demna o Wales Bonner, haciendo que siga latiendo en la cultura de masas actual.

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