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El bondage y su núcleo fetichista esclavizan ahora la moda, posicionándose como una de las atracciones más fuertes de esta temporada. Su estética marginal se recupera y filtra así en el sistema a través del fetish-core gracias a actores esenciales que lo orbitan: desde celebrities como Dua Lipa o Kim Kardashian, hasta diseñadores como Richard Quinn.

@lottavolkova

El fetichismo está ahora más de moda que nunca, si tenemos en cuenta que lo exploró hasta Demna Gvasalia para su última propuesta. Una en la que, a través de modelos ocultos bajo máscaras de látex y siluetas exageradas, lanzaba un mensaje trasversal: el dinero es el mayor fetiche de todos.

Referentes estilísticos de la era digital como Dua Lipa se encargaron asimismo de erigir esta tendencia. En los premios Grammy, la cantante pop se enfundó en una recreación de un vestido icónico de Miss S&M de Gianni Versace.

El look consistía en un top corsé de encaje negro sujeto a varios cinturones con cadenas de oro pegadas al cuello, inspirado en un outfit de una pasarela encadenada al bondage de 1992. En aquel momento, la colección a la que perteneció fue tachada por ser «demasiado agresiva sexualmente” para ser vendida.

EL FETICHISMO EN EL CORAZÓN DEL DISEÑO

La búsqueda de lo relativo al “núcleo fetichista” en Lyst está en constante expansión. Desde mediados de marzo, la búsqueda concreta de la palabra “arnés” aumentó un 136%, mientras que las ventas de gargantillas de cuero crecieron un 103% desde inicios de año; triplicándose con respecto a las del año pasado. Esa atracción por el mundo bondage y BDSM por parte de gente externa se está extrapolando asimismo fuera de internet.

Richard Quinn Fall 2022

Ahora, la ropa fetichista, los collares y los arnés se incorporan (sobre todo) en el mundo del club y de la noche, en una era en la que expresar la sexualidad y la identidad está latiendo más que nunca antes. Se traduce asimismo en una respuesta global en tiempos extremistas de crisis en los que las nuevas generaciones están explorando el sado-chic y el poder y la autoestima que proporcionan todos esos looks con los que experimentar el sentimiento de pertenencia a la comunidad BDSM.

La tendencia se sincroniza asimismo con la era del anonimato y del aislamiento, permitiendo jugar al ocultismo, cubriendo cuerpo y rostro con prendas y accesorios totalmente opacos y herméticos. Eso sí, siendo conscientes de una realidad que engloba a trabajadoras sexuales y del BDSM, y de la “apropiación” de su estética y de todos esos códigos visuales que hasta ahora han residido los márgenes sociales.

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