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Hablemos de la evolución del corsé: una pieza que pasó de simbolizar la represión a representar la inclusividad en la moda, y de cómo firmas como KNWLS o Versace están deconstruyendo su significado y narrativa reduccionista.

La pasada Gala del MET, más allá de diluir las barreras entre el arte y la moda, evidenció una cuestión que ya iba circulando en el fashion system: el regreso del corsé. Eso sí, volvía cambiando su percepción asociada a instrumento de opresión hacia la mujer o aparato coercitivo con el que explotar su sexualidad.

Ahora, el acto de vestir esas piezas esculturales inspiradas en el siglo XIX poco o nada tiene que ver con la manera en la que se hacía en la corte francesa. Así lo demostraron iconos contemporáneos como Billie Eilish, con un corsé Gucci de satén reciclado, Paloma Elsesser con un Coach de los años 20 o Maisie Williams con un Thom Browne de corte arquitectónico.

EL REGENCYCORE

Puede que la corriente estética del regencycore, impulsada por series como «Los Bridgerton», haya tenido algo que ver en todo esto. Sus códigos aristocráticos vinculados a la época de la Regencia son los que han encajado el corsé en el deseo colectivo, reconfigurado por el diseño de vanguardia. Ahora, bustiers más ligeros y menos restrictivos de firmas como Dion Lee elevan de manera estratosférica su demanda, según el portal de tendencias Lyst.

El aumento de búsquedas de corsés en internet ha devuelto el protagonismo al hecho de esculpir el cuerpo con siluetas (en su mayoría) ceñidas y sensuales que hasta el momento residían los márgenes del fetichismo. Un giro de guion que marcas como Miaou o KNWLS ya empezaron a interpretar hace unos años, reimaginando los históricos estampados y siluetas antepasadas de firmas de referencia como Jean Paul Gaultier.

El corsé actual se generaliza, difuminando las normas estéticas y restrictivas de su pasado, gracias a marcas como Versace. Para su pasarela AW22, desplegaba así una serie de corsés de alto octanaje en infinidad de colores y estampados, recuperando y versionando los aclamados diseños de Gianni Versace. Fendi, por su parte, presentaba corsés de sastrería asimétricos mucho más escultóricos, mientras Gucci los fusionaba con logotipos y tejidos más fluidos para su colaboración con adidas.

Entre esa amalgama de firmas que están llevando a cabo iteraciones del corset, cabe destacar la labor de MANÉMANÉ, y su creación de icónicas piezas experimentales que trascienden la tradición para conectar con el espíritu de nuestro tiempo a través de versiones sin género con las que exhibe su potencial inclusivo.





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